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miércoles, 4 de marzo de 2015

Punto y raya.

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Ni siquiera puedo concentrarme,
ni siquiera puedo no mirarte y
pensar en todo aquello que nos unió
y en todo lo que está provocando que nos separemos.

Te prometo que estoy tratando de intentarlo,
estoy tratando de respirar sin que cada intento 
acabe en otro de esos suspiros imprevisibles
que solo me recuerdan a nosotros.

Y todos los días son un suplicio,
un mero capricho del Universo,
un simple abrir y cerrar de ojos rutinario, que es,
casi tan agotador como llevar sin dormir una semana.

Y tú me pides tregua,
me pides que simplemente "seamos",
y yo no quiero ser, no entiendes que no quiero
si no es contigo, si no es estando juntos.

Odio tantísimo el hecho de que,
aunque intente alejarme o esconderme,
no voy a salir nunca de esta locura.

Porque yo soy así,
yo soy un intenso romance empedernido,
soy un maldito melodrama filofóbico. 

Y no hay nada que puedas hacer conmigo,
nada que puedas arreglar o solucionar,
porque conmigo es siempre así,
soy un sube-y-baja de emociones internas.

Lo peor de todo es que no hay nada
que yo pueda hacer para estar contigo.
Y eso duele
(mucho).


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