sábado, 15 de marzo de 2014

Elígeme.

Hoy la noche está manchada de tus suspiros, que a la vez son míos y humedecen el cristal en el que formamos las letras de nuestro adjetivo favorito: "transparente".
Transparente como la nieve que se quema entre nuestras manos.
Transparente como nuestras miradas cuando se entrelazan.
Transparente, como aquella vez en que miré a través de tu sonrisa.

Y mientras morimos de miedo en la inmensidad del Universo, inmersos en nuestros deseos de acariciarnos la vida, lentamente recorres mi espalda aclamando uno de mis cosquilleos.
Así que me hago eterna a tu lado. 
Así que la luz de tus ojos me pide a gritos que te desnude y que recorra tus vértices, similares a un pañuelo de seda por su textura inexplicable entre suave y áspera.
Y tus lunares sobresalen como los picos (en el mapa) del Everest, o como una fotografía vieja en un álbum roto de una época que parecía casi inexistente, no sé.
Y qué me dices de las líneas que recorren la palma de tu mano, y que forman surcos como la arena en el desierto, como las calles de París con viandantes, como Venecia repleta de agua, como las olas del mar bailando al ritmo del poema de un suicida.

Y ahora no sé cómo describir tu boca, si como un sendero de claveles rojos o un campo de amapolas a punto de florecer o qué. Tal vez un campo de cereales. Quizás una mezcla de ambos. 
Sólo sé que su comisura me vuelve loca, que cada vez que mojas tus labios con tu saliva se me cae el mundo, que las murallas de Berlín se derrumban una y otra vez cada vez que te muerdes el labio inferior y que construiría la torre de Pisa con tal de sentirlos, tocarlos, o besarlos. Ay de mí.

Y bueno, qué me dices de tu pelo surcando cada borrasca.

Hablemos de que soy adicta a tu olor mediterráneo. A ese olor costero que tienes tan predominante. A esa dulzura que se queda impregnada en mi cuello cuando me abrazas y que si la comparo con algún sentimiento sólo se me aparece el de lujuria. Porque, ay, lo que te haría.
Te haría sentir el hombre más bonito del planeta Tierra. 
Haría que mi cama te pareciese más romántica que Roma.
Haría que nuestra vida fuese mejor que la película "El diario de Noa".
Mejor que un libro de John Green. 
Mejor que pelear por defender a Pearl Harbor.
Tú James Dean y yo Audrey Hepburn.
Yo Bonnie y tú Clyde. 
Tú decides, porque yo me quedo con esto.


sábado, 8 de marzo de 2014

Hoy me dueles, amor.

Así que (cómo no) le dije "hola" con mis labios temblorosos. Agaché la mirada como si fuese una reclusa que no debía haber saludado a su ex-compañero de celda (o en este caso de vida) y me fui.
Tal fue el sentimiento tan abrumador que se apoderó de mí, que me quedé parada justo en medio de la calle, treinta segundos después de lo sucedido y, sin quererlo ni poder controlarlo, comencé a llorar como si tuviese tres años y mi madre me hubiese quitado el juguete de las manos. Y ahí, en medio de esa calle vacía, permanecí minutos, horas y me perdí aún más de lo que ya lo estaba.

¿Cómo? Decidme, queridos ingenuos y gente feliz del planeta Tierra, ¿cómo pude recaer de tal forma con sólo escuchar su voz, una vez más? ¿Es tan grande el sentimiento que me está comiendo por dentro? ¿Cuándo se marcharán los monstruos que hay dentro de mi cabeza?
Tantas preguntas atormentaban mi mente que no me dejaban visualizar que había salido la luna llena en esta noche de Invierno vacía y mi quebradizo corazón palpitaba muy fuerte en mis oídos.
"¿Soy digna de merecer un poco de música?" - me pregunté a mí misma.
Claro que soy digna, ¡conchos! ¿Quién no se merece un poco de música? Tal vez yo no me la merecía, pero sí que la necesitaba, y en la nocturna vida que estaba llevando aquel día, la canción más triste del mundo se apoderó de mis oídos, y seguidamente, de mi cabeza, más tarde, de mi alma entera... Esa canción se había convertido en la dueña de mi cuerpo y yo regía sus normas... y así lo hice. En el acústico del sonar de una guitarra, mis manos atraparon mi cara por completo para limpiar las lágrimas que salían solas, que no necesitaban de pensamientos horribles para salir... eso ya no hacía falta.
La música jugaba con mis sentimientos al igual que tu maravillosa y vengativa mirada, al igual que tú conmigo, al igual que un gato con un ovillo de lana.

