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lunes, 21 de marzo de 2016

Atlantis.

"Está bien, no pasa nada".
¿Cuántas veces habrá salido esa frase de mi boca, cuántas habrá sido verdad, y cuánto de indirectamente proporcional habrá sido eso?
Tres interrogativas retóricas que se dan por supuestas con cifras altamente inimaginables.
Supongo que a todos nos ha pasado.
La incertidumbre de saber cuándo se acabarán las rachas de mierda y volverán los días buenos, teñidos de blanco, como un folio vacío, el cual mancharemos de nuevo de millones de cosas hasta que finalmente, el ciclo se repita y ese folio esté tan manchado que queramos deshacernos de él.
Pues así me pasa a mí.
Creo que, no simplemente he llenado el folio de palabras y frases que no deberían estar ahí, sino que me he dedicado a llenarlo de borratajos, y a escribir encima de ellos. Siempre he sido algo desorganizada.
Y claro, a ver cómo recupero ahora yo ese folio liso y blanco como la nieve. Si está arrugado.
Además de eso, ayer lo rompí en un ataque de nerviosismo que no pude controlar.
Y dudo que alguien pueda darme otro folio así de gratis.
Ya hubo un tiempo pasado en el que luché por otro y me lo dieron con la advertencia de que no lo rompiera. Y aún así lo hice. Lo he roto. ¿Pero qué vais a esperar del desastre convertido en persona?
Así que mis esperanzas por luchar otra vez por otro folio en blanco en el que pueda reescribir mi historia, y esta vez hacerlo bien, han desaparecido por completo. Ya no hay fe. Ya no creo en que las cosas buenas puedan pasarme.
Y es triste afirmar esto, porque yo siempre he creído en algo. En alguien.

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