domingo, 11 de agosto de 2013

¿Princesa? Ni en sueños...

Nada. No queda nada. Un hueco vacío en la mente de una absurda cría que sueña con ser princesa del reino de algún príncipe con ganas de volver a enamorarse. Con ganas de llenar mis ganas por probar unos nuevos labios con sabor a: 'no te vayas'. Con ganas de entender mis días oscuros y apagar las luces cuando nuestras sonrisas se enciendan debajo de las sábanas.
Tan sólo soy una cría más, una de esas que sueñan con ver tus defectos como virtudes en mi vida, que sueña con unos ojos mirando en la misma dirección, con un único camino.

Pobre de mí.
Todas las princesas perfectas y yo he salido rana. He salido del revés, con la sonrisa agachada, los ojos cerrados con fuerza, la altura por los suelos, el pelo despeinado, los tacones de plástico y no de cristal, los vestidos rotos de tantas caídas y las manos ásperas de rozarme con las promesas que un día me hicieron, y que tanto me hirieron.



Es una lucha continua entre mi mente y el corazón, entre la realidad y la fantasía, entre el recuerdo y el olvido, entre un vaso y una botella de ron, entre las ganas de dormir y mi adicción por la cafeína, los paisajes asombrosos y mi afición por la fotografía, entre un folio en blanco y un bolígrafo con ganas de ser usado...

Tanto es el silencio que vaga por mis entrañas que ni tan siquiera soy capaz de escuchar los gritos de mi cabeza, esos que pretenden llamarme la atención de alguna forma en la que el vacío de mi alma se llene con la abundante luz que reside en tus ojos color miel.

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