Podía sentir dentro de mí la nostalgia de los días que (no) nos quedaban por vivir. Podía notar la sensación de alivio al machacar mis piernas con mis uñas arropándolas, y arañándolas. Podía sentir la rabia acumulada de los días de lluvia y de los días en color negro que últimamente, no paraban de transcurrir.
Y en un intento de notar el amor que sentí por ti... se había esfumado. Hoy ya no te quería.
Hoy tan sólo me dolías.
"Hoy me dueles, amor." - susurré.
"Hoy me dueles. Me dueles. Me dueles." - repetía una y otra vez.

Esa noche encontré refugio en la canción más triste del mundo, y me arropó con su abrigo de notas musicales... Regresé a casa más perdida que nunca, y musité muy bajito:
"Nadie más te hará daño. Mira cómo has acabado. Y lo sabías. Puedes recomponerte, saldrás de esta."
Y entonces me dormí.
Soñé.
Y aún no he despertado.



martes, 4 de marzo de 2014

¿Y ese suspiro?

Hoy me encuentro frente a la pantalla del ordenador y no paro de imaginar tus manos balanceándose al mismo tiempo que el viento azota la persiana de mi habitación con fuerza. Al unísono también de la canción más sentimental que podía estar escuchando en esos momentos, al ritmo de ese bajo estremecedor, esa batería sonando lejos pero fuerte, esa guitarra eléctrica sonando con ganas y esa voz rota que susurraba que debíamos parar los relojes...

Ayer me entraron unas ganas increíbles de echarme a llorar. Pero algo me detuvo. Te visualicé allí tan feliz... Y es que tu felicidad me da la vida, no me preguntes por qué porque yo tampoco le encuentro una respuesta.
No sé. Ayer no era yo. Ayer estaba en trance con tu mirada, que, sin darlo a conocer al resto del mundo, me estaba sonriendo, y que, aunque yo no lo notara, me proporcionaba energía.
Así que en uno de estos momentos, entré en contacto con mi mente y me perdí en mis pensamientos mientras de fondo sonaba una canción inédita...

Mi clavícula. Tus besos. Mi comisura. Tus labios en ella. Mi cintura. Tus manos pegadas. Mi sonrisa. La tuya. Millones de cosas que compenetraban a la perfección, y millones de momentos que vagabundeaban por mi mente en esos momentos. Todo pasaba demasiado rápido, y yo sólo quería darle al 'pause'.
Tus manos de repente desabrochando botón a botón mi blusa blanca... ¿Mis manos? Debajo de tu jersey. Creo que en esas circunstancias me encontraba perdida en una perfección demasiado irreal. Creo que en esos momentos me encontraste, pero perdida en ti.
Mi falda se levantaba lento al ver volar tus manos debajo de ella. Tus pantalones se caían al ritmo de un bailoteo de tus piernas, que, temblaban al mismo tiempo que mi cuerpo. Todo comenzaba a cobrar sentido. Tú y yo teníamos algo en común. Lo notaba. Lo notabas. Lo notábamos ambos. Y nuestra respiración no se quedaba al margen. Respirábamos agitados, con ganas, como si hubiésemos recorrido la maratón más larga del mundo. (Y de hecho lo estábamos haciendo, estábamos recorriendo el camino más largo de nuestra relación. Habíamos definido esto como algo más. Habíamos progresado y estábamos a gusto con el cambio.)
No podía contarle al mundo en ese momento todo lo que estaba sintiendo, porque, me estaba muriendo por dentro, no sé si de amor, de alegría, de felicidad, o de esas tres últimas cosas fusionadas.
Me estaba fundiendo en ti, te estabas estremeciendo conmigo, ambos nos bailábamos al compás, como dos locos, como dos cuerdos que quieren establecer un vínculo entre lo físico y lo psicológico. Se me incendiaba el alma cada vez que me besabas. Suplicaba la calma a mi corazón, pero no podía, latía cada vez más rápido y el tuyo se ponía de acuerdo conmigo.
Subes navegando por mi espalda, y. Me quiero largar del mundo contigo, todo es perfecto.
Siete caricias.
Tres gemidos.
Dos "te quiero"; y uno de cada uno.

