Escribía tan sólo para calmar a mis demonios. Esta noche estaban escandalizados. No estabas aquí y ellos se ponían furiosos. Llenos de rabia. No había quien los controlara.
Escupían fuego y no se disculpaban. Me daban patadas en el estómago. Me atormentaban. Jugaban a clavarme las garras. Y todo porque me hacías falta.
A veces a ellos les bastaba con que les abriera la puerta y les dijera "todo está bien", para que se fueran. Pero esta noche no. Esta noche era diferente.
Ellos querían verte y tranquilizarse. Verte entrar por la puerta con cuidado y dejando las llaves en la rinconera junto a la estatua de sal que yace recobrando la forma de un lobo blanco que aúlla sin descanso aparente, y justo cuando entraras escuchar tu "cariño, ya estoy en casa". Pero esta noche no estaba siendo como esperaba.
Te habías largado sin mí. Sin mis demonios. Me dejaste congelada en un verano infernal. Fue horrible tener la sensación de estar vacía y saber que a mi alrededor había millones de cosas que podrían llenarme.
Millones de botellas de alcohol.
Pero prometí que no volvería a beber. Así que no lo hice.
Y te esperé.
Pero tampoco llegabas.
Las agujas del reloj me estaban matando y como si se tratase de una película de acción, cogí el reloj y lo lancé contra la pared con tanta rabia que no pude controlarme, y seguí con todos los cuadros que me habías pintado. Seguí con los vinilos de coleccionista que tenía. Dios Santo, estaba perdiendo el juicio. Me estaba volviendo loca totalmente.
Entonces paré.
Y me puse a llorar intentando recobrar el sentido de cuán feliz era antes y por qué ahora no lo era.
Habías desaparecido.
No estabas.
Te dejé trece llamadas perdidas y unos diez mensajes de voz en el contestador. ¿Dónde estabas?
Nadie contestaba.
Y a mí me hacías falta.
Tenía un pequeño pinchazo en el corazón. Me dolía aquella parte del pecho. Tenía ganas de expulsar el corazón por la boca y en un intento de desangrarme mentalmente por causa de los estragos, oí el motor de tu coche al otro lado de la puerta.
Sentí miedo, y al instante veracidad. Eras tú. Lo notaba en el alma.
Inquietud.
Calma.
Todo al mismo tiempo.
Tú, roto y vacío, me complementabas.
Te vi.
Y te besé.
Entonces todos los vasos empezaron a llenarse de agua. Y mis vasos sanguíneos de sangre. Ya no tenía frío.
Los dos estábamos tirados en el suelo.
Entre vinilos y cristales rotos.
Entre el infierno y el Cielo.
Demonios y Ángeles.
Catarsis.
Éramos el punto medio de todos los extremos. Uníamos al miedo y al valor. Uníamos el amor y el odio.
Juntos.
Simplemente éramos.
lunes, 4 de agosto de 2014
sábado, 5 de julio de 2014
La historia de Margaret y Kevin.
Aquella noche Margaret salía a dar un paseo mientras su pálida piel era iluminada por las estrellas y una de las dos mitades de la luna.
Ella se había dado por vencida aquella noche y decidió matar a los monstruos que le atormentaban.
Se quitó su abrigo de piel sintética y se desnudó para meterse en el mar a esas horas de la madrugada.
El agua iba subiendo por su piel a medida que ella se adentraba en él. Éste, le recorría lentamente el cuerpo, así, como un susurro entre sus piernas que poco a poco le hacía cosquillas en el estómago, y más tarde hasta llegar a su cuello, donde recordó las caricias que él le hacía cada noche mientras ella se estremecía.
Aquel chico le volvía completamente loca. Jamás hubiese conocido la locura de no ser por él. Se ponía nerviosa sólo con escuchar su voz, las muletillas le salían solas cada vez que mantenían una conversación, y las risas ya no podían contenerse, claramente era algo único lo que ese chico le hacía sentir a Margaret.
A veces, su timidez le importunaba, pero conseguía por completo que ella le prestara su cuerpo cuando por la noche le decía "pequeña", porque él sabía que a ella le encantaba aquello.
El olor a vainilla impregnado en su cuello le hacía a él quedarse atónito, fuera de lugar, perdido totalmente. Pero él se encontraba en cada beso que se daban. En realidad, podría decirse que siempre decía que estaba perdido para que ella no parara de buscarle, y seguidamente, con un beso, encontrarle.
Kevin decía que no conocía la cordura cuando estaba cerca de Margaret, y eso pasaba todo el tiempo.
