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sábado, 15 de junio de 2013

Lunes cuesta, martes imposible sin tu voz.

Lunes sin tu voz.
Me cuesta no escuchar tu voz angelical tanto, que ya deseo volver a dormirme sólo para oírte diciéndome al oído lo que tanto añoro a la vez que recorro tu espalda dibujando con besos el mapa que te haga volver directo a mi cama.
No sabes lo que añoro subirme a tu espalda y jugar con tu nuca mientras te beso lentamente...
O hacerte rabiar, y luego acabar la jugada con un beso largo... Qué recuerdos.
¿Te acuerdas de cuando conquistamos el mundo? O al menos de cuando conquistamos nuestro mundo...
¿Sabes? La gente no hacía más que preguntarme que por qué estaba tan feliz, que por qué sonreía en clase, por qué estaba en las nubes... Y yo pensaba: ¿acaso no saben que soy dueña de los mejores lunares que existen en el mundo? Y cuando tenía que contestar, solamente susurraba tu nombre y esa era la única respuesta que daba.
Y me gustaba que fueras la respuesta a todas las preguntas que me hacían, o que yo misma me hacía. Me gustaba que estuviéramos en boca de todos como 'la pareja más bonita'.
Recuerdo cómo me temblaban las piernas cada vez que quedábamos, y mira que hemos quedado veces, ¿eh? Pues yo estaba tan nerviosa y torpe como la primera vez que te vi.
Sé que suena raro, pero palpitabas tan fuerte en mi corazón que hasta había veces que dolías. Sigues palpitando, aunque ahora más en silencio que otras veces. Sigo soñando contigo. Sigo sonriendo cada vez que pienso en ti.
Ahora lo único que tiemblan son mis huesos del frío que hace si no estás a mi lado. Trato de acostumbrarme a no tener unos ojos que me miren de esa forma en la que tú solías hacerlo, pero no puedo. Soñar contigo ya es costumbre, y si tengo que quedarme dormida solamente para verte, entonces dormiré lo máximo posible.
Aunque, ¿sabes? A veces hago de tripas corazón y me quedo despierta hasta la madrugada mirando fotos, o simplemente entrando en tu perfil cada cinco minutos...
A veces tengo que abrazarme a lo más próximo que tenga para no caerme. A veces los cafés me saben a poco si sé que no voy a compartir ninguno contigo. A veces estar despierta hasta las tres de la mañana no tiene sentido si no es para hablar contigo... Sin ti estoy incompleta.
Y en mi imaginación sigues estando tú. Y sigo estando yo. Y veo tus tobillos sobresaliendo por las sábanas de mi cama y, bueno, ya sabes que tus tobillos me pierden.
Pero la jugada termina cuando suena el despertador, y... Vuelta a empezar. (Martes sin tu voz.)

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