Un café y unas cuantas palabras redactadas en un cuaderno que nadie va a leer...
La noche se consume como el cigarro que nos fumamos a pachas aquella tarde de invierno. Hace una noche espectacular para comenzar a olvidarte, pero no quiero.
Me comparan el cielo con tus ojos y yo les digo que tus ojos son más que eso, van más allá de su color, la manera en la que miras con ellos es mil veces mejor.
Creo que la cafeína me afecta, son las 5:22 de la mañana y estoy a un sólo 'clic' de llamarte y decirte que te extraño. A un sólo 'clic'...
No me atrevo. Una lástima... Tan sólo miro tu perfil unas dos veces más antes de ir a dormir y... satisfecha. Como siempre. Como cada día desde que no te he vuelto a ver, como cada madrugada.
La persiana de mi habitación ilumina por partes mis piernas, y la pared donde solía colgar nuestras fotos... Qué recuerdos.
Ahora a penas un par de pósteres sobre la vida de un rockero y la foto de la graduación, que tanto recuerdo.
Añoro esos días de invierno con sabor a verano y los besos largos con sabor a 'te quiero'.
Echo de menos un poco de cariño y algunos abrazos que hacían el momento infinito.
Te echo de menos, ojos de cielo.
viernes, 12 de julio de 2013
jueves, 11 de julio de 2013
Soñar se ha convertido en mi escapatoria para ser feliz.
Anoche mi mente decidió jugar con tu recuerdo. Con mis debilidades, y contigo cumpliendo mis sueños.
Soñé con tus ojos claros fijos en mi nuca, con mi debilidad favorita. Comenzaste retirándome el pelo hacia un lado y haciendo magia con tus dedos en mi nuca, y suavemente descendiendo por la espalda. Esa es la mayor de mis debilidades, y tú la completaste.
Y ahí, perdimos la razón y la noción del tiempo. Y fue lo mejor que pudo pasar, y fuiste lo mejor que pudo aparecer en esa nube de recuerdos, en ese sueño.
La comisura de tus labios hizo que esa noche me volviera loca, y es que mis ojos no paraban de repasarla, a la vez que mis manos no dejaban de tocarla.
Mis huesos se clavaban en tu cintura y ese era el dolor que más me gustaba. Tu risa era un arma muy contagiosa y yo disfrutaba con cada una de las sonrisas que se nos formaban al finalizar un beso.
Sentía tu respiración tan pegada junto a la mía que eso me producía cosquillas ahí donde dicen que el amor se esconde, en el corazón.
Y entonces nuestros corazones se pusieron a latir al mismo tiempo, se pusieron de acuerdo, llevaban el mismo ritmo, la misma sintonía, y lo noté... Y entonces supe que ese momento fue el más feliz de todos los que había vivido.
Porque cuando sientes que tu corazón está en sintonía con el de otra persona, cuando realmente lo sientes, algo se produce en tu interior y todo eso que antes no tenía sentido, ahora cobra sentido. Y encuentras las respuestas a todas las preguntas que has estado haciéndote, y la respuesta siempre es el nombre de la otra persona.
Es una pena que soñar se haya convertido en la única escapatoria que tengo para ser feliz.
viernes, 5 de julio de 2013
'Sin título.'
Tú un folio en blanco, yo un bolígrafo con la mitad de la tinta. Tú un libro a medio leer, yo una lectora empedernida. Tú un café sin azúcar, yo el edulcorante que te hace falta. Tú una botella de ron, yo intentando olvidar. 'Él era un libro en blanco, ella la mejor escritora.' Yo necesitaba palabras, tú eras mi inspiración... ¿Te das cuenta de lo mucho que nos necesitamos el uno al otro?
¿Te das cuenta de que sin tus manos recorriendo mi piel, no puedo vivir? ¿De que vivo y muero por morderte los labios después de un beso largo? ¿De que los besos de otras bocas no saben iguales?
Esta noche he tenido que dormir con la luz encendida porque me han hablado de uno de esos monstruos. Y tenía miedo. Porque me han dicho que no ibas a volver nunca, que jamás te volvería a ver si apagaba la luz, no sé si me entiendes. Y no quería, no quería dejar de ver esos ojos de cielo, no quería dejar de ver tu lunar en el cuello y no quería dejar de sentir tus dedos recorriendo mis finos labios rojos y haciéndome sentir única.
Se ve que ese 'monstruo' existe de verdad, porque ya no estás. Y ahora no sé lo que hay que hacer para que vuelvas... Ni para que vuelvas a perder el control entre mis sábanas.
