domingo, 24 de marzo de 2013

*

Puede que para algunos sea fácil levantarse cada mañana con ganas de comerse el mundo, pero para mí es lo más difícil que puede existir, porque ya no te tengo.
Cada día pienso si me ocurrirá algo interesante, pero todo lo interesante que puede haber lo relaciono contigo. No sé por qué.
Trato de olvidarte y lo único que hago es recordarte. Hasta lo más simple se me da mal...
Y es que, dicen que: 'si un escritor se enamora de ti, vivirás para siempre...' Y yo no me considero escritora, pero para mí vivirás eternamente.
Puede que mi vida cambie de aquí a unos días, meses, o años, pero tengo miedo de que mis sentimientos no lo hagan. Porque no quiero quedarme estancada en este charco del que ahora mismo no puedo salir. No quiero que me pase lo mismo que la última vez.
¿Y si no puedo olvidarte? ¿Qué hago?
Todos los días me levanto pensando qué pasaría si tuviese la vida de otra persona. ¿Me iría mejor? ¿O tal vez peor?
Lo único que quiero encontrar es una estabilidad en mi mente, tampoco pido mucho.
Muchos piden dinero, yo tan sólo un poco de amor y una canción que poder bailar acompañada...
Tampoco sé a quién rezarle, porque nadie escucharía mis plegarias. Lo sé. Nadie me escucha, y nadie entiende todo lo que siento.
Ni siquiera la música o los exámenes logran distraer mi mente... Ya no sé qué hacer. Ya no sé nada.

domingo, 17 de marzo de 2013

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Las lágrimas vagan lentamente por tus mejillas y sientes el frío que dejan el ellas.
Ni tan siquiera la luna llena puede hacerte feliz, las estrellas no se distinguen en el cielo oscuro, y la luna tiene una fina capa de nubes bajo ella que hace el día mucho más abrumador...
Sientes cómo el mundo que gira a tu alrededor no para de dar vueltas. La gente te mira como si estuvieses loca, pero no, en realidad lo único que necesitas para acompañar tu 'locura' es otro loco que quiera soportarte.
La tormenta se avecina.
Tus lágrimas caen al compás con la lluvia, y tú vas caminando sola por el medio de la calle. No te importa mojarte...
Comienzas a pensar en todos los errores que has cometido, se repiten una y otra vez en tu mente. También piensas en que nunca has hecho nada bien, que todo se te da mal, y nunca aprenderás la lección, nunca...
En definitiva, tu vida es una mierda que ni tan siquiera tú puedes soportar. Y al final eso es todo lo que queda, nos torturamos con los momentos malos mientras que los buenos se olvidan, y no debería ser así.
Porque hoy está lloviendo, pero mañana puede ser un día soleado...



jueves, 14 de marzo de 2013

Decepcionada de mí misma.

Y de repente pasa.
Él se olvida de ti y tú aún matarías por recorrer su espalda tan sólo un segundo más.
Y matarías por probar de nuevo sus labios, que aunque fríos, son los mejores que has probado en mucho tiempo.
Y cometerías una y otra vez miles de asesinatos con tal de mirarle a los ojos y saber que es sólo tuyo, saber que te mira de la misma forma y con las mismas intenciones.
Pero sabes que no puedes... Ya no. Ahora todo se ha terminado y te espera una nueva vida. Mientras tanto, no paras de preguntarte: '¿con quién?'
Y no paras de pensar que no habrá nadie jamás que pueda superar esa historia que fue corta, pero fue la mejor de todas.
¿Por qué se ha acabado? Ah sí, ahora lo recuerdas. Fuiste una imbécil, una tonta que no supo quererle como se merecía, ¿pero sabes qué? Te lo mereces. Él se merece alguien mejor, alguien que sepa lo que quiere y cuándo lo quiere, alguien más guapa y muchísimo más lista que tú, porque tú eres una torpe y la chica más tonta que él pudo conocer.

Ahora sólo te dedicas a extrañar sus abrazos que te quitaban el frío, sus besos que penetraban por tus huesos y sus caricias que provocaban en ti ese escalofrío tan pronunciado. ¿Recuerdas su mirada cuando te decía 'te quiero'? Ahora esa mirada no para de aparecer en tus sueños, pero sin un 'te quiero'... Esa mirada ha cambiado... Ahora es una mirada que representa decepción.
Echas de menos todo esto, ¿verdad?
Cuentas tus historias como si fuesen de otros y en realidad, ésta es tu historia. Mi historia.

lunes, 25 de febrero de 2013

Todos diferentes pero con una misma finalidad.