"Escúchame", dijiste con la mirada más brillante.
"Vamos a escaparnos", respondí, sin querer saber la pregunta.

Y en efecto, lo hiciste. Me hiciste tuya esa noche.
Mi cuerpo era un testamento en el que tú escribiste tus palabras más profundas, y me dejaste escucharlas.
Me diste a conocer tu lado más tierno, tu lado más bonito (y mira que a estas alturas ya era imposible encontrar algo más hermoso en ti), y tu lado más imprevisible (y este último me dejó anonadada).
Y yo te di a conocer mi lado más natural, mis ganas de comerte a besos, mis ganas de susurrarte cosas (que sólo tú y yo podemos saber) al oído, y mis pulmones y su fuerza para gritar tu nombre y posteriormente lo mucho que te quería.


Y entonces, en aquel instante supe que no tendría que esforzarme en quererte más, sino en quererte mejor.



martes, 18 de febrero de 2014

Sobrenatural.

Me gusta viajar en el lado derecho del coche porque siempre voy al lado de la calzada para ver los paisajes que se representan mientras capturo algún que otro momento con mi cámara.
La carretera se va alejando cada vez más rápido de mi vista y yo desaparezco en un mundo de nubes que hoy permanecen bajas en el cielo, hoy las nubes parecen realmente de algodón. Son blancas como un puñado de palomitas y el cielo está tan azul como sus... ¡mierda! Otra vez sus ojos.
Querido corazón, relájate o él va a notarlo... y no es precisamente lo que quieres. ¿O sí? Bueno, tal vez es lo que más desees en el mundo. No sé. Nunca sé qué es lo que quiero realmente hasta que alguien (como él) me formula la pregunta, y en estos momentos, no quiero que nadie me pregunte qué es lo que quiero, porque estoy realmente bien tal y como estoy.

Qué guapo está cuando conduce... y qué hermoso ha sido siempre... desde que le conocí. A veces me arrepiento de no haber coincidido más tiempo en esta vida, tras diecisiete años, no me había sentido tan conectada a alguien jamás, es algo realmente conmovedor.
Sus ojos vuelven a clavarse en mi nuca mientras yo miro por la ventana del coche al mismo paisaje, que no parece cambiar nunca. Sé que me está mirando porque quizás cuando sus ojos se reflejan en el cristal, no los sé diferenciar entre el cielo y ese color, pero sus dientes que retratan una sonrisa, sí que se reflejan, y a mí me hace feliz tan sólo con un gesto.
Los minutos pasan y para mi sorpresa, justo diez minutos antes de llegar al lugar con el que quiere sorprenderme hoy, me susurra en el oído: "Ponte la venda, falta poco para llegar. Y... disfruta de esta canción."
¿Qué canción? No escucho nada...
Ya empieza.
Una guitarra eléctrica acompañada de otro piano eléctrico resuena en el coche y noto cómo está sonriendo mi chico. Sabe que me encanta esa canción. Sabe que me hace sentir cosquilleos en el estómago y que me eriza la piel con facilidad. Así que la curvatura de mi sonrisa lo dice todo... Canto:

Too late, too old to follow your heart...
Too young, too scared, don't know where to start...
There are so many roads you don't know where to go.
Maybe some of them are paved with gold...

