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miércoles, 20 de junio de 2012

Siempre hay un momento en el que los caminos se separan, tomamos otras direcciones, y listo. Nuevo camino, nuevas personas por conocer y nuevas experiencias por vivir.
El fuego se convierte en agua, y el agua en fuego.
Comenzamos a llorar, y no sabemos por qué, simplemente sentimos que hemos sido demasiado fuertes en la vida, hemos soportado mil cosas, y ahora explotamos.
No nos damos cuenta, pero nos estamos destrozando la vida, un cigarro para tranquilizarte, y alcohol para olvidar. Pero, ¿olvidar qué? Las ganas de querernos, la adrenalina producida por el primer beso, y el amor que sentimos por esa persona que nos ha olvidado por completo.
El billete para coger ese tren juntos se me escapa de las manos, y vuela lento, como un huracán. Desaparece, como aquel pañuelo que perdí cierto día. Y la seda se convierte en un papel de fumar.
¿Y qué? ¿Acaso al que tengo al lado le importa? Pues no, la verdad es que seguramente no sepa nada de mi, ni siquiera sabe cómo me llamo.
Somos títeres, y representamos nuestras vidas en una obra continua que no tiene fin. Y como títeres que somos, muchos guardan un corazón debajo de esa madera, un corazón que duele.

He decidido que voy a coger unas piezas, construiré una casa de lego, y si las cosas salen mal, siempre podemos destruirla.

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