Su vida, la tuya y la mía son un misterio para el resto del mundo. Cada cual tiene sus secretos y sus formas de vivirla.
Unos se levantan a las ocho de la mañana y otros llevan despiertos toda la noche porque tienen insomnio o porque mañana tienen un examen. Para otros, la vida es como un continuo sábado, y para otros no tan afortunados, un lunes horrible del que no pueden escapar.
A algunos les motiva levantarse escuchando una canción de rock y otras veces, cuando necesitan llorar su corazón rockero se convierte en uno clásico.
Algunos cada noche miran al cielo con la esperanza de ver una estrella fugaz para pedirle un deseo, otros ni tan siquiera saben que existen las estrellas porque nunca se han parado a mirarlas, son unas preciosas luces en el cielo.
Tú te acuestas después de cenar, yo me quedo leyendo un libro nuevo hasta que sepa que voy a soñar con ese nuevo mundo.
Cada vez que llegas a casa le das un beso a tus padres, algunos ni siquiera pueden porque tendrían que visitar el cementerio para ello.
¿Sabes? Tienes suerte de tener la vida que tienes. No quieras cambiarla por otra, no quieras hacer cosas sólo porque otros las hagan, no quieras cambiar tu forma de ser por ellos. Cada uno es especial tal y como es. Para llegar a ser feliz, lo único que tienes es que encontrar el punto en el que todas las cosas te vayan bien, sin cambiar, sin opiniones y sin consejos, siendo tú mismo.
Todos queremos ser felices, la cuestión no es cómo... Es dónde, con quién y cuándo llegaremos a serlo. No lo esperes, todo llega en su momento.

domingo, 24 de febrero de 2013

*

Te levantas un día y piensas que lo has soñado.
Las paredes blancas sangran lágrimas de color negro, y se tiñen. Tú te sientes asustada. No puedes salir de ahí, simplemente algo te lo impide. Lloras. Golpeas a la pared y manchas tu puño de sangre, ira y rabia que no puedes contener.
Rápidamente enciendes uno de tus cigarrillos y temblando, empiezas a fumar pensando que eso te calmará. Te sientes impotente. No te faltan las ganas de tirar los muebles de tu casa por la ventana.

Enciendes la radio y las únicas canciones que ponen a esas horas de la madrugada son tristes, canciones de amor tristes.
Después de haberte fumado dos cigarros seguidos decides quitarte la ropa mojada y sucia y tus zapatos llenos de barro. ¿Recuerdas esa noche?

Realmente piensas en que todo ha sido un sueño, pero vuelves a golpear a tu almohada y te das cuenta de que no. De que las lágrimas que caen de tus ojos sin que te enteres son reales y de que hace exactamente tres horas habías estado con él. Habías visto sus ojos marrones pidiéndote ayuda en esos momentos, pidiéndote que no te marcharas, pero lo hiciste.
Saliste de su casa olvidando el rojo de tus labios en su baño y llorando porque ese maldito mensaje no debía haber llegado a su teléfono.