Él suelta una carcajada. Le encanta que cante. Dice que lo hago bien, que tengo una soltura que no había escuchado jamás a nadie y que le produce alegría mi voz, que es distinta a todas las demás, que mi registro musical le ha sorprendido mucho durante este tiempo y que cada vez me supero más...
Demasiadas cosas bonitas las que me dice. ¿Y si me estoy volviendo loca por su culpa? Porque hace ya mucho que no me siento cuerda, porque me gusta la locura; me gusta divertirme; me gusta soltarme el pelo; me gusta ver películas de los años sesenta, setenta, ochenta y noventa; porque soy una melómana; porque bailo y canto sin cesar; porque no me importa lo que la gente piense. Con él me he dado cuenta de que algunas cosas cobran mucho más sentido que antes, porque el amor es lo que hace, hacer que todo recobre su sentido o que al menos parezca que las cosas tienen alguno. 
Hemos llegado al lugar porque el coche se ha detenido justo tras tres repeticiones y media de la canción. Estoy nerviosa pero sé que me va a sorprender, porque sabe que no necesito mucho para sobresaltarme, sabe que con un poquito me sobra y me basta para ser feliz, si lo importante es que permanezca a mi lado. Y de hecho lo hace. Me ayuda a salir del coche, y lentamente comienza a recorrer mi cuello con las yemas de sus dedos... Me encanta.
Me encanta todo él en realidad, pero que haga esas cosas me ruboriza y hace que sienta que quiera pasar el resto de mi vida a su lado, hace que mi piel se ponga de gallina, hace que me recuerde por qué estoy aquí: le quiero.
Cuando por fin logra (y quiere) desatarme el pañuelo para que pueda descubrir el lugar en el que estoy, me pide por favor una última cosa, que cuente hasta tres para abrir los ojos, y así lo hago. Me quita el pañuelo y un radiante Sol me quema la cara. Uno, dos y tres...
Él aparece a unos metros de mí en la orilla de un río y detrás de sí, una cascada impresionante. Maravillosa. Alucinante. No puedo creérmelo.
Rápidamente corro a sus brazos y le planto un beso largo. Dura más de dos minutos. Le adoro.
Poco a poco comienza a quitarme la camiseta. Y yo a él la suya. Qué placer más bonito el de poder tocar sus abdominales y el de que él pueda sentir mis huesos y hacerlos suyos. Me abraza. Me hace un gesto y rápidamente entiendo que lo que quiere es bañarse conmigo en aquel río con esa cascada tan enorme y tan hermosa. Así que me quito los pantalones cortos y me meto en ropa interior al interior del río, donde él me espera en el centro. El agua no cubre más arriba de nuestras cinturas y es perfecto. 
Nos dirigimos bajo la cascada y mi pelo se moja junto a nuestras pieles, que yacen debajo de ella muy a gusto. Jugamos con el agua y ella juega con nosotros produciéndonos sensaciones de frío y de calor porque hace que nos juntemos más el uno al otro. 
Joder... qué maravilla. Creo que he descubierto la Octava Maravilla del mundo... Creo que es otro número más en mi lista de placeres. Y por supuesto, otro vicio más. 
Sus labios carnosos besan mi abdomen y con eso recorren todo mi cuerpo y una vez más me siento la persona más afortunada del mundo. Una vez más me siento cómoda. Una vez más... (tú)


(Una vez más añoro el estar aferrada a alguien.)  



viernes, 14 de febrero de 2014

Vivir y amar no es simple para nadie.

Inconforme al mundo en el que vivo, desato hoy una rabia muy poderosa en estos versos.
Declaro abierta la jornada de puertas abiertas a romperme el alma, porque eso es lo que estáis consiguiendo todos con vuestros detalles, abusando de mi buen carácter y abusando de mi corazón, que roto en trozos ahora yace sobre el colchón, ¿y quién piensa arreglarlo?

No entiendo qué me pasa ni por qué. No entiendo el por qué de mis sucesivas noches en vela y por qué se dibujan en mi cara lágrimas si lo que quiero es todo lo contrario, sonreír. Trato de entender por qué tengo tantas pesadillas las horas que consigo dormir pero no, no tiene una explicación. 
Quizás el mundo se ha vuelto en mi contra (más aún).
Digamos que no estoy pasando por mi mejor momento. Digamos que lo de ser una ignorante para intentar ser feliz no me ha dado resultado porque las repercusiones han sido peores que los remedios que he impuesto. Digamos que me hace falta un cambio.
"¿Qué cambio?" Mi mente pregunta sin cesar.
Estoy cansada de la misma historia de siempre. Que sí, que el amor no lo es todo, que la amistad y la familia también son importantes, pero, ¡soy una romántica! Amo cada cosa que veo, siento, o hago. Amo la música, leer, escribir,... amo el mundo y amo también a las personas. 
He aspirado a amores platónicos y he conseguido llamar su atención. He intentado que Noviembre se me borrase de la mente. Lo he intentado de veras, pero... no consigo eliminarlo.
Tal vez si viviese en otro mundo... otro mundo donde el color verde reinase sobre las cosas y no el negro y el gris, joder, ¡qué cansada estoy de esos colores! 
También he pensado en mandarlo todo a la mierda, tirar la toalla y desistir, pero yo no soy así, soy competitiva, soy luchadora, soy trabajadora, soy realista, soy yo y voy a luchar, porque me gusta, me encanta entrar en disputas entre el corazón y la razón, debatir si estoy o no enamorada, oírles discutir, entrar en un diálogo que se basa en "hazlo", o "no lo hagas" y que al final tenga más partidos ganados el corazón, porque me gusta ser pasional. 