Cuando Kevin se preguntaba dónde había estado Margaret toda su vida, ésta, sólo sabía responder: "he estado aquí todo el tiempo, pero nadie ha sabido encontrarme como tú lo has hecho".
Entonces Kevin decía enamorarse más cada segundo que transcurría después de que ella repitiera esa frase unas trescientas sesenta y cinco veces al año.
O cada vez que escuchara la dulce voz de Margaret, porque Kevin creía que Margaret tenía la voz más preciosa del Universo(y no lo pensaba precisamente porque fueran altas horas de la madrugada y hubiese bebido un poco de más esa noche).
Para los dos era difícil extrañarse sin apenas tenerse, pero era algo que no podían evitar.
Las noches sin poder dormir se hacían largas para Margaret porque él no podía acompañarle en su insomnio a ella.
Pero eran aún peor las mañanas en las que Kevin no podía despertarle a ella con el desayuno en la cama, o con caricias a las once de la mañana de un lunes festivo cualquiera.
Y las ganas les estaban torturando a los dos.
Ambos se complementaban de una forma un tanto excéntrica, sólo ellos dos entendían el concepto de relación que tenían, pero a ellos les bastaba con eso.
Se adoraban en secreto delante de todos, y gritaban que se tenían ganas mientras se hacían el amor el uno al otro, y con eso era más que suficiente.
La primera vez que decidieron hacer algo juntos, se sintieron tan conectados, que, a pesar de sus indiferencias, parecía que eran iguales.
Tenían la piel de la misma textura, ambos se recordaban el uno al otro acariciándose cada vez que un copo de nieve les caía en la mano, decían que era como tocarse y deshacerse a la vez, por eso lo asociaban a las noches blancas de Diciembre.
Cuando hacían el amor comparaban la temperatura de su piel con la del fuego y siempre creían que no haría calor suficiente ni en el Infierno que pudiera superar el suyo cuando conectaban su piel. Para ellos era la forma más honesta y bonita de demostrar que se querían.
Margaret decidió salir del mar aquella noche cuando por fin las nubes dejaron al descubierto la otra mitad de la luna, y ésta, estaba llena, y completa de felicidad.
martes, 24 de junio de 2014
41
Me había perdido por completo aquel día a principios de Junio, no me encontraba yo, y no me encontraba nadie. Apenas me sentía completa, y tampoco nadie me completaba. Me sentía vacía en un mundo repleto de personas con ganas de sentirse llenas, como yo.
Pasaban los días y sin darme cuenta, a mediados de Junio sonreía como una niña pequeña cuando acaba de estrenar un juguete precioso.
Alguien estaba removiendo mis sentimientos, y yo necesitaba sentirme así como agua en Mayo... ¡vaya que si lo necesitaba!
Ahora que estoy en medio de una canción desesperada diré que de no haber sido por aquellas sonrisas que me sacaron a flote, me hubiese hundido hace mucho.
Me sentía a salvo entre carcajada y carcajada, pero no me daba cuenta del sentimiento que estaba ocurriendo aquí adentro, del sentimiento de rareza que me envolvía.
Los "buenos días" me daban la vida, y las "buenas noches" a veces sentía que me la quitaban porque no sabía si al día siguiente íbamos a volver a hablar o simplemente lo dejaríamos pasar, y la verdad es que no me apetecía dejar de hablar contigo.
Los abrazos imaginarios se apoderaron de mi mente, y en un intento de dejar de pensar en eso, el corazón me arrebató esa idea de la cabeza, y no hizo otra cosa sino que hacerte aparecer cada noche en mi mente.
Maldito corazón impredecible.
Por las noches dormía abrazada a la almohada para aparentar que te tenía aquí cerca, pero al segundo día ya no me servía esa manera de sentirme como si estuviera a tu lado. Y tenía ganas de estarlo de verdad.
Cuando por fin escuché tu voz, sentí cómo las hormigas invisibles subían con delicadeza recorriendo toda mi piel: desde los pies hasta los hombros. El cosquilleo producido era similar al de las caricias y entonces pensé: ojalá estuvieras aquí.
Pero no estabas.
Los días pasaban y yo pasaba de imaginarme sin ti a imaginarme contigo, y mentiría si dijera que no me gustaba imaginarme contigo, porque el poder que tiene la mente para imaginar me daba la vida, ya que no podía tenerte aquí a mi lado.
Así que un día te besé mentalmente y creo que me gustó más que cualquier beso que me hayan dado. Me hubiera escapado de casa de no ser porque las consecuencias de hacer eso serían no volverte a ver, y casi que prefiero hacer las cosas bien a perder cualquier minuto sin ti.