Ya no sé qué hacer para dejar de morderme la vida. Para dejar de morder los recuerdos y sacarlos a la luz otra vez. Para dejar de autodestruirme viendo fotos antiguas...
Y aquí sigo, son las 12:38, es de noche y hace calor, y yo desvelada por haber soñado que me acariciabas...
Supongo que esta reflexión debería llevar tu nombre, porque no hago más que hablar de ti, pero ya que no puedo titularlo de esa manera, y no puede llevar ningún otro título que no sea tu nombre, he decidido llamarlo: 'Sin título.' Porque hay muchas cosas de las que no sé el título y esta es una de ellas...
viernes, 28 de junio de 2013
Nostalgia.
Intenté controlarme de alguna forma en la que no tuviese que acordarme de ti, pero recordé la última vez en la que respiré hacia tu dirección, y entonces todo en mi mente volvió a formarse.
Me atreví a decirle a mi corazón que parara de hacerlo, que parase de latir tan fuerte cuando alguien decía tu nombre o cuando simplemente te veía por la calle.
Fui capaz hasta de pegarle a la pared, con tal de que los recuerdos se disiparan, con tal de que tu recuerdo se desvaneciera...
¿Cuál fue el resultado? Nada. A penas pude mantener la mente en blanco cuando tu aliento se dirigió otra vez hacia mi dirección.
La gente no hacía más que hablar de adicciones, y yo no hacía más que pensar: 'que no hablen de adicciones si no han escuchado tu risa'. Y entonces pensé en tu risa. Y fue lo peor que pude hacer... Porque después de eso vino tu voz... Ese tipo de voz que puedes estar horas escuchando y no te cansarías nunca de su tono, del ritmo que lleva al hablar, de la dulzura que usabas con algunas palabras y de cómo hacías que otras sonaran graciosas. Y escuchar tu voz diciendo 'enana' o cualquier otra cosa con la que sabías que me picaba, tengo que confesar, que era lo mejor del mundo...
Y así pasé el tiempo, pensando en las cosas a las que soy adicta. Y en las personas a las que soy adicta. Y entonces me acordé de que era muy tarde, pero con tantas adicciones que tengo se me olvidó mencionar el café, y me tomé dos cafés fríos, y fue la mejor sensación del mundo porque me imaginé tu boca con sabor a café y entonces sonreí. Y me di cuenta de cuánto iba a costar olvidarte. Pero también me di cuenta de que, no sé cómo lo haces, pero aunque no estés a mi lado sigues haciéndome sonreír, aunque ahora es distinto...
Fue una de esas sonrisas de anhelo y tristeza, ¿habéis oído hablar de ellas? Pues eso es lo que me pasaba. Al principio sonreía por recordar los buenos momentos, y porque en esos buenos momentos estabas tú, pero luego comenzaba a echarte de menos y a darme cuenta de cuántas cosas me quedaban por decirte, de cuántos momentos me gustaría haber pasado contigo y de todo lo que me voy a perder.
Y bueno, ya sabéis que las noches pensativas son mi punto débil y ni siquiera me di cuenta de que en el último café de la noche caían las últimas lágrimas del día, y entonces me quedé dormida encima del escritorio con la nostalgia de no tenerte a mi lado, siempre con ese sentimiento que odio, que no me gusta nada... El café terminó sabiéndome amargo a pesar de la noche tan bonita que se había quedado.
Me atreví a decirle a mi corazón que parara de hacerlo, que parase de latir tan fuerte cuando alguien decía tu nombre o cuando simplemente te veía por la calle.
Fui capaz hasta de pegarle a la pared, con tal de que los recuerdos se disiparan, con tal de que tu recuerdo se desvaneciera...
¿Cuál fue el resultado? Nada. A penas pude mantener la mente en blanco cuando tu aliento se dirigió otra vez hacia mi dirección.
La gente no hacía más que hablar de adicciones, y yo no hacía más que pensar: 'que no hablen de adicciones si no han escuchado tu risa'. Y entonces pensé en tu risa. Y fue lo peor que pude hacer... Porque después de eso vino tu voz... Ese tipo de voz que puedes estar horas escuchando y no te cansarías nunca de su tono, del ritmo que lleva al hablar, de la dulzura que usabas con algunas palabras y de cómo hacías que otras sonaran graciosas. Y escuchar tu voz diciendo 'enana' o cualquier otra cosa con la que sabías que me picaba, tengo que confesar, que era lo mejor del mundo...
