lunes, 19 de mayo de 2014

Sin título.

Mira que nunca he pensado que un miércoles pudiera ser bonito, pero aquellas cuerdas vocales sonaban como lluvia en el tejado, como un sinfín de hojas moviéndose con el aire y a la vez siendo escritas con la sangre de un poeta suicida con ganas de seguir viviendo.Inusuales.

Mis manos sostenían un libro que iba sobre cómo enamorarse (yo ilusa por poder encontrar el amor en unas páginas de autoayuda, porque nunca antes lo había encontrado), y entonces, lo escuché.

Mis piernas se movían en su dirección, y ahí estaba aquella voz de la que no tenía constancia hasta hacía un par de minutos. El dueño de aquella voz, estaba en la calle, y la hacía sonar con ritmo y concordancia de sonidos, estaba cantando junto con su guitarra acústica. Cantaba el estribillo de una canción que me sonaba, y yo estaba ahí, quieta, indecisa, y sin poder moverme.

Él me miraba de vez en cuando y sonreía, pero yo no me inmutaba, estaba loca y perdidamente enamorada de aquel sonido tan bello. 
Los árboles soltaban pelusas con el viento porque era época de que la naturaleza se alterara, junto con mi sangre, que en esos momentos estaba hirviendo. 
Era una escena tan maravillosa... (como sacada de un libro)
Tenía unos dedos que hacían absoluta poesía encima de las cuerdas de su guitarra, y la vibración de sus cuerdas vocales acompañaba tan sumamente bien a aquella instrumentación que... estaba atontada.

Únicamente pasaron dos cosas antes de que su mirada volviera a traspasarme.
Una, que volvió a sonreír. Y la segunda, que le salieron dos hoyuelos preciosos al sonreír en cada uno de sus mofletes.

Definitivamente no me hacía falta un libro de autoayuda para saber que estaba completa y absolutamente enamorada de aquel chico y de las dos únicas cualidades que había conocido esa tarde sobre él, así que procedí a tirarlo a la basura en cuanto una retahíla de canciones habían captado la atención de esas famosas "mariposas" en el estómago. 
Ahora cada miércoles es especial.



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