Instintivamente estos días he reconstruido mi mente y he conseguido ver que es muy difícil olvidarse de una persona a la que ves prácticamente todos los días, pero también he logrado aprender que si un libro me cansa... por mucho que pase de página, la siguiente no va a ser mejor porque seguirá siendo malo, así que tengo que cambiar de libro. Elegir otra persona que llene mi traumatizado corazón. Me lo han roto tantas veces que no me dolería otra vez más... me han decepcionado tantas veces que estaría dispuesta a acostumbrarme si por lo menos me asegurasen que no iba a pasar las noches de insomnio sola... todo sería más fácil.
Ojalá pudiese manipular a mi corazón y avisarle de que no vuelva a enamorarse en mucho tiempo, repetirle cuantas veces haga falta que se olvide del dichoso mes de Noviembre y de sus consecuencias, y acariciarle de vez en cuando para que se tranquilice... Ojalá. 









viernes, 10 de enero de 2014

Las manos frías y el corazón ardiendo.

Noche de insomnio seguida número seis. 
Hace frío, estamos en invierno, pero yo sin embargo llevo puesta una camiseta de tirantes y una chaqueta mientras tomo café mirando por la ventana, apenas corre el aire, los gatos maúllan por última vez antes de buscar un sitio donde acurrucarse para comenzar a dormir, aunque los más ágiles siguen aún caminando por los tejados de este barrio tan alejado de la ciudad. Las luces de las demás casas se van apagando poco a poco al mismo ritmo que las estrellas se cubren de una niebla nocturna muy espesa. 


Como de costumbre, en mis sucesivas noches en vela, mi subconsciente divaga buscando entre la gente unos ojos marrones como los tuyos, pero entre tantos no encuentro ningunos igual de brillantes y tan bien estructurados. De repente, mi mirada encuentra la tuya en mi mente, me da vuelcos el corazón, la piel se me eriza y siento cómo un nudo en el estómago se forma y el pecho me aprieta muy fuerte. Me tiemblan las piernas, te acercas y el corazón me late muy rápido, susurras mi nombre y me deshago, me derrito, inhalo aire con una soga atada al cuello, intento controlar la respiración pero un grito ahogado sale de mi boca. 
Te encanta. Sonríes. Y es ahí cuando entiendo que no quiero otro chico para bailar esta noche, que estaría encantada de estar acompañada hoy por tu gesto curvado en la boca, por tus dientes finos y pequeños, sí... creo firmemente en que estaría dispuesta a pasar un crepúsculo (o todos de ahora en adelante) junto a tu boca.
Yo, lentamente te devuelvo la sonrisa, bromeo un rato sobre el peinado tan tópico que llevas hoy y te ruborizas, y en aquel momento descubro las ganas que tienes de que nos quedemos en silencio, pero yo, estúpida, imbécil e idiota como yo misma, no paro de hablar, y mientras tanto, veo tus ojos pegados a mis labios, y repasas tu comisura con la lengua... yo me fijo en eso y te das cuenta, sabes que me encanta así que vuelves a deleitarme repitiéndolo. Me encantas.
Una hilaridad se desata de mi garganta y también te produce risa a ti. Suena tan bonito... Noto que estamos totalmente conectados, que nuestras risas se complementan y suenan al unísono, somos uno mismo.
Tu mano roza la mía en un intento de cogerla, pero yo juego con ella sin dejar que me la cojas del todo. Mi cintura se ve de pronto abrazada por tus brazos y pegados estamos incluso más conectados. No sé cómo lo haces, no tengo ni la remota idea, pero produces en mí algo que no ha conseguido nadie en mucho tiempo.
Sé que me miras con deseo, con ganas de tocarme y de que te toque, con ganas de sentir mi cuerpo contra el tuyo, los dos estamos deseando sentirnos, con ansias de que nuestros labios se peguen y no se separen en años. Hasta ahora todo han sido miradas, sonrisas, pilladas, toquecitos en el culo, darnos de la mano, abrazarnos, escuchar saliendo de tu boca los "cielo", "cariño", "amor", "guapa", "preciosa"... y tus preguntas incoherentes en momentos inoportunos. 
Pero esta noche sé que vamos a comernos a besos, sé que no nos hartaremos el uno del otro, sé que tanta espera dará sus frutos. 
Por fin nos besamos.
Fue como si hubiésemos estado deseando esto todo el tiempo del mundo, como si llevásemos conectados toda una vida y en cuanto nos hemos conocido nos hubiésemos dado cuenta de que estábamos hechos el uno para el otro. Nuestras almas habían coincidido por fin y tú... tú cada vez más bonito. Anhelaba tus labios cada vez más y, caray, cómo besas... 