Y, ¿sabes una cosa? En mis pensamientos hasta la torre Eiffel nos tiene envidia por tener más luz propia que ella, incluso Roma parece poco romántica cuando pienso en ti y en tus vértices, y Venecia me ha dicho que nos regala un paseo por sus aguas si le prometemos que no seremos tan bonitos como ella, pero me da que es imposible, porque tú eres precioso.
Pasaban los días y sin darme cuenta, a mediados de Junio sonreía como una niña pequeña cuando acaba de estrenar un juguete precioso.
Alguien estaba removiendo mis sentimientos, y yo necesitaba sentirme así como agua en Mayo... ¡vaya que si lo necesitaba!
Ahora que estoy en medio de una canción desesperada diré que de no haber sido por aquellas sonrisas que me sacaron a flote, me hubiese hundido hace mucho.
Me sentía a salvo entre carcajada y carcajada, pero no me daba cuenta del sentimiento que estaba ocurriendo aquí adentro, del sentimiento de rareza que me envolvía.
Los "buenos días" me daban la vida, y las "buenas noches" a veces sentía que me la quitaban porque no sabía si al día siguiente íbamos a volver a hablar o simplemente lo dejaríamos pasar, y la verdad es que no me apetecía dejar de hablar contigo.
Los abrazos imaginarios se apoderaron de mi mente, y en un intento de dejar de pensar en eso, el corazón me arrebató esa idea de la cabeza, y no hizo otra cosa sino que hacerte aparecer cada noche en mi mente.
Maldito corazón impredecible.
Por las noches dormía abrazada a la almohada para aparentar que te tenía aquí cerca, pero al segundo día ya no me servía esa manera de sentirme como si estuviera a tu lado. Y tenía ganas de estarlo de verdad.
Cuando por fin escuché tu voz, sentí cómo las hormigas invisibles subían con delicadeza recorriendo toda mi piel: desde los pies hasta los hombros. El cosquilleo producido era similar al de las caricias y entonces pensé: ojalá estuvieras aquí.
Pero no estabas.
Los días pasaban y yo pasaba de imaginarme sin ti a imaginarme contigo, y mentiría si dijera que no me gustaba imaginarme contigo, porque el poder que tiene la mente para imaginar me daba la vida, ya que no podía tenerte aquí a mi lado.
Así que un día te besé mentalmente y creo que me gustó más que cualquier beso que me hayan dado. Me hubiera escapado de casa de no ser porque las consecuencias de hacer eso serían no volverte a ver, y casi que prefiero hacer las cosas bien a perder cualquier minuto sin ti.
Y, ¿sabes una cosa? En mis pensamientos hasta la torre Eiffel nos tiene envidia por tener más luz propia que ella, incluso Roma parece poco romántica cuando pienso en ti y en tus vértices, y Venecia me ha dicho que nos regala un paseo por sus aguas si le prometemos que no seremos tan bonitos como ella, pero me da que es imposible, porque tú eres precioso.
viernes, 13 de junio de 2014
8.
A veces os juro que su nombre me suena a poesía con ganas de ser recitada todo el tiempo.
A veces "todo el tiempo" tan sólo son treinta segundos de caricias, pero para mí sigue siéndolo todo.
A veces 'todo' es algo inagotable que envuelve hasta el último detalle.
No sé.
Supongo que la cordura no es lo mío.
Supongo que la paciencia tampoco, y por eso permanezco aquí con un reloj atado como una soga al cuello.
Me dijo mil veces que fuera paciente, que estuviera bien, que fuese correcta, pero, por el amor de Dios, no me pidas eso cuando sabes que mataría por verte andar por el pasillo de mi casa con toda tu geografía al descubierto.
Por el amor de Dios.
Cuando todo estaba calmado llegas tú con tu indiferencia y apareces cuando no te he llamado. En realidad, me hubiese parecido una invocación de no ser porque soy un poco escéptica en estos casos, pero es que justo en ese instante estaba pensando en ti, y tu nombre resaltó de repente.
El mundo está lleno de casualidades, y tú fuiste la más bonita, de hecho.
En realidad, ¿sabes qué?
Vuelve a aparecer las veces que quieras, ya no sé cómo controlarlo. Ya no sé cómo salir de ésta. No sé cómo salir de ninguna de las tuyas.
Además, cada vez que apareces perviertes todos mis sentidos. No sé cómo lo haces. No sé cómo lo consigues. Pero no me ayuda nada saber que puedo estar enredada en tus vértices y verme aquí en esta noche fría de verano, irónico, ¿verdad?
Realmente no recuerdo tu nombre, por eso creo que "Ocho", es la palabra perfecta para describirte.