Y así pasé el tiempo, pensando en las cosas a las que soy adicta. Y en las personas a las que soy adicta. Y entonces me acordé de que era muy tarde, pero con tantas adicciones que tengo se me olvidó mencionar el café, y me tomé dos cafés fríos, y fue la mejor sensación del mundo porque me imaginé tu boca con sabor a café y entonces sonreí. Y me di cuenta de cuánto iba a costar olvidarte. Pero también me di cuenta de que, no sé cómo lo haces, pero aunque no estés a mi lado sigues haciéndome sonreír, aunque ahora es distinto...
Fue una de esas sonrisas de anhelo y tristeza, ¿habéis oído hablar de ellas? Pues eso es lo que me pasaba. Al principio sonreía por recordar los buenos momentos, y porque en esos buenos momentos estabas tú, pero luego comenzaba a echarte de menos y a darme cuenta de cuántas cosas me quedaban por decirte, de cuántos momentos me gustaría haber pasado contigo y de todo lo que me voy a perder.
Y bueno, ya sabéis que las noches pensativas son mi punto débil y ni siquiera me di cuenta de que en el último café de la noche caían las últimas lágrimas del día, y entonces me quedé dormida encima del escritorio con la nostalgia de no tenerte a mi lado, siempre con ese sentimiento que odio, que no me gusta nada... El café terminó sabiéndome amargo a pesar de la noche tan bonita que se había quedado.
sábado, 15 de junio de 2013
Lunes cuesta, martes imposible sin tu voz.
Lunes sin tu voz.
Me cuesta no escuchar tu voz angelical tanto, que ya deseo volver a dormirme sólo para oírte diciéndome al oído lo que tanto añoro a la vez que recorro tu espalda dibujando con besos el mapa que te haga volver directo a mi cama.
No sabes lo que añoro subirme a tu espalda y jugar con tu nuca mientras te beso lentamente...
O hacerte rabiar, y luego acabar la jugada con un beso largo... Qué recuerdos.
¿Te acuerdas de cuando conquistamos el mundo? O al menos de cuando conquistamos nuestro mundo...
¿Sabes? La gente no hacía más que preguntarme que por qué estaba tan feliz, que por qué sonreía en clase, por qué estaba en las nubes... Y yo pensaba: ¿acaso no saben que soy dueña de los mejores lunares que existen en el mundo? Y cuando tenía que contestar, solamente susurraba tu nombre y esa era la única respuesta que daba.
Y me gustaba que fueras la respuesta a todas las preguntas que me hacían, o que yo misma me hacía. Me gustaba que estuviéramos en boca de todos como 'la pareja más bonita'.
Recuerdo cómo me temblaban las piernas cada vez que quedábamos, y mira que hemos quedado veces, ¿eh? Pues yo estaba tan nerviosa y torpe como la primera vez que te vi.
Sé que suena raro, pero palpitabas tan fuerte en mi corazón que hasta había veces que dolías. Sigues palpitando, aunque ahora más en silencio que otras veces. Sigo soñando contigo. Sigo sonriendo cada vez que pienso en ti.
Ahora lo único que tiemblan son mis huesos del frío que hace si no estás a mi lado. Trato de acostumbrarme a no tener unos ojos que me miren de esa forma en la que tú solías hacerlo, pero no puedo. Soñar contigo ya es costumbre, y si tengo que quedarme dormida solamente para verte, entonces dormiré lo máximo posible.
Aunque, ¿sabes? A veces hago de tripas corazón y me quedo despierta hasta la madrugada mirando fotos, o simplemente entrando en tu perfil cada cinco minutos...
A veces tengo que abrazarme a lo más próximo que tenga para no caerme. A veces los cafés me saben a poco si sé que no voy a compartir ninguno contigo. A veces estar despierta hasta las tres de la mañana no tiene sentido si no es para hablar contigo... Sin ti estoy incompleta.
Y en mi imaginación sigues estando tú. Y sigo estando yo. Y veo tus tobillos sobresaliendo por las sábanas de mi cama y, bueno, ya sabes que tus tobillos me pierden.
Pero la jugada termina cuando suena el despertador, y... Vuelta a empezar. (Martes sin tu voz.)
Me cuesta no escuchar tu voz angelical tanto, que ya deseo volver a dormirme sólo para oírte diciéndome al oído lo que tanto añoro a la vez que recorro tu espalda dibujando con besos el mapa que te haga volver directo a mi cama.
No sabes lo que añoro subirme a tu espalda y jugar con tu nuca mientras te beso lentamente...
O hacerte rabiar, y luego acabar la jugada con un beso largo... Qué recuerdos.
¿Te acuerdas de cuando conquistamos el mundo? O al menos de cuando conquistamos nuestro mundo...