Esa maldita tía vuelve a entrar en tu vida, en vuestras vidas y está dispuesta a romperlo todo entre vosotros. Sí. Y lo ha hecho. Lo ha conseguido. Todo entre él y tú está mal ahora. ¿Mal? Perdón, fatal.
Ha dejado catorce llamadas perdidas a tu móvil, y tres a tu casa, cada una con un mensaje distinto. Pero, ¿realmente piensa que dejándome mensajes va a solucionarse todo?
Oh, estás tan borracha que ya no recuerdas dónde has dejado tu bolso. Te has caído unas cuantas veces de camino a tu casa, pero no le has dado importancia, sabes que estás mal.
"¿Mi bolso?" Repites una y otra vez tratando de buscarlo por todas partes. No está. Recuerdas habérselo tirado a la cabeza antes de marcharte. Ahora tienes que volver a por tus pertenencias.
"¿Una simple pelea?" Es lo que piensas una y otra vez de camino a su casa. No. Ha sido la peor. Le has gritado, le has pegado, te sientes culpable. Pero los dos sois culpables en realidad. El mensaje en su móvil que leíste hace unas horas pasa por tu cabeza varias veces y te dan ganas de gritar, de gritar de la rabia. Ese "¿Quedamos otra vez para tomar otro café? El último acabó demasiado bien." que se repite tanto en tu maldita cabeza. Será asqueroso.
Recuerdas cuando tomaste el primer café con él. Recuerdas que ese día acabasteis comiéndoos a besos el uno al otro y recuerdas la foto que os hicisteis en el balcón de su casa, con vistas al centro de la ciudad y gente paseando justo debajo de vosotros, y tú sonriendo, y feliz por estar a su lado. ¿Te gustaba? Te encantaba.
Ahora todo eso se ha acabado.
Vuelves a su casa a recoger tu bolso pero no está ahí. ¿Dónde se ha metido? No lo sabes.
Te duele la cabeza y tras un día de mierda decides regresar al lugar donde os conocisteis. ¿Por qué? No tienes ni idea. Sólo sientes que debes ir ahí. Quizá puedas recuperar su amor donde lo encontraste. Esa idea ronda en tus pensamientos. Pero no es posible. No es posible porque lo vuestro no tenía futuro.
Árboles almendrados y hojas caídas por el suelo te recuerdan aquella primavera. Los árboles se mueven bruscamente y más hojas caen al suelo. Ahora el invierno está a punto de llegar... Es una lástima. Las hojas se caen a la vez que tus lágrimas. Y a la vez que las suyas. ¿Es él? Él también está ahí. En ese banco. Con tu bolso en las manos. Con su móvil, discutiendo con alguien. Te imaginas quién puede ser ese alguien y lentamente te acercas. Te sientas a su lado y él te mira a los ojos. Como aquella primera vez que os mirasteis a los ojos. Sus ojos resulta que son de un color muy común, de color marrón, pero son los ojos de los que te enamoraste.

Te lamentas de todo lo que ha ocurrido y te das cuenta de que todo es una mierda, de que la chica que está al otro lado del teléfono de tu amor más querido lucha por lo mismo que tú, por él, por su amor. Pero también te das cuenta de que todo este tiempo ha sido tuyo, no suyo. La guerra la has ganado tú.
Él te explica que ese día no pasó nada. Decides creerle, porque cuando quieres a una persona de verdad, sabes si miente, o no. Y él está siendo más sincero contigo de lo posible. ¿Es todo muy bonito, verdad? Por el momento. Puede que un día de lluvia se haya quedado en un día nublado, y puede que mañana, tal vez salga el Sol, nunca se sabe.



domingo, 10 de febrero de 2013

*

Hoy estoy feliz.
Me he levantado y los finos rayos de Sol que entraban por mi ventana me han sonreído, las nubes han empezado a bailar y el día se ha puesto gris y las nubes han empezado a llorar mientras yo también lo hacía, pero esta vez, yo lloraba de felicidad.
¿Por qué? Tal vez tenga que ver con que tengo las mejores personas a mi alrededor, los mejores amigos, y también... También le tengo a él. Sí, esa persona que me saca sonrisas, esa que me da besos en los labios y me agarra fuerte sólo para que no me vaya.
¡Es que me sonríen hasta los peces de mi pecera! Y casi no me lo creo.
"¿Yo siendo feliz? ¿Yo? ¿De verdad?" Esas preguntas llevan pasando por mi cabeza varios días, pero, he de creérmelo, porque es cierto, es cierto que estos días mi sonrisa no es falsa, que me levanto todos los días feliz, ya sea domingo, lunes, martes, miércoles, jueves, viernes o sábado.
La verdad es que tengo que volver a mencionar que cuando él ha llegado, ha roto todos mis esquemas, y... No sé. Poder compartir sonrisas juntos es algo que me pone tan contenta...
La verdad es que es perfecto, que si me paro a pensar, no tiene ningún defecto, aunque él me lo niegue...
Cuando menos pensaba que mi vida iba a cambiar, que iba a salir de la cama sonriendo de verdad, pasó, no sé cómo, ni por qué, tal vez el destino quiso que fuese así, y por eso le conocí.
Esta vez los papeles en mi vida han cambiado. Esta vez me toca a mí ser feliz.

sábado, 12 de enero de 2013

No digas 'adiós', no es un final.

Aquí estoy, otra vez, con la misma mierda de siempre, sin saber qué hacer, ni qué decir, ni cómo actuar.
Aquí estoy, apagando la luz de mi habitación para acostarme, como cada día, a mirar las pegatinas que hay pegadas en mi techo simulando un Universo, esas pegatinas que por la noche brillan como las estrellas.
Y ahí está Saturno, con su anillo alrededor, que parece de cristal, pero es irrompible, y me pierdo en ese anillo que rodea ese planeta.
¿Sabes? Quizá algún día fuimos como Saturno, inseparables el uno del otro. Pero sé que Saturno jamás dejará a su anillo, como nos pasó a nosotros.