No me preguntes por qué. Ni yo lo sé. Y si lo supiera no te lo diría. Sería incapaz de mostrar todos mis sentimientos a flor de piel porque soy incapaz de decirte que me gustas. Sería incapaz de darle al 'enter' a esta chorrada si no supiera que no ibas a leerlo, aunque seguramente lo hagas, nunca sabrías que pierdo el Norte por dedicarte el Sur de mis caderas.
lunes, 9 de junio de 2014
Precioso.
Cuando me preguntaron qué fue lo que vi de bonito en él... respondí que todo él entero era bonito.
Desde su manía por meterse las manos en los bolsillos cada vez que andaba a mi lado, hasta su forma tan incompetente de discutir qué película queríamos ver aquella noche.
Desde sus pupilas hasta el centro de su espalda.
Desde su cuello hasta sus labios ásperos y finos.
Todo él era belleza.
Si me hubiesen preguntado qué era lo que veía en él hubiese respondido que para mí su cuerpo era el mejor arte que podía existir jamás, y que su voz era la banda sonora de mi vida... si no fuese porque ya lo era.
En realidad... para qué creer en una religión cuando creía en sus perfecciones y en sus defectos. Cuando creía que un defecto suyo era una virtud más a poner en contracorriente de mis defectos. Joder, qué maravilla de chico tenía delante ese día.
Tantas veces soñé con sus besos que cuando la primera vez que nos besamos de verdad creía haberlo hecho ya de no ser porque me envolvió en una nube de deseos.
Y...
Ay, Dios Santo.
Cuando le besé mi instinto animal se despertó.
Y sólo quería pasar las noches con él para que me enseñase a pelear en la guerra entre nuestras sábanas.
Y sólo quería despertarme todas las mañanas con un cosquilleo en la barriga provocado por sus besos en la madrugada.
Y bueno, nos quedaban tantas cosas por hacer...
Creo que necesito siete vidas para vivir con él para que nos de tiempo realmente a terminar todo lo que quiero empezar a vivir con él. Creo que necesito todos los segundos del mundo para disfrutar de sus caricias en mi espalda. Creo que no quiero perder el tiempo si no es con él.
Y quiero que me cante todos los días "Wonderwall", y quiero poder cantarle yo el estribillo porque para mí él es mi maravilla.
Sinceramente ni todos los versos del mundo son suficientes para hablaros de su belleza.
Sinceramente no quiero que le conozcáis porque quien le descubra seguro que querrá arrebatármelo. Y le necesito.
Le necesito más que a nada.
Más que a nadie.
Más que a todo.
Así que, por favor, no me habléis de belleza si no le habéis visto andar. No me habléis de belleza si no le habéis oído cantar o respirar, si no habéis escuchado su nombre entre los susurros del viento.
No me habléis de belleza si no le conocéis.
Desde su manía por meterse las manos en los bolsillos cada vez que andaba a mi lado, hasta su forma tan incompetente de discutir qué película queríamos ver aquella noche.
Desde sus pupilas hasta el centro de su espalda.
Desde su cuello hasta sus labios ásperos y finos.
Todo él era belleza.
Si me hubiesen preguntado qué era lo que veía en él hubiese respondido que para mí su cuerpo era el mejor arte que podía existir jamás, y que su voz era la banda sonora de mi vida... si no fuese porque ya lo era.
En realidad... para qué creer en una religión cuando creía en sus perfecciones y en sus defectos. Cuando creía que un defecto suyo era una virtud más a poner en contracorriente de mis defectos. Joder, qué maravilla de chico tenía delante ese día.
Tantas veces soñé con sus besos que cuando la primera vez que nos besamos de verdad creía haberlo hecho ya de no ser porque me envolvió en una nube de deseos.
Y...
Ay, Dios Santo.
Cuando le besé mi instinto animal se despertó.
Y sólo quería pasar las noches con él para que me enseñase a pelear en la guerra entre nuestras sábanas.
Y sólo quería despertarme todas las mañanas con un cosquilleo en la barriga provocado por sus besos en la madrugada.
Y bueno, nos quedaban tantas cosas por hacer...
Creo que necesito siete vidas para vivir con él para que nos de tiempo realmente a terminar todo lo que quiero empezar a vivir con él. Creo que necesito todos los segundos del mundo para disfrutar de sus caricias en mi espalda. Creo que no quiero perder el tiempo si no es con él.
Y quiero que me cante todos los días "Wonderwall", y quiero poder cantarle yo el estribillo porque para mí él es mi maravilla.
Sinceramente ni todos los versos del mundo son suficientes para hablaros de su belleza.
