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martes, 24 de junio de 2014

41

Me había perdido por completo aquel día a principios de Junio, no me encontraba yo, y no me encontraba nadie. Apenas me sentía completa, y tampoco nadie me completaba. Me sentía vacía en un mundo repleto de personas con ganas de sentirse llenas, como yo.

Pasaban los días y sin darme cuenta, a mediados de Junio sonreía como una niña pequeña cuando acaba de estrenar un juguete precioso.
Alguien estaba removiendo mis sentimientos, y yo necesitaba sentirme así como agua en Mayo... ¡vaya que si lo necesitaba!

Ahora que estoy en medio de una canción desesperada diré que de no haber sido por aquellas sonrisas que me sacaron a flote, me hubiese hundido hace mucho.
Me sentía a salvo entre carcajada y carcajada, pero no me daba cuenta del sentimiento que estaba ocurriendo aquí adentro, del sentimiento de rareza que me envolvía.
Los "buenos días" me daban la vida, y las "buenas noches" a veces sentía que me la quitaban porque no sabía si al día siguiente íbamos a volver a hablar o simplemente lo dejaríamos pasar, y la verdad es que no me apetecía dejar de hablar contigo.

Los abrazos imaginarios se apoderaron de mi mente, y en un intento de dejar de pensar en eso, el corazón me arrebató esa idea de la cabeza, y no hizo otra cosa sino que hacerte aparecer cada noche en mi mente.
Maldito corazón impredecible.
Por las noches dormía abrazada a la almohada para aparentar que te tenía aquí cerca, pero al segundo día ya no me servía esa manera de sentirme como si estuviera a tu lado. Y tenía ganas de estarlo de verdad.

Cuando por fin escuché tu voz, sentí cómo las hormigas invisibles subían con delicadeza recorriendo toda mi piel: desde los pies hasta los hombros. El cosquilleo producido era similar al de las caricias y entonces pensé: ojalá estuvieras aquí.
Pero no estabas.

Los días pasaban y yo pasaba de imaginarme sin ti a imaginarme contigo, y mentiría si dijera que no me gustaba imaginarme contigo, porque el poder que tiene la mente para imaginar me daba la vida, ya que no podía tenerte aquí a mi lado.
Así que un día te besé mentalmente y creo que me gustó más que cualquier beso que me hayan dado. Me hubiera escapado de casa de no ser porque las consecuencias de hacer eso serían no volverte a ver, y casi que prefiero hacer las cosas bien a perder cualquier minuto sin ti.

Y, ¿sabes una cosa? En mis pensamientos hasta la torre Eiffel nos tiene envidia por tener más luz propia que ella, incluso Roma parece poco romántica cuando pienso en ti y en tus vértices, y Venecia me ha dicho que nos regala un paseo por sus aguas si le prometemos que no seremos tan bonitos como ella, pero me da que es imposible, porque tú eres precioso.



viernes, 13 de junio de 2014

8.

A veces os juro que su nombre me suena a poesía con ganas de ser recitada todo el tiempo.
A veces "todo el tiempo" tan sólo son treinta segundos de caricias, pero para mí sigue siéndolo todo.
A veces 'todo' es algo inagotable que envuelve hasta el último detalle.

No sé.
Supongo que la cordura no es lo mío.
Supongo que la paciencia tampoco, y por eso permanezco aquí con un reloj atado como una soga al cuello.

Me dijo mil veces que fuera paciente, que estuviera bien, que fuese correcta, pero, por el amor de Dios, no me pidas eso cuando sabes que mataría por verte andar por el pasillo de mi casa con toda tu geografía al descubierto.
Por el amor de Dios.

Cuando todo estaba calmado llegas tú con tu indiferencia y apareces cuando no te he llamado. En realidad, me hubiese parecido una invocación de no ser porque soy un poco escéptica en estos casos, pero es que justo en ese instante estaba pensando en ti, y tu nombre resaltó de repente.
El mundo está lleno de casualidades, y tú fuiste la más bonita, de hecho.

En realidad, ¿sabes qué? 
Vuelve a aparecer las veces que quieras, ya no sé cómo controlarlo. Ya no sé cómo salir de ésta. No sé cómo salir de ninguna de las tuyas.

Además, cada vez que apareces perviertes todos mis sentidos. No sé cómo lo haces. No sé cómo lo consigues. Pero no me ayuda nada saber que puedo estar enredada en tus vértices y verme aquí en esta noche fría de verano, irónico, ¿verdad?

Realmente no recuerdo tu nombre, por eso creo que "Ocho", es la palabra perfecta para describirte.
No me preguntes por qué. Ni yo lo sé. Y si lo supiera no te lo diría. Sería incapaz de mostrar todos mis sentimientos a flor de piel porque soy incapaz de decirte que me gustas. Sería incapaz de darle al 'enter' a esta chorrada si no supiera que no ibas a leerlo, aunque seguramente lo hagas, nunca sabrías que pierdo el Norte por dedicarte el Sur de mis caderas.


Hasta pronto, Ocho.


lunes, 9 de junio de 2014

Precioso.

Cuando me preguntaron qué fue lo que vi de bonito en él... respondí que todo él entero era bonito.
Desde su manía por meterse las manos en los bolsillos cada vez que andaba a mi lado, hasta su forma tan incompetente de discutir qué película queríamos ver aquella noche.
Desde sus pupilas hasta el centro de su espalda.
Desde su cuello hasta sus labios ásperos y finos. 
Todo él era belleza.


Si me hubiesen preguntado qué era lo que veía en él hubiese respondido que para mí su cuerpo era el mejor arte que podía existir jamás, y que su voz era la banda sonora de mi vida... si no fuese porque ya lo era.