Fue aquel día, de aquel mes de otoño, cuando te fuiste sin despedirte, cuando le pusimos un punto final a nuestra frase y cuando quisimos darnos cuenta de que algo fallaba.

Y aquí me tienes, escribiendo lo que una vez fue la historia más bonita de mi mundo, lo que una vez fue mi todo, y lo que algún día recordaré con menos dolor en el pecho, una historia inolvidable.
Y es que hace unos meses, miraba cómo dormías, me aprendí cada lunar que tienes en la espalda, y el número de besos que me dabas antes de irnos a dormir, aunque a veces, fuera incontable.
Recuerdo cuando en aquel verano, me llevaste a ese lugar que tanto me gustaba y me hiciste sentir la persona más afortunada del mundo, tan sólo por tenerte a mi lado, pensando que eras sólo mío.

Ahora ya nada de esto importa, porque como bien yo te dije: "Es algo nuestro, algo que sólo nosotros sabemos, algo que nadie jamás entenderá, una historia distinta a la de los demás, y es que, nadie pudo amarse como nosotros lo hicimos, nadie antes pudo sentir lo que nosotros sentimos."
Y tú dijiste: "Algún día lo olvidarás, lo sé, ahora tengo que irme, necesito marcharme, alejarme de ti, te amo tanto que hasta me duele, lo siento."
Continué diciendo: "Jamás podré olvidar algo que quedó marcado en la historia, en nuestra historia. Pero si es lo que quieres, adiós."
Y susurraste: "No digas adiós, no es un final." Seguidamente te fuiste.

Yo no entendí nada, no lograba comprenderte, te ibas pero sin decirme 'adiós', sin despedirte, sin explicaciones razonables.

Hoy me he levantado, y estabas ahí parado, frente a la puerta de mi casa, te he vuelto a ver, y otra vez, los mismos sentimientos que hacían que mi corazón se acelerase, los mismos sentimientos, resurgieron de la nada.
No entendía qué hacías ahí parado, no lo sabía, hasta que susurraste: "Te dije que no era un final. He vuelto."
Yo no podía hablar, no me salía una palabra, y tú decidiste envolverme con las tres frases que más me llamaron la atención de mi libro favorito, esperando que yo te contestara, esperando que yo continuara con esa segunda frase, ya que la primera, la dijiste tú:

—No puedo vivir sin ti. — dijiste.
—Sí que puedes. — continué la segunda frase.
—Sí, pero no quiero. — finalmente te atreviste a decir.

Fue entonces cuando decidí seguir esa historia, a la que decidiste darle un tiempo, esa historia que no pudimos olvidar, nuestra historia.

martes, 1 de enero de 2013

¿Los finales existen de verdad?

Porque simplemente, cuando crees que algo nuevo ha empezado, te das cuenta de que nada ha terminado.
De que sigues dejando la luz de tu mesita de noche encendida, por si vuelve. Sigues dejando dos cepillos de dientes en el vaso, y sigues comprando su marca favorita de ketchup.
Escuchas su voz entre tus sábanas susurrándote: "podría estar horas seguidas mirándote cuando duermes y no me cansaría nunca."
Y esas rosas, que aunque muertas, siguen metidas en ese florero que te regaló por tu cumpleaños, hace un par de años.
¿Y qué será de esa mirada que atormentaba todos tus sueños? ¿Seguirá mirando las estrellas como cada noche hacía contigo?
Poco a poco, te planteas si sigue pensando en ti como la primera vez. Si sigue poniendo la alarma a las nueve de la mañana los domingos y si sigue escuchando la canción que os recordaba el uno al otro.
"¿Hace cuánto que no le ves? ¿Hace cuánto que se ha marchado? ¿Volverá? Y sobre todo... ¿Podréis perdonaros alguna vez?" Ese tipo de preguntas, aparecen cada día en tu mente. Y tratas de no responderlas, aunque sepas todas las respuestas.
Exactamente hace 138 días que se marchó. 111 días que no le ves, ya que la última vez, fue en aquella estación de trenes, por la cual jamás he vuelto a pasar, por no querer recordarle. ¿Volverá? Quién sabe. ¿Os perdonaréis? Si nuestro orgullo le planta cara a eso que alguna vez llamamos amor, por supuesto que podemos perdonarnos.
¿Quién sabe? Quizá todo lo que tengamos en común, no sea suficiente. Con una mirada supimos que teníamos que darle al 'pause' en nuestras vidas, que tal vez con el tiempo, volvamos a tener algo... Jamás será tan bonito como lo que tuvimos, pero, no sé, nunca se sabe, esta historia aún no ha terminado.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Esta noche duermo sola.