Sinceramente no quiero que le conozcáis porque quien le descubra seguro que querrá arrebatármelo. Y le necesito.
Le necesito más que a nada.
Más que a nadie.
Más que a todo.
Así que, por favor, no me habléis de belleza si no le habéis visto andar. No me habléis de belleza si no le habéis oído cantar o respirar, si no habéis escuchado su nombre entre los susurros del viento.
No me habléis de belleza si no le conocéis.
jueves, 5 de junio de 2014
Di que te quedarás.
Mira qué bonito queda todo esta noche.
Oasis y él.
Él y Oasis.
Dos de mis vicios inconfesables se han sometido a un desnudo en toda regla.
Comencé con "Stop crying your heart out" y acabé por tus pupilas negras.
Esta noche sabía que los suicidas elegirían a Oasis para su trágico final. Quedaba incluso bonito. Morir por amor (a la música, al arte, a él). El caso es morir.
Yo intenté morir mentalmente cuando comenzó la noche.
Me asustó leer tu nombre en las notificaciones de mis mensajes, pero a la vez me alegró, creo que en el momento supe que comenzabas a descolocarme.
Qué dolor sentí en el pecho. Qué incomodidad. Qué nudo en la garganta. Qué ganas de abrazarte, besarte y sentirte.
Cuando me preguntaron por tu voz respondí que era algo que sólo yo entendería. Igual que cuando me preguntaron por mi canción preferida de Oasis. "Don't go away" sonaba de una forma tan sensual aquella noche (hace tantos años).
Me hacía pensar en tu silueta. En tu torso desnudo. En aquel monumento llamado cuerpo...
Joder, me hubiese recorrido tu geografía sin tan siquiera tener la necesidad de mirar el mapa. Pero siempre terminas yéndote, o dejándole a otra que lo haga. Otra que no tiene ni idea. Otra que no se aprendió tus lunares de memoria, que no se aprendió los puntos de trayectoria. Simplemente a otra.
Eres tan ignorante que no te fijaste en que a mí no me hacía falta aprenderme cada rincón de tu cuerpo porque nos atraíamos cual polos opuestos.
Nuestro magnetismo se sometió a un fuerte vendaval de preguntas que acechaban tu huida. Y en efecto lo hiciste. Te fuiste.
Y ahora has vuelto.
Has vuelto como cuando quise deshacerme de la letra de mi canción favorita y olvidarla. Has vuelto como vuelven los imposibles.
Oasis y él.
Él y Oasis.
Dos de mis vicios inconfesables se han sometido a un desnudo en toda regla.
Comencé con "Stop crying your heart out" y acabé por tus pupilas negras.
Esta noche sabía que los suicidas elegirían a Oasis para su trágico final. Quedaba incluso bonito. Morir por amor (a la música, al arte, a él). El caso es morir.
Yo intenté morir mentalmente cuando comenzó la noche.
Me asustó leer tu nombre en las notificaciones de mis mensajes, pero a la vez me alegró, creo que en el momento supe que comenzabas a descolocarme.
Qué dolor sentí en el pecho. Qué incomodidad. Qué nudo en la garganta. Qué ganas de abrazarte, besarte y sentirte.
Cuando me preguntaron por tu voz respondí que era algo que sólo yo entendería. Igual que cuando me preguntaron por mi canción preferida de Oasis. "Don't go away" sonaba de una forma tan sensual aquella noche (hace tantos años).
Me hacía pensar en tu silueta. En tu torso desnudo. En aquel monumento llamado cuerpo...
Joder, me hubiese recorrido tu geografía sin tan siquiera tener la necesidad de mirar el mapa. Pero siempre terminas yéndote, o dejándole a otra que lo haga. Otra que no tiene ni idea. Otra que no se aprendió tus lunares de memoria, que no se aprendió los puntos de trayectoria. Simplemente a otra.
Eres tan ignorante que no te fijaste en que a mí no me hacía falta aprenderme cada rincón de tu cuerpo porque nos atraíamos cual polos opuestos.
Nuestro magnetismo se sometió a un fuerte vendaval de preguntas que acechaban tu huida. Y en efecto lo hiciste. Te fuiste.
Y ahora has vuelto.
Has vuelto como cuando quise deshacerme de la letra de mi canción favorita y olvidarla. Has vuelto como vuelven los imposibles.
martes, 3 de junio de 2014
¿Qué me dices?
Mi mente ya estaba tardando en desear lo que no debía.
Un cúmulo de cosas se me amontonaron entre tanto papeleo en la mesa. Lo quemé todo. Quemé todo mi pasado y sólo quería una única cosa hoy: a ti.
