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sábado, 17 de marzo de 2012

Tú.

Es solamente oír tu voz y se me produce un escalofrío que me pone la piel de gallina. Un intenso placer que me dice al oído: "¡háblale!"
Y mientras tanto tú sigues ahí, me saludas y mi corazón comienza a latir intensamente, y nuestra conversación es tan extremadamente larga, que no termina, pero tú tienes que irte, nos despedimos lentamente y con dos besos, y a mi, me encantaría susurrarte al oído: "te quiero".
Pero no soy capaz, no soy capaz de decirte que el que me gustas eres tú, que no hay otro, que hablar contigo todos los días es lo que me mantiene de pie.
Y que cada vez que nos enfadamos, estoy mal, quiero morirme, y dejo de comer, de prestarle atención a mis amigos, mi familia... Los que de verdad me quieren. Y esto solo lo hago por ti, por que en tan solo unos meses, me has demostrado que puedo confiar en ti, que puedo contarte mis cosas sin que te rías o sin que te importen, que guardo la fecha en la que te conocí en mi diario, guardo cada palabra que me dijiste el primer día...
Pero todo esto es tan difícil para mi, como para ti.
Decirte que te quiero podría ser el gran error de mi vida, o quizá el mayor milagro de todos, pero no puedo, mi orgullo me lo impide, mi timided me lo prohíbe.

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