No me cansaba, no quería irme, quería parar el tiempo, parar el reloj, que el Sol no saliera en unas horas, quería seguir indagando en mi mente, quería saber el capítulo dos de esta historia, quería saber si íbamos a casarnos, a tener hijos o un perro, quería saber si tu nombre sonaba igual de bonito en la realidad que en mis entrañas, quería saber si podría pasarme cada día escribiéndote poemas intentando definir lo perfecto que me pareces, quería explicarte que lo que siento no es normal: que quererte se me queda corto y me da miedo empezar a amar. 
Quiero vivirte, quiero que este amanecer no signifique tener que olvidarte, porque, cariño, en un día no puedo olvidarte, no puedo olvidar tus besos, aprendí a tocar el cielo contigo y mírame ahora, intentando salir del infierno. ¿No ves que sin ti yo no puedo? 
Por desgracia el alba llega, el día se despunta y mi cerebro se apaga, esto se ha terminado. La noche en vela ha tenido fin. 
Mañana quiero volver a saber de ti, porque ya no sé hablar de amor sin mencionarte.





sábado, 2 de noviembre de 2013

Cuerpos anexos.

Vamos a jugar a un juego y vamos a escondernos debajo de las sábanas para ello. Vamos a encontrarnos en un punto medio, y vamos a abrazarnos para entrar en calor. ¿De acuerdo?
Vale. ¿Y después?
Ya veremos lo que pasa.
¿Y si tengo mucho calor?
+ Pues entonces quítate la ropa.
¿Y luego?
+ Luego me la quitaré yo también, sino sería desigualdad de condiciones.
Pero así entonces tendré más calor.
+ Estamos en invierno, necesitamos entrar en calor.
Tienes razón.

Entonces, nos encontramos los dos ahí, abrazados, sin ropa, totalmente desnudos, totalmente inocuos en la inmensidad del colchón de esa cama tan grande.
Escuchaba tu respiración agitada y pronunciada y no me dio tiempo a encontrar una respuesta cuando prácticamente, al minuto de estar abrazados, comenzaste a encontrarme las cosquillas en la nuca y a besarme lentamente el cuello.
Y luego tus manos agarraban mi cuerpo, que estaba totalmente conectado a ti, que estaba apegado a la manera en cómo le tratabas, que estaba, en su totalidad, a gusto contigo.
Llegaba el momento de las caricias, de que me cuidaras como nunca lo habías hecho, de que me demostraras que podía confiar en ti, y de que la única razón por la que debiera sentir pánico fuese porque te ibas de mi lado, y no por otra cosa. 
Sabías mimarme, sabías qué tenías que hacer para poseer toda mi confianza, y de repente sentí un escalofrío cuando pasaste tu mano por mi abdomen, cuando me acariciaste, cuando jugaste a hacerme cosquillas ahí donde dicen que brotan las mariposas.
Y en el último segundo, junto a las respiraciones agitadas y los últimos suspiros, supe que eras mío. Supe que te tenía para siempre y supe entender que esto era el principio de una historia y que no hacía falta trazar planes para querernos porque hoy ya nos habíamos querido lo suficiente y además, lo habíamos demostrado.
Y ya no me hacía falta quitarte la ropa para desnudarte porque incluso con versos lo he conseguido, y entendí que leer los lunares de tu espalda era muy parecido a hacerte el amor mediante palabras, y así lo hice.
Ahora me sé tus pecas y lunares de memoria, ahora sé lo que se siente al tocar el cielo tan sólo reflejándome en tus pupilas, porque así es como el amor se siente, como una bala en el corazón, como una mariposa en la barriga, como un dolor de cabeza, como una adicción sin droga, como un tren viajando sin destino, como una mirada que lo dice todo, como una sonrisa que guarda un secreto a voces, como gritar tu nombre y que me llamen 'loca', como acabar borracha debajo de tu balcón gritándote lo mucho que te amo, no sé, así es como veo yo el amor, como una locura única y propia de uno mismo.
No puedo prometer que todo irá bien, pero te juro que no me iré nunca.