Fue la indiferencia la que al principio de nuestra historia invadió a mis pensamientos.
No me interesaba nada de ti. Es más, recuerdo haberme cansado de hablar contigo la primera vez que me saludaste, sólo porque habías decidido hablarme.
No me gustabas. Tampoco me disgustabas. Pero no te necesitaba.
Por el contrario, llevo unas semanas en las que creo que no puedo perder la oportunidad de conocerte, creo que me atraes, que me gustas, creo que así sin más, no he podido decidir, me has llamado la atención.
Y me molesta no ser yo a la que abres conversación todos los días, sí, me molesta mucho, pero aquí me tienes.
No sé si este sentimiento va a durarme toda la vida, o simplemente un único momento inagotable, pero quiero que dure, y no lo había querido antes tanto como ahora.
Todo en mi vida ha ido ocurriendo demasiado rápido, y para una vez que las cosas van con calma, tengo muchísimas ganas de morderte la boca y hacértelo muy rápido, a la vez que una canción de rock, qué ironía.
Supongo que todo esto que te cuento, si es que alguna vez lo lees, te importe poco o nada. Creo que tienes todo el derecho del mundo a rechazarme, a pasar de mí como lo hice yo al principio, a ignorarme toda la vida o gran parte de ella, pero sé que sabes lo que pienso sobre vivir.
La vida está hecha para cometer errores, para querer indebidamente y para luchar por lo que quieres.
Y yo quiero quererte indebidamente y ser tu mayor error.
Un cúmulo de cosas se me amontonaron entre tanto papeleo en la mesa. Lo quemé todo. Quemé todo mi pasado y sólo quería una única cosa hoy: a ti.
Fue la indiferencia la que al principio de nuestra historia invadió a mis pensamientos.
No me interesaba nada de ti. Es más, recuerdo haberme cansado de hablar contigo la primera vez que me saludaste, sólo porque habías decidido hablarme.
No me gustabas. Tampoco me disgustabas. Pero no te necesitaba.
Por el contrario, llevo unas semanas en las que creo que no puedo perder la oportunidad de conocerte, creo que me atraes, que me gustas, creo que así sin más, no he podido decidir, me has llamado la atención.
Y me molesta no ser yo a la que abres conversación todos los días, sí, me molesta mucho, pero aquí me tienes.
No sé si este sentimiento va a durarme toda la vida, o simplemente un único momento inagotable, pero quiero que dure, y no lo había querido antes tanto como ahora.
Todo en mi vida ha ido ocurriendo demasiado rápido, y para una vez que las cosas van con calma, tengo muchísimas ganas de morderte la boca y hacértelo muy rápido, a la vez que una canción de rock, qué ironía.
Supongo que todo esto que te cuento, si es que alguna vez lo lees, te importe poco o nada. Creo que tienes todo el derecho del mundo a rechazarme, a pasar de mí como lo hice yo al principio, a ignorarme toda la vida o gran parte de ella, pero sé que sabes lo que pienso sobre vivir.
La vida está hecha para cometer errores, para querer indebidamente y para luchar por lo que quieres.
Y yo quiero quererte indebidamente y ser tu mayor error.
jueves, 29 de mayo de 2014
Inexplicable.
La cordura siempre ha sido lo que me ha vuelto loca.
Y los versos siempre han sido mi manera de escapar de las palabras, irónico, lo sé.
Sé que muchas veces me he mordido la lengua por miedo a dejar que me la muerdan, sé que muchas veces he caído por miedo a ver caer a otra persona, y muchas veces me he clavado yo misma los cuchillos con la esperanza de acostumbrarme al dolor si otra persona lo hacía. Pero no. Nada de esto dio resultado nunca. No conseguí crecer intelectualmente porque sin saberlo, dejé de aprender y aprendí muy rápido a la vez.
Nunca he logrado escuchar una canción entera sin aprender de ella una enseñanza, y tal vez es por eso por lo que intente ir adelantada en todo en la vida.
Pero estoy muy cansada.
Mentalmente.
Físicamente.
Estoy agotada.
En realidad no sé cómo expresar todo esto de una manera en la que logréis entenderlo. Tal vez es algo difícil entenderme, y por eso necesito a alguien a mi lado que intente comprender todo este desastre.
Porque soy un desastre. Y por eso necesito a otro desastre a mi lado que se llame perfección.
Se supone que si lo imperfecto se junta con lo perfecto, hay estabilidad, y es precisamente lo que yo necesito.
A ver, ya sé que es difícil, pero me gusta lo inexperto, y yo de esto no tengo ni idea. (Me refiero a vivir.)
No sé.
