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sábado, 12 de enero de 2013

No digas 'adiós', no es un final.

Aquí estoy, otra vez, con la misma mierda de siempre, sin saber qué hacer, ni qué decir, ni cómo actuar.
Aquí estoy, apagando la luz de mi habitación para acostarme, como cada día, a mirar las pegatinas que hay pegadas en mi techo simulando un Universo, esas pegatinas que por la noche brillan como las estrellas.
Y ahí está Saturno, con su anillo alrededor, que parece de cristal, pero es irrompible, y me pierdo en ese anillo que rodea ese planeta.
¿Sabes? Quizá algún día fuimos como Saturno, inseparables el uno del otro. Pero sé que Saturno jamás dejará a su anillo, como nos pasó a nosotros.

Fue aquel día, de aquel mes de otoño, cuando te fuiste sin despedirte, cuando le pusimos un punto final a nuestra frase y cuando quisimos darnos cuenta de que algo fallaba.

Y aquí me tienes, escribiendo lo que una vez fue la historia más bonita de mi mundo, lo que una vez fue mi todo, y lo que algún día recordaré con menos dolor en el pecho, una historia inolvidable.
Y es que hace unos meses, miraba cómo dormías, me aprendí cada lunar que tienes en la espalda, y el número de besos que me dabas antes de irnos a dormir, aunque a veces, fuera incontable.
Recuerdo cuando en aquel verano, me llevaste a ese lugar que tanto me gustaba y me hiciste sentir la persona más afortunada del mundo, tan sólo por tenerte a mi lado, pensando que eras sólo mío.

Ahora ya nada de esto importa, porque como bien yo te dije: "Es algo nuestro, algo que sólo nosotros sabemos, algo que nadie jamás entenderá, una historia distinta a la de los demás, y es que, nadie pudo amarse como nosotros lo hicimos, nadie antes pudo sentir lo que nosotros sentimos."
Y tú dijiste: "Algún día lo olvidarás, lo sé, ahora tengo que irme, necesito marcharme, alejarme de ti, te amo tanto que hasta me duele, lo siento."
Continué diciendo: "Jamás podré olvidar algo que quedó marcado en la historia, en nuestra historia. Pero si es lo que quieres, adiós."
Y susurraste: "No digas adiós, no es un final." Seguidamente te fuiste.

Yo no entendí nada, no lograba comprenderte, te ibas pero sin decirme 'adiós', sin despedirte, sin explicaciones razonables.

Hoy me he levantado, y estabas ahí parado, frente a la puerta de mi casa, te he vuelto a ver, y otra vez, los mismos sentimientos que hacían que mi corazón se acelerase, los mismos sentimientos, resurgieron de la nada.
No entendía qué hacías ahí parado, no lo sabía, hasta que susurraste: "Te dije que no era un final. He vuelto."
Yo no podía hablar, no me salía una palabra, y tú decidiste envolverme con las tres frases que más me llamaron la atención de mi libro favorito, esperando que yo te contestara, esperando que yo continuara con esa segunda frase, ya que la primera, la dijiste tú:

—No puedo vivir sin ti. — dijiste.
—Sí que puedes. — continué la segunda frase.
—Sí, pero no quiero. — finalmente te atreviste a decir.

Fue entonces cuando decidí seguir esa historia, a la que decidiste darle un tiempo, esa historia que no pudimos olvidar, nuestra historia.

martes, 1 de enero de 2013

¿Los finales existen de verdad?

Porque simplemente, cuando crees que algo nuevo ha empezado, te das cuenta de que nada ha terminado.
De que sigues dejando la luz de tu mesita de noche encendida, por si vuelve. Sigues dejando dos cepillos de dientes en el vaso, y sigues comprando su marca favorita de ketchup.
Escuchas su voz entre tus sábanas susurrándote: "podría estar horas seguidas mirándote cuando duermes y no me cansaría nunca."
Y esas rosas, que aunque muertas, siguen metidas en ese florero que te regaló por tu cumpleaños, hace un par de años.
¿Y qué será de esa mirada que atormentaba todos tus sueños? ¿Seguirá mirando las estrellas como cada noche hacía contigo?
Poco a poco, te planteas si sigue pensando en ti como la primera vez. Si sigue poniendo la alarma a las nueve de la mañana los domingos y si sigue escuchando la canción que os recordaba el uno al otro.
"¿Hace cuánto que no le ves? ¿Hace cuánto que se ha marchado? ¿Volverá? Y sobre todo... ¿Podréis perdonaros alguna vez?" Ese tipo de preguntas, aparecen cada día en tu mente. Y tratas de no responderlas, aunque sepas todas las respuestas.
Exactamente hace 138 días que se marchó. 111 días que no le ves, ya que la última vez, fue en aquella estación de trenes, por la cual jamás he vuelto a pasar, por no querer recordarle. ¿Volverá? Quién sabe. ¿Os perdonaréis? Si nuestro orgullo le planta cara a eso que alguna vez llamamos amor, por supuesto que podemos perdonarnos.
¿Quién sabe? Quizá todo lo que tengamos en común, no sea suficiente. Con una mirada supimos que teníamos que darle al 'pause' en nuestras vidas, que tal vez con el tiempo, volvamos a tener algo... Jamás será tan bonito como lo que tuvimos, pero, no sé, nunca se sabe, esta historia aún no ha terminado.