domingo, 13 de octubre de 2013

'Deep in my soul.'

Café a las tres de la mañana para acompañar al insomnio y a mis ojeras, que a estas horas comienzan a formarse.
Voy dando tumbos por el café con la cuchara y mientras mi cabeza se pierde entre el espacio y el tiempo y como siempre: la causa eres tú.
No quiero estar en un mundo en el que no me dejen soñar contigo, por eso permanezco despierta, porque es cuando mejor sueño contigo, con la mejor curva de tu cuerpo, con tu sonrisa.
Entonces, me imaginé a mí siendo la razón de tu insomnio y el por qué de tu sonrisa y los escalofríos erizaron mi piel.
Y en un intento de agachar la cabeza e irme, te sonreí sin querer, fue algo (in)voluntario que hizo que tú también sonrieras y... supongo que me quedé prendada de la risa posterior que se pronunció en ti. ¿Pero sabes qué es lo mejor? Que tú también te quedaste prendado de cada palabra que salía de mi boca. Y te veía mirarme los labios, y yo miraba los tuyos de la misma forma y supongo que fue ahí donde ninguno de los dos pudo contenerse.
Después de esa unión de los labios de dos tontos sonrientes recordé por qué bebía café, y descubrí que tus labios sabían a ello, y entonces me puse a atar hilos y a terminar frases interminables y supe entender que la inspiración de los versos que se maquinaban en mis entrañas eras tú.
Creo que nos vimos un par de veces más antes de que con tan sólo un roce de la mano sintiese que el mundo a mi alrededor se desvanecía. Mi piel se erizaba en un intento de choque entre nuestros cuerpos, inmóviles e indecisos.
Y ahí, en medio de esa noche interminable nos hicimos eternos. Tu mirada fundida en la mía, la comisura de tus labios más bonita que nunca, y ese brillo en los ojos que te hace tan especial.
Lo mejor de todo esto es que tu mano encaja perfectamente con la mía, y que podría estar en medio de un asalto a mano armada y no me importaría, porque seguramente estarías tú a mi lado.
Añadiré a la lista de cosas buenas que cuando estoy a tu lado aprendo cosas que nunca jamás hubiese aprendido si no hubiese sabido jamás de tu existencia.
Y como nota mental añadiré también que los ojos marrones pueden ser la octava maravilla del mundo si se tratan de los tuyos.

No sé cómo lo haces, pero al final siempre acabas regresando a mí.



«Vuelves a mí porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen.»



domingo, 29 de septiembre de 2013

'Yo (me) mataré -m-o-n-s-t-r-u-o-s- por ti'