¿Sabes? La gente no hacía más que preguntarme que por qué estaba tan feliz, que por qué sonreía en clase, por qué estaba en las nubes... Y yo pensaba: ¿acaso no saben que soy dueña de los mejores lunares que existen en el mundo? Y cuando tenía que contestar, solamente susurraba tu nombre y esa era la única respuesta que daba.
Y me gustaba que fueras la respuesta a todas las preguntas que me hacían, o que yo misma me hacía. Me gustaba que estuviéramos en boca de todos como 'la pareja más bonita'.
Recuerdo cómo me temblaban las piernas cada vez que quedábamos, y mira que hemos quedado veces, ¿eh? Pues yo estaba tan nerviosa y torpe como la primera vez que te vi.
Sé que suena raro, pero palpitabas tan fuerte en mi corazón que hasta había veces que dolías. Sigues palpitando, aunque ahora más en silencio que otras veces. Sigo soñando contigo. Sigo sonriendo cada vez que pienso en ti.
Ahora lo único que tiemblan son mis huesos del frío que hace si no estás a mi lado. Trato de acostumbrarme a no tener unos ojos que me miren de esa forma en la que tú solías hacerlo, pero no puedo. Soñar contigo ya es costumbre, y si tengo que quedarme dormida solamente para verte, entonces dormiré lo máximo posible.
Aunque, ¿sabes? A veces hago de tripas corazón y me quedo despierta hasta la madrugada mirando fotos, o simplemente entrando en tu perfil cada cinco minutos...
A veces tengo que abrazarme a lo más próximo que tenga para no caerme. A veces los cafés me saben a poco si sé que no voy a compartir ninguno contigo. A veces estar despierta hasta las tres de la mañana no tiene sentido si no es para hablar contigo... Sin ti estoy incompleta.
Y en mi imaginación sigues estando tú. Y sigo estando yo. Y veo tus tobillos sobresaliendo por las sábanas de mi cama y, bueno, ya sabes que tus tobillos me pierden.
Pero la jugada termina cuando suena el despertador, y... Vuelta a empezar. (Martes sin tu voz.)
miércoles, 22 de mayo de 2013
Amor y otras drogas.
Sus labios carnosos recorren mi espalda, es el mayor de los placeres. Sus manos frías en mi cintura, acariciando todo mi cuerpo, y él... Él es la octava maravilla del mundo.
Los besos se sirven como un té frío en invierno. Esta locura no ha hecho más que empezar.
Cinco segundos más tarde y hemos perdido el control. La ropa nos queda grande, y hace calor.
Un beso, dos, tres, no sé, ya he perdido la cuenta, pero me sabe a poco, quiero más. Tus ojos clavados en los míos, jugamos a ser felices, jugamos a querernos. Y al final ganaremos los dos.
Dime, ¿para qué quiero drogas teniendo tu cuerpo? Si es que me haces tocar el cielo.
Tu voz susurrando un 'te quiero, princesa' y yo perdiendo la cabeza.
Felicidad. Por fin conozco su significado, qué casualidad que haya sido estando a tu lado.
Cada vez que te despido, una parte de mí se rompe, soy frágil como la porcelana. Echarte de menos me cuesta cada vez más, es difícil.
Suena raro, pero me he acostumbrado a ti. A tus manías, a tus hobbies, a tus sonrisas, a tus miradas, a nuestros labios pegados los unos con los otros, a tus fobias, a tus infantiladas, a tu madurez, a tu seriedad cuando el momento es el adecuado, y sobre todo, me he acostumbrado a un nosotros.
Los besos se sirven como un té frío en invierno. Esta locura no ha hecho más que empezar.
Cinco segundos más tarde y hemos perdido el control. La ropa nos queda grande, y hace calor.
Un beso, dos, tres, no sé, ya he perdido la cuenta, pero me sabe a poco, quiero más. Tus ojos clavados en los míos, jugamos a ser felices, jugamos a querernos. Y al final ganaremos los dos.
Dime, ¿para qué quiero drogas teniendo tu cuerpo? Si es que me haces tocar el cielo.
Tu voz susurrando un 'te quiero, princesa' y yo perdiendo la cabeza.
Felicidad. Por fin conozco su significado, qué casualidad que haya sido estando a tu lado.
Cada vez que te despido, una parte de mí se rompe, soy frágil como la porcelana. Echarte de menos me cuesta cada vez más, es difícil.
Suena raro, pero me he acostumbrado a ti. A tus manías, a tus hobbies, a tus sonrisas, a tus miradas, a nuestros labios pegados los unos con los otros, a tus fobias, a tus infantiladas, a tu madurez, a tu seriedad cuando el momento es el adecuado, y sobre todo, me he acostumbrado a un nosotros.
martes, 14 de mayo de 2013
The last day.
