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viernes, 9 de enero de 2015

Orígenes.

Caminas.
En una sola dirección.
No sabes hacia dónde vas.
Pero sabes que estás muy lejos de llegar.

¿Quién te acompaña?
Nadie. Decides caminar sola. Perdida, en dirección contraria a todas las pisadas.

Todo el mundo te dijo "no puedes hacerlo", y eso te dio más fuerza aún para intentarlo. Quieres estar sola. Es lo que más deseas ahora. Sola, perdida, y olvidada.
No quieres nada de nadie.
Dios.
Qué bien te sientes sin nadie en tu vida que te llene y después te vacíe. Sin darle ese poder a nadie. Siendo tú, tú para ti y por ti. Dependiendo de ti misma. De no dejarte caer.

Y nadie te entiende. Nadie entiende por qué no eres capaz de seguir tu vida rodeada de aquellos a los que quieres. Tal vez porque así el daño es menos certero. Tal vez porque la caída dolerá menos.
Y no sentirás las balas.
Porque al fin y al cabo todo el mundo te meterá un balazo en la sien. Todo el mundo.
Unos más, otros menos.
Unos repletos de felicidad, otros buscándola.
Y yo,
yo de camino a mis orígenes.
A volver a ser quien era.
A recuperarme de mi casi-muerte.
A jugar con el diablo a ver quién cae primero, si él o yo.
Y por lo que veo yo me estoy recuperando.
De sus malditas garras.
Será hijo de puta, cuánto daño me ha hecho. No lo sabe bien.
Pero soy fuerte, muy fuerte.
Al fin y al cabo todo el poder lo tiene la mente. El daño físico es también mental. La mente es capaz de controlarlo todo. Todo. Lo malo y lo bueno.
Y yo no quiero nada bueno ni nada malo.
Me quiero a mí.
Quiero recuperar el amor propio. Recuperar la fe en mí.

Y puedo afirmar que no tengo miedo a morir. No tengo miedo a perder. A caerme. A llorar. A desahogarme. A necesitarme. No tengo miedo de absolutamente nada. Me da igual todo. Me dais igual todos. Lo siento mucho. No, qué va, no lo siento para nada.
Yo solo soy de mí.
No soy de nadie.

Así que pegadme los balazos que queráis, malditos bastardos. ¿Queréis verme arder en la hoguera? No sin antes veros arder yo.

Estoy preparada para las puñaladas traperas, para perder gente, para abrir los brazos a gente nueva, para llorar y sonreír, para hacer locuras y no perder nunca la ilusión por conseguir lo que me proponga. Estoy preparada para levantarme de las caídas al vacío, y subir hasta la montaña más alta.

Estoy jodidamente loca.
Jodidamente inestable.
Y me veo jodidamente bonita hoy, no bonita de ser guapa, sino brillante, me veo reluciente.

Ha nacido mi nueva yo.
Mi nueva vida.
Vuelve a la vida mi mirada perdida.

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