Alomejor estoy delirando una noche más y estoy algo perdida y mañana después de una noche sin dormir vea el mundo de otra forma. Si es que soy impredecible. Ya os he dicho mil veces que no hay quien me entienda, y sin embargo, (pocos) lo hacen.
No entiendo cómo me soportáis, cómo soportáis la inestabilidad de una persona como yo, que sabe lo que quiere pero no sabe cómo conseguirlo, no tiene ni idea. Si es que soy todo defectos.
Tengo para regalar.
Supongo que en un Universo paralelo todo esto sería diferente. Yo sería guapa, me vería bonita, a vosotros os encantaría la manera en la que me expreso, me entenderíais, sería famosa, habría escrito un libro, sería deshonesta con el mundo pero me irían bien las cosas, tendría estabilidad, dinero, ropa bonita, mi voz sería de un tono especial, sería alta,...
Pero de repente veo las cosas de otro modo.
Soy inestable.
No me gustaría un Universo paralelo porque todo el mundo leería el tipo de sandeces que estoy escribiendo ahora, y todos llegaríais al final de mis versos, y entonces todo el mundo se preocuparía por mí cuando no hay de qué preocuparse porque normalmente siempre soy así y me agobiaríais.
Así que, supongo que pasar desapercibida por el mundo es mucho mejor que toda esa mierda que os rodea a algunos. Y no me gustaría sentirme así porque no podría ser yo misma. Y si de algo estoy orgullosa es de ser como quiero ser y no mostrar dos caras al mundo. Y si de otra cosa también estoy orgullosa es de dejarme conocer poco a poco, y de sorprender, no sólo a los demás, sino también a mí misma con mis innovaciones personales.
Y de superarme.
Y de que todos piensen que no puedo y luego poder con todo.
Y así me siento ahora.
Hay una infinidad de sentimientos en mí que no puedo controlar y... si soy sincera, he pensado publicar esto únicamente en mi blog privado, pero estoy cansada de no dar la cara. Y aquí me tenéis en cuerpo y alma.
Y los versos siempre han sido mi manera de escapar de las palabras, irónico, lo sé.
Sé que muchas veces me he mordido la lengua por miedo a dejar que me la muerdan, sé que muchas veces he caído por miedo a ver caer a otra persona, y muchas veces me he clavado yo misma los cuchillos con la esperanza de acostumbrarme al dolor si otra persona lo hacía. Pero no. Nada de esto dio resultado nunca. No conseguí crecer intelectualmente porque sin saberlo, dejé de aprender y aprendí muy rápido a la vez.
Nunca he logrado escuchar una canción entera sin aprender de ella una enseñanza, y tal vez es por eso por lo que intente ir adelantada en todo en la vida.
Pero estoy muy cansada.
Mentalmente.
Físicamente.
Estoy agotada.
En realidad no sé cómo expresar todo esto de una manera en la que logréis entenderlo. Tal vez es algo difícil entenderme, y por eso necesito a alguien a mi lado que intente comprender todo este desastre.
Porque soy un desastre. Y por eso necesito a otro desastre a mi lado que se llame perfección.
Se supone que si lo imperfecto se junta con lo perfecto, hay estabilidad, y es precisamente lo que yo necesito.
A ver, ya sé que es difícil, pero me gusta lo inexperto, y yo de esto no tengo ni idea. (Me refiero a vivir.)
No sé.
Alomejor estoy delirando una noche más y estoy algo perdida y mañana después de una noche sin dormir vea el mundo de otra forma. Si es que soy impredecible. Ya os he dicho mil veces que no hay quien me entienda, y sin embargo, (pocos) lo hacen.
No entiendo cómo me soportáis, cómo soportáis la inestabilidad de una persona como yo, que sabe lo que quiere pero no sabe cómo conseguirlo, no tiene ni idea. Si es que soy todo defectos.
Tengo para regalar.
Supongo que en un Universo paralelo todo esto sería diferente. Yo sería guapa, me vería bonita, a vosotros os encantaría la manera en la que me expreso, me entenderíais, sería famosa, habría escrito un libro, sería deshonesta con el mundo pero me irían bien las cosas, tendría estabilidad, dinero, ropa bonita, mi voz sería de un tono especial, sería alta,...
Pero de repente veo las cosas de otro modo.
Soy inestable.
No me gustaría un Universo paralelo porque todo el mundo leería el tipo de sandeces que estoy escribiendo ahora, y todos llegaríais al final de mis versos, y entonces todo el mundo se preocuparía por mí cuando no hay de qué preocuparse porque normalmente siempre soy así y me agobiaríais.