Cenizas. Eso es lo único que queda.
Recuerdo su voz, su fascinante voz. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo, como si me pasasen un hielo por toda la espalda.Nuestras miradas se cruzan, una sonrisa.
Nos fumamos las promesas como si sólo nos importase ese momento, porque sabemos que tarde o temprano vamos a tirar la toalla.
Es nuestra última noche juntos. La última.
Tal vez otra persona no querría verte, pero yo, sabes que no podría desperdiciar un sólo minuto a tu lado, y si va a ser la última vez que nos veamos quiero que sea así.
Tu piel pegada con mi piel. Tus labios deseando los míos. Nuestros cuerpos atrayéndose como si de imanes se tratasen.
Luna llena en esta noche de deseo y lo único que quiero es ver las estrellas a tu lado.
Mi pintalabios rojo en tu pecho reluce junto con la luz de las dos únicas farolas que entra por tu ventana. Y me gusta. No te haces una idea de lo mucho que me gusta que ese sea mi pintalabios y no el de otra.
Arañazos en la espalda, moratones en los carrillos, chupetones en el cuello y dime: ¿a quién le importa?
Sabes que eres el único para mí. Sabes que juntos somos invencibles, que este amor es más fuerte que cada kilómetro que pueda separarnos, que esta noche es única.
Una botella de Jack Daniel's nos acompaña, y, sentados en tu portal sin nada que decir, mirando lo único que podemos mirar ahora, esperamos que esa estrella fugaz nos dé una última esperanza a los dos. Que nos dé otra oportunidad. O que nos dé la seguridad de que volveremos a vernos, al menos de que nuestras miradas puedan decir un 'hasta siempre' y no un 'adiós' tan vacío como nuestras almas en este momento.
Desesperación.
Desde aquel día no hago más que dibujar tu nombre en el aire, los minutos se me hacen eternos, la cama se me queda grande, el café me sabe amargo, añoro quedarme hasta las seis de la mañana hablando contigo. Con lo más bonito del mundo. Has desaparecido. Ya no estás. Y te necesito. Te necesito como la rosa necesita las espinas, te necesito como los delfines necesitan el mar, como todo ser vivo necesita el aire para respirar.
No volvimos a hablar. No tengo noticias de ti. Simplemente nos separamos y ya. Dime, ¿qué querías de mí? ¿Ya te has olvidado de todo?
Supongo que eso que me dijiste de que no volverías era cierto. Sí... Fui una tonta al pasar el último día contigo, porque ahora no paro de pensar en ti, en tus lunares, y en cada marca de nacimiento que te encontré.
No quiero ponerle un nombre a esto, porque sé que si digo la palabra prohibida jamás me desataré de este sentimiento, pero... ¿Sabes? Estaba escuchando mi canción favorita y la palabra prohibida ha sonado, y entonces me he vuelto a acordar de ti, y entonces no he parado de llorar, porque la frase tiene más razón de lo que yo pensaba y... Bueno, no sé, ahora mismo mi cabeza no para de repetir lo mismo una y otra vez: 'mi amor por ti era a prueba de balas, pero tú fuiste quien disparó'.
Al fin y al cabo pensé que volverías, pero no todos los finales son felices. No en la vida real.
domingo, 28 de abril de 2013
Atentamente, una melómana.
No sé muy bien cómo empezar esto. En realidad no sé si voy a conseguir expresar realmente lo que quiero, porque es complicado, es algo que sólo entenderíais si estuvierais dentro de mi mente.
Supongo que debo empezar dando las gracias, aunque no podáis entenderlo.
Gracias por estar ahí cuando estoy triste, porque al fin y al cabo eres lo que consigue que permanezca viva. Eres eso que necesito cada día, a cada hora, en lo que pienso cada segundo del día. Nunca me dejas tirada. Y eso es algo que valoraré siempre.
¿Y sabes qué?
De lo único que tengo miedo en esta vida es de quedarme sin ti, pero sé que eso jamás pasará, y lo sé porque hasta que muera me acompañarás el resto de mi vida.
Gracias por los buenos momentos, porque la mayoría de las sonrisas las acompañas tú, siempre dando la nota.
Jamás podría describir este sentimiento, porque cada vez que te escucho es como si hubiese encontrado la octava maravilla del mundo, y es que yo vivo en tu planeta.
Incluso me ayudas cada vez que necesito escribir algo, ¡es genial!