Si tengo que olvidar todas las preguntas para encontrar todas las respuestas, no me queda otro remedio.
No me queda otro remedio que dejar de acariciar nuestros labios en aquella foto de carné, no me queda otra que aguantarme, no me queda otra que desahogarme. 
Perdí mi Norte en el Sur de tus caderas y con ello perdí la sensación de frialdad y de tristeza que sentía antes de conocerte. 
Perdí la capacidad de hablar y ahora cada vez que digo tu nombre tartamudeo, eso es lo que produces en mí; ansiedad, tartamudez, nerviosismo, felicidad, éxtasis.
¿Alguna vez has sentido que una voz era tan maravillosa en cada uno de sus tonos, en cada una de las sílabas que pronunciaba, en cada palabra que decía...?
¿Alguna vez te has enamorado de un color y luego lo has visto reflejado en su mirada?
¿Alguna vez has notado que te acariciaban tan suave y lentamente que te producían escalofríos en milésimas de segundo?
¿Alguna vez has estado enamorado?
Sus palabras atravesaban fuertemente mi corazón y dolían pero no podía soportar vivir sin ellas. No quería. No me lo permitía a mí misma. 
Cometí errores por tan sólo disfrutar una vez más perdida entre sus sábanas.
Me auto lesioné los labios sólo por apretarlos con tanta fuerza como mi corazón sufría por sus besos. 
Hubiese cometido crímenes y hubiese dejado mis vicios por el mayor de ellos.
Hubiese compuesto la canción más bonita del mundo sólo para que se le helaran los huesos y para congelar los recuerdos.
Pero a cambio de todo eso, decidí caerme en el pozo. Decidí tropezarme con piedras inesperadas. Preferí matarme lentamente a que murieras tú conmigo. Quise dejar cicatrices de guerra en mi espalda para luego ver cómo se me caía el mundo encima, para sentir dolor sin necesidad alguna, para arañarme la vida con los filos de tus dientes, para protegerme de mí misma, para protegerme del monstruo que soy. Porque me maté y con eso cumplí mi promesa: 'yo mataré monstruos por ti, sólo tienes que avisarme' y entonces ahí, en ese callejón abandonado acabé con lo único que no te permitía ser feliz a ti, acabé con mi vida. Destrocé mi felicidad para darte la tuya. 


viernes, 27 de septiembre de 2013

Otoño.

Como un libro a medio leer, como una historia a medio empezar, como un guión sin protagonista, como el mundo sin oxígeno, así estoy yo.
Las hojas de los árboles se caen con lentitud de los árboles, se vuelven marrones y secas para dejar paso al Otoño, la estación más monótona del año, y la más solitaria, de la que menos se habla y a la que menos importancia se le da, y es por eso que es mi favorita.
Otoño... Querido Otoño; ¿qué me depararás esta vez? ¿Un nuevo amor? ¿Una nueva caída? ¿Un reencuentro? Quizás una aburrida vida o quizás un concierto de Rock 'nd Roll en mi habitación saltando en el escenario de mi cama. Quién sabe.
Alguien me dijo alguna vez que el Otoño estaba hecho para recuperar el tiempo perdido, o tal vez fui yo que lo soñé, no lo sé, pero ese es mi lema esta temporada... Nada de mirar atrás, nada de cagarla, nada de ilusionarse, nada de llorar todos los días, ¡estoy cansada de todo eso! A partir de hoy toca ser feliz.
A partir de hoy toca escuchar una canción triste y sonreír, toca escribir cosas tristes y sonreír, toca caerse y sonreír, toca perder algo y sonreír porque algo nuevo llegará, porque las pérdidas son ganancias y un minuto sin sonreír son sesenta segundos de felicidad perdida; y eso a mi manera de ver es mucho. 
Ni cuentos de hadas, ni cuentos con finales tristes, ni mucho menos fantasías de princesas que buscan un príncipe que sea como ellas siempre han deseado.
Si me enamoro de una sonrisa que sea bonita, pero no idealizada a mi manera. Si me encariño con unas caricias que sean distintas a las típicas y que se me ponga la piel de gallina al rozar mi piel con sus dedos. Si me encantan unos ojos que no sea por el color sino por la forma en la que miran.
Quiero que todo sea espontáneo, ni esperado ni planeado, nada por el estilo, quiero que las cosas sigan el curso que lleva el río y quiero que el Otoño sea tan bonito como la Primavera, el Verano o el Invierno.
Quiero que el mundo deje de llamar al Otoño monótono y lo llame espontáneo. Quiero que el Otoño me altere la sangre igual que la Primavera y que pueda sentir el calor del Verano perdida entre unas sábanas que me acojan, y más tarde sentir el frío del Invierno sólo para que alguien me demuestre todo su cariño en un abrazo.