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viernes, 12 de abril de 2013

En el vacío de mis pensamientos.

Aún con los oídos tapados reconocería tu voz, porque la tengo grabada en el alma.
¿Y sabes? Quizá lo único que tenga que hacer sea dejar pasar las cosas, aunque sepa perfectamente que todo lo que necesito eres tú.
Que puede que pasen mil chicos delante de mí, pero ninguno hará que me gire, porque ninguno de ellos llevará tu perfume.
Cualquier cosa ya me recuerda a ti, cualquier forma de hablar, la manera de expresarme...
¿Sabes? Tú no estás ahí para escucharlo, pero a veces, mi voz se rompe. Mi voz se vuelve ronca y se junta con el lamento y la sinceridad de mis lágrimas. Y entonces ya no vuelvo a ser la misma.
Me he roto. He partido en mil pedazos lo que antes estaba recompuesto y lo que decía quién era yo, y ahora... Ahora, ¿quién soy? ¿Qué ha cambiado? O mejor dicho, ¿qué has cambiado en mí? ¿Por qué no puedo recomponerme? ¿Por qué no puedo volver a ser la misma chica de antes que no sonreía, que era borde y que nunca decía cosas bonitas?
A veces echo de menos algunas cosas, ¿la soledad puede echarse de menos? Bueno, no creo que se trate de la soledad, sino de tiempo para mí. Porque no tengo tiempo de pararme a pensar y decir: 'eh, mira, la razón del por qué estás así está ahí, delante de ti, sonriéndote en este mismo momento.'
Y no sé qué hago ahora mismo escribiendo si nadie va a leerme, nadie me entenderá y nadie hará que esto cambie. Supongo que es una forma de escaparme de mis pensamientos, aunque los retrate aquí mismo, en forma de palabras, o en el folio, en forma de tachones, nombres propios y promesas que jamás saldrán a la luz.
Alguna vez he logrado imaginar cómo sería si todo lo que escribiese en papel se hiciera real. Pero digamos que mi imaginación da para mucho, demasiado, y aunque estos relatos puedan ser leídos por vosotros, mis pensamientos jamás nadie podrá entenderlos y es entonces cuando me quedo igual que cuando empecé a escribir esto: vacía.





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