Tengo mucha suerte de poder escucharte, y poder sentirte. Porque la sensación, es lo mejor de todo. ¿Sabes cuando te acarician el pelo muy suave y lentamente? Pues esta sensación es mucho mejor.
A veces me haces llorar, pero es normal, porque transmites tanto que las lágrimas salen solas.
Me emociono cada vez que coloco los cascos y te escucho en una grabación. Aunque está claro que es mucho mejor escucharte en directo, porque me tiemblan las piernas si te escucho al natural.
Cuando mi día empieza a las seis de la mañana y no tengo ganas de ir a clase, o de simplemente levantarme de la cama, tú eres una de las razones que hace que salga de mi cama pegando un brinco y con una sonrisa enorme, da igual que sea lunes, martes, miércoles, jueves o viernes.
¿Te he hablado alguna vez de cuando estoy enamorada? La mayoría de las veces todo es muy sentimental y muy feliz... Pero cuando me pongo a pensar, haces que mi mente se vuelva triste. No sé. La razón de mi bipolaridad muchas veces eres tú.
Pero no pienses mal, eso no quiere decir que no sigas siendo la razón de mi felicidad, que lo eres, y lo serás siempre, y nada ni nadie podrá superarte... Porque...
Querida música, tú has sido, eres y serás mi hobbie favorito.
Y en un papel, no puedo expresar la mitad de lo que siento cada vez que escucho la intro de una canción perfecta o cada redoble de tambor que escucho, porque eso consiste en sentirlo, en sentir ese hormigueo en el estómago. Esa vibración en el cuerpo cuando la música está al máximo volumen y te retumba el doble el corazón.
Supongo que debo empezar dando las gracias, aunque no podáis entenderlo.
Gracias por estar ahí cuando estoy triste, porque al fin y al cabo eres lo que consigue que permanezca viva. Eres eso que necesito cada día, a cada hora, en lo que pienso cada segundo del día. Nunca me dejas tirada. Y eso es algo que valoraré siempre.
¿Y sabes qué?
De lo único que tengo miedo en esta vida es de quedarme sin ti, pero sé que eso jamás pasará, y lo sé porque hasta que muera me acompañarás el resto de mi vida.
Gracias por los buenos momentos, porque la mayoría de las sonrisas las acompañas tú, siempre dando la nota.
Jamás podría describir este sentimiento, porque cada vez que te escucho es como si hubiese encontrado la octava maravilla del mundo, y es que yo vivo en tu planeta.
Incluso me ayudas cada vez que necesito escribir algo, ¡es genial!
Tengo mucha suerte de poder escucharte, y poder sentirte. Porque la sensación, es lo mejor de todo. ¿Sabes cuando te acarician el pelo muy suave y lentamente? Pues esta sensación es mucho mejor.
A veces me haces llorar, pero es normal, porque transmites tanto que las lágrimas salen solas.
Me emociono cada vez que coloco los cascos y te escucho en una grabación. Aunque está claro que es mucho mejor escucharte en directo, porque me tiemblan las piernas si te escucho al natural.
Cuando mi día empieza a las seis de la mañana y no tengo ganas de ir a clase, o de simplemente levantarme de la cama, tú eres una de las razones que hace que salga de mi cama pegando un brinco y con una sonrisa enorme, da igual que sea lunes, martes, miércoles, jueves o viernes.
¿Te he hablado alguna vez de cuando estoy enamorada? La mayoría de las veces todo es muy sentimental y muy feliz... Pero cuando me pongo a pensar, haces que mi mente se vuelva triste. No sé. La razón de mi bipolaridad muchas veces eres tú.
Pero no pienses mal, eso no quiere decir que no sigas siendo la razón de mi felicidad, que lo eres, y lo serás siempre, y nada ni nadie podrá superarte... Porque...
Querida música, tú has sido, eres y serás mi hobbie favorito.
Y en un papel, no puedo expresar la mitad de lo que siento cada vez que escucho la intro de una canción perfecta o cada redoble de tambor que escucho, porque eso consiste en sentirlo, en sentir ese hormigueo en el estómago. Esa vibración en el cuerpo cuando la música está al máximo volumen y te retumba el doble el corazón.
viernes, 12 de abril de 2013
En el vacío de mis pensamientos.
Aún con los oídos tapados reconocería tu voz, porque la tengo grabada en el alma.
¿Y sabes? Quizá lo único que tenga que hacer sea dejar pasar las cosas, aunque sepa perfectamente que todo lo que necesito eres tú.
Que puede que pasen mil chicos delante de mí, pero ninguno hará que me gire, porque ninguno de ellos llevará tu perfume.
