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lunes, 9 de junio de 2014

Precioso.

Cuando me preguntaron qué fue lo que vi de bonito en él... respondí que todo él entero era bonito.
Desde su manía por meterse las manos en los bolsillos cada vez que andaba a mi lado, hasta su forma tan incompetente de discutir qué película queríamos ver aquella noche.
Desde sus pupilas hasta el centro de su espalda.
Desde su cuello hasta sus labios ásperos y finos. 
Todo él era belleza.


Si me hubiesen preguntado qué era lo que veía en él hubiese respondido que para mí su cuerpo era el mejor arte que podía existir jamás, y que su voz era la banda sonora de mi vida... si no fuese porque ya lo era.

En realidad... para qué creer en una religión cuando creía en sus perfecciones y en sus defectos. Cuando creía que un defecto suyo era una virtud más a poner en contracorriente de mis defectos. Joder, qué maravilla de chico tenía delante ese día.

Tantas veces soñé con sus besos que cuando la primera vez que nos besamos de verdad creía haberlo hecho ya de no ser porque me envolvió en una nube de deseos.
Y...
Ay, Dios Santo.
Cuando le besé mi instinto animal se despertó.
Y sólo quería pasar las noches con él para que me enseñase a pelear en la guerra entre nuestras sábanas.
Y sólo quería despertarme todas las mañanas con un cosquilleo en la barriga provocado por sus besos en la madrugada.

Y bueno, nos quedaban tantas cosas por hacer...
Creo que necesito siete vidas para vivir con él para que nos de tiempo realmente a terminar todo lo que quiero empezar a vivir con él. Creo que necesito todos los segundos del mundo para disfrutar de sus caricias en mi espalda. Creo que no quiero perder el tiempo si no es con él. 
Y quiero que me cante todos los días "Wonderwall", y quiero poder cantarle yo el estribillo porque para mí él es mi maravilla. 


Sinceramente ni todos los versos del mundo son suficientes para hablaros de su belleza. 
Sinceramente no quiero que le conozcáis porque quien le descubra seguro que querrá arrebatármelo. Y le necesito.
Le necesito más que a nada.
Más que a nadie.
Más que a todo.


Así que, por favor, no me habléis de belleza si no le habéis visto andar. No me habléis de belleza si no le habéis oído cantar o respirar, si no habéis escuchado su nombre entre los susurros del viento.

No me habléis de belleza si no le conocéis.



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