En realidad... para qué creer en una religión cuando creía en sus perfecciones y en sus defectos. Cuando creía que un defecto suyo era una virtud más a poner en contracorriente de mis defectos. Joder, qué maravilla de chico tenía delante ese día.

Tantas veces soñé con sus besos que cuando la primera vez que nos besamos de verdad creía haberlo hecho ya de no ser porque me envolvió en una nube de deseos.
Y...
Ay, Dios Santo.
Cuando le besé mi instinto animal se despertó.
Y sólo quería pasar las noches con él para que me enseñase a pelear en la guerra entre nuestras sábanas.
Y sólo quería despertarme todas las mañanas con un cosquilleo en la barriga provocado por sus besos en la madrugada.

Y bueno, nos quedaban tantas cosas por hacer...
Creo que necesito siete vidas para vivir con él para que nos de tiempo realmente a terminar todo lo que quiero empezar a vivir con él. Creo que necesito todos los segundos del mundo para disfrutar de sus caricias en mi espalda. Creo que no quiero perder el tiempo si no es con él. 
Y quiero que me cante todos los días "Wonderwall", y quiero poder cantarle yo el estribillo porque para mí él es mi maravilla. 


Sinceramente ni todos los versos del mundo son suficientes para hablaros de su belleza. 
Sinceramente no quiero que le conozcáis porque quien le descubra seguro que querrá arrebatármelo. Y le necesito.
Le necesito más que a nada.
Más que a nadie.
Más que a todo.


Así que, por favor, no me habléis de belleza si no le habéis visto andar. No me habléis de belleza si no le habéis oído cantar o respirar, si no habéis escuchado su nombre entre los susurros del viento.

No me habléis de belleza si no le conocéis.



jueves, 5 de junio de 2014

Di que te quedarás.

Mira qué bonito queda todo esta noche.
Oasis y él.
Él y Oasis.
Dos de mis vicios inconfesables se han sometido a un desnudo en toda regla.

Comencé con "Stop crying your heart out" y acabé por tus pupilas negras.
Esta noche sabía que los suicidas elegirían a Oasis para su trágico final. Quedaba incluso bonito. Morir por amor (a la música, al arte, a él). El caso es morir.
Yo intenté morir mentalmente cuando comenzó la noche.
Me asustó leer tu nombre en las notificaciones de mis mensajes, pero a la vez me alegró, creo que en el momento supe que comenzabas a descolocarme.
Qué dolor sentí en el pecho. Qué incomodidad. Qué nudo en la garganta. Qué ganas de abrazarte, besarte y sentirte.

Cuando me preguntaron por tu voz respondí que era algo que sólo yo entendería. Igual que cuando me preguntaron por mi canción preferida de Oasis. "Don't go away" sonaba de una forma tan sensual aquella noche (hace tantos años).
Me hacía pensar en tu silueta. En tu torso desnudo. En aquel monumento llamado cuerpo...
Joder, me hubiese recorrido tu geografía sin tan siquiera tener la necesidad de mirar el mapa. Pero siempre terminas yéndote, o dejándole a otra que lo haga. Otra que no tiene ni idea. Otra que no se aprendió tus lunares de memoria, que no se aprendió los puntos de trayectoria. Simplemente a otra.
Eres tan ignorante que no te fijaste en que a mí no me hacía falta aprenderme cada rincón de tu cuerpo porque nos atraíamos cual polos opuestos.

Nuestro magnetismo se sometió a un fuerte vendaval de preguntas que acechaban tu huida. Y en efecto lo hiciste. Te fuiste.
Y ahora has vuelto.
Has vuelto como cuando quise deshacerme de la letra de mi canción favorita y olvidarla. Has vuelto como vuelven los imposibles.


martes, 3 de junio de 2014

¿Qué me dices?

Mi mente ya estaba tardando en desear lo que no debía. 


Un cúmulo de cosas se me amontonaron entre tanto papeleo en la mesa. Lo quemé todo. Quemé todo mi pasado y sólo quería una única cosa hoy: a ti.
Fue la indiferencia la que al principio de nuestra historia invadió a mis pensamientos.
No me interesaba nada de ti. Es más, recuerdo haberme cansado de hablar contigo la primera vez que me saludaste, sólo porque habías decidido hablarme.
No me gustabas. Tampoco me disgustabas. Pero no te necesitaba.

Por el contrario, llevo unas semanas en las que creo que no puedo perder la oportunidad de conocerte, creo que me atraes, que me gustas, creo que así sin más, no he podido decidir, me has llamado la atención.
Y me molesta no ser yo a la que abres conversación todos los días, sí, me molesta mucho, pero aquí me tienes.
No sé si este sentimiento va a durarme toda la vida, o simplemente un único momento inagotable, pero quiero que dure, y no lo había querido antes tanto como ahora.

Todo en mi vida ha ido ocurriendo demasiado rápido, y para una vez que las cosas van con calma, tengo muchísimas ganas de morderte la boca y hacértelo muy rápido, a la vez que una canción de rock, qué ironía.

Supongo que todo esto que te cuento, si es que alguna vez lo lees, te importe poco o nada. Creo que tienes todo el derecho del mundo a rechazarme, a pasar de mí como lo hice yo al principio, a ignorarme toda la vida o gran parte de ella, pero sé que sabes lo que pienso sobre vivir. 

La vida está hecha para cometer errores, para querer indebidamente y para luchar por lo que quieres.


Y yo quiero quererte indebidamente y ser tu mayor error.