Cualquier cosa ya me recuerda a ti, cualquier forma de hablar, la manera de expresarme...
¿Sabes? Tú no estás ahí para escucharlo, pero a veces, mi voz se rompe. Mi voz se vuelve ronca y se junta con el lamento y la sinceridad de mis lágrimas. Y entonces ya no vuelvo a ser la misma.
Me he roto. He partido en mil pedazos lo que antes estaba recompuesto y lo que decía quién era yo, y ahora... Ahora, ¿quién soy? ¿Qué ha cambiado? O mejor dicho, ¿qué has cambiado en mí? ¿Por qué no puedo recomponerme? ¿Por qué no puedo volver a ser la misma chica de antes que no sonreía, que era borde y que nunca decía cosas bonitas?
A veces echo de menos algunas cosas, ¿la soledad puede echarse de menos? Bueno, no creo que se trate de la soledad, sino de tiempo para mí. Porque no tengo tiempo de pararme a pensar y decir: 'eh, mira, la razón del por qué estás así está ahí, delante de ti, sonriéndote en este mismo momento.'
Y no sé qué hago ahora mismo escribiendo si nadie va a leerme, nadie me entenderá y nadie hará que esto cambie. Supongo que es una forma de escaparme de mis pensamientos, aunque los retrate aquí mismo, en forma de palabras, o en el folio, en forma de tachones, nombres propios y promesas que jamás saldrán a la luz.
Alguna vez he logrado imaginar cómo sería si todo lo que escribiese en papel se hiciera real. Pero digamos que mi imaginación da para mucho, demasiado, y aunque estos relatos puedan ser leídos por vosotros, mis pensamientos jamás nadie podrá entenderlos y es entonces cuando me quedo igual que cuando empecé a escribir esto: vacía.
¿Y sabes? Quizá lo único que tenga que hacer sea dejar pasar las cosas, aunque sepa perfectamente que todo lo que necesito eres tú.
Que puede que pasen mil chicos delante de mí, pero ninguno hará que me gire, porque ninguno de ellos llevará tu perfume.
Cualquier cosa ya me recuerda a ti, cualquier forma de hablar, la manera de expresarme...
¿Sabes? Tú no estás ahí para escucharlo, pero a veces, mi voz se rompe. Mi voz se vuelve ronca y se junta con el lamento y la sinceridad de mis lágrimas. Y entonces ya no vuelvo a ser la misma.
Me he roto. He partido en mil pedazos lo que antes estaba recompuesto y lo que decía quién era yo, y ahora... Ahora, ¿quién soy? ¿Qué ha cambiado? O mejor dicho, ¿qué has cambiado en mí? ¿Por qué no puedo recomponerme? ¿Por qué no puedo volver a ser la misma chica de antes que no sonreía, que era borde y que nunca decía cosas bonitas?
A veces echo de menos algunas cosas, ¿la soledad puede echarse de menos? Bueno, no creo que se trate de la soledad, sino de tiempo para mí. Porque no tengo tiempo de pararme a pensar y decir: 'eh, mira, la razón del por qué estás así está ahí, delante de ti, sonriéndote en este mismo momento.'
Y no sé qué hago ahora mismo escribiendo si nadie va a leerme, nadie me entenderá y nadie hará que esto cambie. Supongo que es una forma de escaparme de mis pensamientos, aunque los retrate aquí mismo, en forma de palabras, o en el folio, en forma de tachones, nombres propios y promesas que jamás saldrán a la luz.
Alguna vez he logrado imaginar cómo sería si todo lo que escribiese en papel se hiciera real. Pero digamos que mi imaginación da para mucho, demasiado, y aunque estos relatos puedan ser leídos por vosotros, mis pensamientos jamás nadie podrá entenderlos y es entonces cuando me quedo igual que cuando empecé a escribir esto: vacía.
lunes, 1 de abril de 2013
Después de una tormenta...
Podría tratar de recomponerme, porque me he roto en mil pedazos.
Pero no, no puedo recomponerme porque esos pedazos no tienen que ver sólo conmigo.
El día está nublado, los árboles se zarandean hacia un lado y hacia otro al compás que mi pelo. A la vez que se va haciendo de noche, la niebla baja cada vez más y a mí me cuesta mucho divisar hacia dónde me dirijo. Sí, tal vez si estuviese en el centro sería mucho más fácil llegar hasta mi casa, pero me he ido a las afueras a hacer unas cuantas fotografías y ahora no consigo saber dónde estoy. Parece que todo el mundo haya desaparecido. Todo el mundo menos yo.
