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domingo, 4 de enero de 2015

Despedidas amargas.

Estaban deshaciéndose,
como el vaho de aquel baño,
como si queriéndose
no pudieran nunca hacerse daño.

Como tener 97 razones para quererte,
y gritarte que por tener una herida de bala
no tengo la capacidad de mostrarte
que soy capaz de volar, sin un ala.

Me fui pensando que podría olvidarte.
Y el fuego no para de susurrarme:
"nunca dejaré de quemarte".

Así que sobrevivir a este ataque
es la única forma de que
este dolor no me machaque.

Adiós, amor.

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