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martes, 7 de octubre de 2014

Pensándote.

A mí decidme que no entiendo de amores. 
Decidme que no sé lo que es mirarle a los ojos y esbozar una sonrisa con cada gesticulación de mi cara.
Decidme que no le he tenido entre mis brazos y he apretado tan fuerte que desearía no haberme separado nunca de él.
Atreveos a negarme que no rocé sus labios, su cuello, su piel... y entonces, solo entonces, podréis afirmar que no le quería.

Pero eso no ha pasado (ni pasará).

He visto su iris apareciendo como la luz más bonita en el Universo.
He visto su pelo despeinado por mis manos guerrilleras.
He visto su sonrisa. (Y que nadie trate de separarme nunca de ella.)
He visto su imagen en mil sueños, y le he visto dedicándome la mirada que esperaba en los límites de la ciudad más hermosa del mundo.

Traté de contener a mi corazón, pero cada día latía en sintonía con el de otra persona...
Cada día iba creciendo...

Que no desearía verle todos los días (oh, por supuesto que lo haría).
Que no desearía discutir entre risas con él cada día mientras hablamos por teléfono.
Que no desearía que él me quisiera con la misma intensidad que yo le quiero.
Con la misma fuerza.
Con la misma confianza.
Con el mismo empeño...
Vaya si lo haría...

Ojalá no tuviera que echarle de menos cada minuto del día...

Ojalá estuviera aquí...
Ojalá tuviera razones para dejarle ir... pero sabe perfectamente que no las tengo.


Y la única razón de escribir este texto era no pensarte, pero no me sirve de nada si cuando escribo lo hago para ti.

(Lo siento, pero te siento.)



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