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jueves, 5 de junio de 2014

Di que te quedarás.

Mira qué bonito queda todo esta noche.
Oasis y él.
Él y Oasis.
Dos de mis vicios inconfesables se han sometido a un desnudo en toda regla.

Comencé con "Stop crying your heart out" y acabé por tus pupilas negras.
Esta noche sabía que los suicidas elegirían a Oasis para su trágico final. Quedaba incluso bonito. Morir por amor (a la música, al arte, a él). El caso es morir.
Yo intenté morir mentalmente cuando comenzó la noche.
Me asustó leer tu nombre en las notificaciones de mis mensajes, pero a la vez me alegró, creo que en el momento supe que comenzabas a descolocarme.
Qué dolor sentí en el pecho. Qué incomodidad. Qué nudo en la garganta. Qué ganas de abrazarte, besarte y sentirte.

Cuando me preguntaron por tu voz respondí que era algo que sólo yo entendería. Igual que cuando me preguntaron por mi canción preferida de Oasis. "Don't go away" sonaba de una forma tan sensual aquella noche (hace tantos años).
Me hacía pensar en tu silueta. En tu torso desnudo. En aquel monumento llamado cuerpo...
Joder, me hubiese recorrido tu geografía sin tan siquiera tener la necesidad de mirar el mapa. Pero siempre terminas yéndote, o dejándole a otra que lo haga. Otra que no tiene ni idea. Otra que no se aprendió tus lunares de memoria, que no se aprendió los puntos de trayectoria. Simplemente a otra.
Eres tan ignorante que no te fijaste en que a mí no me hacía falta aprenderme cada rincón de tu cuerpo porque nos atraíamos cual polos opuestos.

Nuestro magnetismo se sometió a un fuerte vendaval de preguntas que acechaban tu huida. Y en efecto lo hiciste. Te fuiste.
Y ahora has vuelto.
Has vuelto como cuando quise deshacerme de la letra de mi canción favorita y olvidarla. Has vuelto como vuelven los imposibles.


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