Me dibujaste una sonrisa cuando tenía un mal día. Hiciste de mis días blancos y negros un arco-iris eterno. Supiste cuándo estaba mal con un sólo gesto de mis manos, que estaban temblando.
Te dije que no te fueras, me respondiste: "eso jamás va a ocurrir."
Con el paso del tiempo, me di cuenta de que tú eras todo lo que yo necesitaba.
Le sonreía a la pantalla del ordenador, pero quería sonreírte a ti. Por las noches, me imaginaba cómo sería tu voz... Por las mañanas, me despertaba agarrada a la almohada pensando que eras tú.
Todos los días esperaba que fueras tú el que llamaba a mi timbre y no el cartero.
Cada palabra que le susurraba al viento llevaba tu nombre.
Y llegó ese día. Ese día en el que escuché tu voz, ese día en el que te vi por primera vez. Estabas tan guapo detrás de ese ordenador... Es una lástima que no podamos abrazarnos, es una lástima que todo esto tenga que ocurrir a través de una 'cam' y que no pueda acariciar tu espalda mientras duermes a mi lado.
Tantas veces había deseado verte, que incluso se me pasó por la cabeza escaparme de toda esta mierda. Ir contigo. ¿Qué te parece? Bien, supongo.
Los días pasaban y no me escuchabas... Los meses pasaban y ya no me hablabas.
"¿Qué nos está pasando?" Esa pregunta que se pasaba cada día por mi mente. Y se repetía una y otra vez... "¿Qué nos está pasando?"
Rápidamente, comenzamos a olvidarnos. A pasar de los "te quiero" a los, "ya ni te pienso".
¿Y ahora qué nos queda? ¿Qué nos queda? Una aguja, y un dedal, que comienzan a unir los recuerdos que antes tan enlazados estaban, y ahora ni los reconocemos. ¿Volverán a unirse esos recuerdos?
Quién sabe. Yo nunca te olvidé. Jamás pude. Cada noche trataba de averiguar qué te pasaba. Cada día trataba de sonreír, convenciendo al mundo de que no me pasaba nada a mí.
¿Ahora? Ahora sigo pensando en ti como la primera vez. ¿Te das cuenta? Nada ha cambiado para mí. Sigo manteniendo esos trocitos de nuestra historia con vida.
Sin nada que podamos decirnos ya, trato de encontrar la manera de volver a hablarte, de volver a aparecer en tu vida.
Supongo que ya no puedo, supongo que tú ya has pasado de mí y jamás podré existir de nuevo para ti. Pero si lees esto alguna vez, querido amor inolvidable, quiero que sepas que necesito tu cariño como las cenizas necesitan al fuego para formarse. Como las hojas de los árboles necesitan un tronco para sujetarse.


sábado, 15 de diciembre de 2012

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No tengo planes. No tengo con quién mantener conversaciones hasta las seis de la mañana. No tengo a quién contarle mis ideas. No tengo con quién pasar el tiempo aburrido, ni con quién compartir las sonrisas.
En realidad no tengo nada de eso, pero a la vez lo tengo todo.

Mi mente juega a imaginar que estás aquí, conmigo. Mi mente juega planeando cosas que aún nadie ha planeado.
Mi mente decide formar un cúmulo de ideas pensadas sólo para ti, para nosotros.
A veces, decido recordar, no sé cómo, me sale solo... Recuerdo nuestras conversaciones, en aquel verano tan lejano... Me acuerdo de cuando decidiste empezar a quererme, de cuando decidimos empezar a formar algo especial.
Soy una ilusa, sí, lo reconozco. ¿Y qué más da? 
Recuerdo cuando decidía jugar en sueños con tus labios, a mordértelos, a besarte sin parar...

Pero todos esos recuerdos, yacen ya donde nadie puede encontrarlos. Donde la gente piensa que jamás han existido. "Son sólo sueños", se atreven a decir... Pero lo que no saben, es que los sueños pueden hacerse realidad.

Y esa realidad que me apuñala por dentro, se hizo real.
Y aquí me tienes, escribiendo para nadie, escribiendo para todos...
Buscando un camino, que me ayude a salir, de este maldito sueño, que se ha convertido en realidad.
Que en aquel verano, de aquel año, de aquel mes, y ese día que ninguno de los dos recuerda como un número, siguen presentes en nuestras vidas.