Para colmo, unas gotas de agua están mojando mis labios, mis mofletes, mi frente, y sucesivamente, hasta calarme entera. ¿De verdad esto tiene que pasarme a mí? Parece ser que sí.
Trato de guiarme siguiendo la luz de algún que otro coche que pasa por aquí, pero aún así, sigo sin saber en qué calle estoy.
Ahora que lo pienso... Este día tan raro y estas calles tan confusas se asemejan con los pensamientos en mi cabeza, porque estoy hecha un lío. Sí... Hace unos días lloraba como si se estuviese acabando mi vida, hace tres estaba sonriendo como una niña pequeña y ahora mismo... Ahora mismo no sé qué pensar. Los problemas pueden dejarse apartados varios días, pero cuando te das con ellos de frente, no puedes apartarlos, y tienes que afrontarlos. Y eso es lo que me ocurre a mí.
Siento que mi alma se ha roto, que ya no queda nada de mí, que me he vuelto fría y a la vez muy sensible y que no soy yo misma.
Porque yo antes era la chica más dulce que podíais conocer, los abrazos me encantaban y las caricias en la espalda me mataban. ¿Ahora? Ahora todo ha cambiado, yo he cambiado, y no tengo ni idea de por qué. Tan sólo me muestro tal y como debería ser ante pocas personas, y normalmente, soy una borde sin cuidado. Y lo siento mucho, pero me han dado tantos palos ya en esta vida, que no puedo tratar a cualquiera con dulzura y amabilidad.
Tal vez tenga que empezar de cero. A lo mejor estoy siendo un poco egoísta, a mí tampoco me gusta ser así, pero ya no sé cómo volver a la normalidad, porque mi razón para ser normal ya no está, y ahora sólo quedan trocitos de rabia y locura acumulados en mí.
Hasta que llegue esa persona que consiga calmarme, que consiga que mis pensamientos estén tranquilos como la noche que acaba de quedarse hace dos minutos.
Dicen que después de una tormenta siempre llega la calma.
Pero no, no puedo recomponerme porque esos pedazos no tienen que ver sólo conmigo.
El día está nublado, los árboles se zarandean hacia un lado y hacia otro al compás que mi pelo. A la vez que se va haciendo de noche, la niebla baja cada vez más y a mí me cuesta mucho divisar hacia dónde me dirijo. Sí, tal vez si estuviese en el centro sería mucho más fácil llegar hasta mi casa, pero me he ido a las afueras a hacer unas cuantas fotografías y ahora no consigo saber dónde estoy. Parece que todo el mundo haya desaparecido. Todo el mundo menos yo.
Para colmo, unas gotas de agua están mojando mis labios, mis mofletes, mi frente, y sucesivamente, hasta calarme entera. ¿De verdad esto tiene que pasarme a mí? Parece ser que sí.
Trato de guiarme siguiendo la luz de algún que otro coche que pasa por aquí, pero aún así, sigo sin saber en qué calle estoy.
Ahora que lo pienso... Este día tan raro y estas calles tan confusas se asemejan con los pensamientos en mi cabeza, porque estoy hecha un lío. Sí... Hace unos días lloraba como si se estuviese acabando mi vida, hace tres estaba sonriendo como una niña pequeña y ahora mismo... Ahora mismo no sé qué pensar. Los problemas pueden dejarse apartados varios días, pero cuando te das con ellos de frente, no puedes apartarlos, y tienes que afrontarlos. Y eso es lo que me ocurre a mí.
Siento que mi alma se ha roto, que ya no queda nada de mí, que me he vuelto fría y a la vez muy sensible y que no soy yo misma.
Porque yo antes era la chica más dulce que podíais conocer, los abrazos me encantaban y las caricias en la espalda me mataban. ¿Ahora? Ahora todo ha cambiado, yo he cambiado, y no tengo ni idea de por qué. Tan sólo me muestro tal y como debería ser ante pocas personas, y normalmente, soy una borde sin cuidado. Y lo siento mucho, pero me han dado tantos palos ya en esta vida, que no puedo tratar a cualquiera con dulzura y amabilidad.
Tal vez tenga que empezar de cero. A lo mejor estoy siendo un poco egoísta, a mí tampoco me gusta ser así, pero ya no sé cómo volver a la normalidad, porque mi razón para ser normal ya no está, y ahora sólo quedan trocitos de rabia y locura acumulados en mí.
Hasta que llegue esa persona que consiga calmarme, que consiga que mis pensamientos estén tranquilos como la noche que acaba de quedarse hace dos minutos.
Dicen que después de una tormenta siempre llega la calma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










.jpg)