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viernes, 10 de enero de 2014

Las manos frías y el corazón ardiendo.

Noche de insomnio seguida número seis. 
Hace frío, estamos en invierno, pero yo sin embargo llevo puesta una camiseta de tirantes y una chaqueta mientras tomo café mirando por la ventana, apenas corre el aire, los gatos maúllan por última vez antes de buscar un sitio donde acurrucarse para comenzar a dormir, aunque los más ágiles siguen aún caminando por los tejados de este barrio tan alejado de la ciudad. Las luces de las demás casas se van apagando poco a poco al mismo ritmo que las estrellas se cubren de una niebla nocturna muy espesa. 


Como de costumbre, en mis sucesivas noches en vela, mi subconsciente divaga buscando entre la gente unos ojos marrones como los tuyos, pero entre tantos no encuentro ningunos igual de brillantes y tan bien estructurados. De repente, mi mirada encuentra la tuya en mi mente, me da vuelcos el corazón, la piel se me eriza y siento cómo un nudo en el estómago se forma y el pecho me aprieta muy fuerte. Me tiemblan las piernas, te acercas y el corazón me late muy rápido, susurras mi nombre y me deshago, me derrito, inhalo aire con una soga atada al cuello, intento controlar la respiración pero un grito ahogado sale de mi boca. 
Te encanta. Sonríes. Y es ahí cuando entiendo que no quiero otro chico para bailar esta noche, que estaría encantada de estar acompañada hoy por tu gesto curvado en la boca, por tus dientes finos y pequeños, sí... creo firmemente en que estaría dispuesta a pasar un crepúsculo (o todos de ahora en adelante) junto a tu boca.
Yo, lentamente te devuelvo la sonrisa, bromeo un rato sobre el peinado tan tópico que llevas hoy y te ruborizas, y en aquel momento descubro las ganas que tienes de que nos quedemos en silencio, pero yo, estúpida, imbécil e idiota como yo misma, no paro de hablar, y mientras tanto, veo tus ojos pegados a mis labios, y repasas tu comisura con la lengua... yo me fijo en eso y te das cuenta, sabes que me encanta así que vuelves a deleitarme repitiéndolo. Me encantas.
Una hilaridad se desata de mi garganta y también te produce risa a ti. Suena tan bonito... Noto que estamos totalmente conectados, que nuestras risas se complementan y suenan al unísono, somos uno mismo.
Tu mano roza la mía en un intento de cogerla, pero yo juego con ella sin dejar que me la cojas del todo. Mi cintura se ve de pronto abrazada por tus brazos y pegados estamos incluso más conectados. No sé cómo lo haces, no tengo ni la remota idea, pero produces en mí algo que no ha conseguido nadie en mucho tiempo.
Sé que me miras con deseo, con ganas de tocarme y de que te toque, con ganas de sentir mi cuerpo contra el tuyo, los dos estamos deseando sentirnos, con ansias de que nuestros labios se peguen y no se separen en años. Hasta ahora todo han sido miradas, sonrisas, pilladas, toquecitos en el culo, darnos de la mano, abrazarnos, escuchar saliendo de tu boca los "cielo", "cariño", "amor", "guapa", "preciosa"... y tus preguntas incoherentes en momentos inoportunos. 
Pero esta noche sé que vamos a comernos a besos, sé que no nos hartaremos el uno del otro, sé que tanta espera dará sus frutos. 
Por fin nos besamos.
Fue como si hubiésemos estado deseando esto todo el tiempo del mundo, como si llevásemos conectados toda una vida y en cuanto nos hemos conocido nos hubiésemos dado cuenta de que estábamos hechos el uno para el otro. Nuestras almas habían coincidido por fin y tú... tú cada vez más bonito. Anhelaba tus labios cada vez más y, caray, cómo besas... 


No me cansaba, no quería irme, quería parar el tiempo, parar el reloj, que el Sol no saliera en unas horas, quería seguir indagando en mi mente, quería saber el capítulo dos de esta historia, quería saber si íbamos a casarnos, a tener hijos o un perro, quería saber si tu nombre sonaba igual de bonito en la realidad que en mis entrañas, quería saber si podría pasarme cada día escribiéndote poemas intentando definir lo perfecto que me pareces, quería explicarte que lo que siento no es normal: que quererte se me queda corto y me da miedo empezar a amar. 
Quiero vivirte, quiero que este amanecer no signifique tener que olvidarte, porque, cariño, en un día no puedo olvidarte, no puedo olvidar tus besos, aprendí a tocar el cielo contigo y mírame ahora, intentando salir del infierno. ¿No ves que sin ti yo no puedo? 
Por desgracia el alba llega, el día se despunta y mi cerebro se apaga, esto se ha terminado. La noche en vela ha tenido fin. 
Mañana quiero volver a saber de ti, porque ya no sé hablar de amor sin mencionarte.