Así que, supongo que pasar desapercibida por el mundo es mucho mejor que toda esa mierda que os rodea a algunos. Y no me gustaría sentirme así porque no podría ser yo misma. Y si de algo estoy orgullosa es de ser como quiero ser y no mostrar dos caras al mundo. Y si de otra cosa también estoy orgullosa es de dejarme conocer poco a poco, y de sorprender, no sólo a los demás, sino también a mí misma con mis innovaciones personales.
Y de superarme.
Y de que todos piensen que no puedo y luego poder con todo.
Y así me siento ahora.
Hay una infinidad de sentimientos en mí que no puedo controlar y... si soy sincera, he pensado publicar esto únicamente en mi blog privado, pero estoy cansada de no dar la cara. Y aquí me tenéis en cuerpo y alma.
lunes, 19 de mayo de 2014
Sin título.
Mira que nunca he pensado que un miércoles pudiera ser bonito, pero aquellas cuerdas vocales sonaban como lluvia en el tejado, como un sinfín de hojas moviéndose con el aire y a la vez siendo escritas con la sangre de un poeta suicida con ganas de seguir viviendo.Inusuales.
Mis manos sostenían un libro que iba sobre cómo enamorarse (yo ilusa por poder encontrar el amor en unas páginas de autoayuda, porque nunca antes lo había encontrado), y entonces, lo escuché.
Mis piernas se movían en su dirección, y ahí estaba aquella voz de la que no tenía constancia hasta hacía un par de minutos. El dueño de aquella voz, estaba en la calle, y la hacía sonar con ritmo y concordancia de sonidos, estaba cantando junto con su guitarra acústica. Cantaba el estribillo de una canción que me sonaba, y yo estaba ahí, quieta, indecisa, y sin poder moverme.
Él me miraba de vez en cuando y sonreía, pero yo no me inmutaba, estaba loca y perdidamente enamorada de aquel sonido tan bello.
Los árboles soltaban pelusas con el viento porque era época de que la naturaleza se alterara, junto con mi sangre, que en esos momentos estaba hirviendo.
Era una escena tan maravillosa... (como sacada de un libro)
Tenía unos dedos que hacían absoluta poesía encima de las cuerdas de su guitarra, y la vibración de sus cuerdas vocales acompañaba tan sumamente bien a aquella instrumentación que... estaba atontada.
Únicamente pasaron dos cosas antes de que su mirada volviera a traspasarme.
Una, que volvió a sonreír. Y la segunda, que le salieron dos hoyuelos preciosos al sonreír en cada uno de sus mofletes.
Definitivamente no me hacía falta un libro de autoayuda para saber que estaba completa y absolutamente enamorada de aquel chico y de las dos únicas cualidades que había conocido esa tarde sobre él, así que procedí a tirarlo a la basura en cuanto una retahíla de canciones habían captado la atención de esas famosas "mariposas" en el estómago.
Ahora cada miércoles es especial.
jueves, 15 de mayo de 2014
Recorriéndome
Baño con sal y espuma.
Desde la punta de mis dedos de los pies, subí caminando con los dedos por mis gemelos, hasta llegar a la cima de mis rodillas y bajar por la montaña de mis muslos. Después, mis pulgares divisaron el abismo desde mi cintura, y se asustaron, y corrieron a encontrar refugio justo por debajo de mi estómago, en mi ombligo.
La tormenta se había terminado así que como un grupo de arañas mis dedos subieron hasta el pico con mayor altura de todo ese campo de piel: mis senos.
Suavemente se deslizaron hasta rozar mi cuello con la suavidad del agua resbalándose por él. Y fijándose en cada vena y arteria que se cruzaban por ahí. Más tarde, mi barbilla; y luego mis labios (desgastados), que entreabiertos, parecían una caverna en la que resguardarse del frío, pero para eso (pensé en que) necesitaba otros labios.
Mi nariz seguía el recorrido puntiagudamente, y mis ojos, que eran de un color entre un campo de cereales y un prado completamente verde, visualizaban ya la llegada de aquellos viandantes, cuyos nudillos estaban entumecidos y manchados por un negro abundante de las peleas psicológicas que había tenido últimamente y que provenían del consiguiente lugar establecido para reposar: mi mente.
Y esa pelea no sólo se trataba de mis pensamientos, sino de aquello que hacía que mi respiración se acelerase con tanta fuerza: de mi corazón.
Y con el corazón en la mano y mi cerebro en la otra comenzó una disputa entre la locura y la cordura, y adivinad quién gana siempre cada pelea y por qué el cerebro me castiga cada noche por mi indebida elección con un insomnio aplastante.
Desde la punta de mis dedos de los pies, subí caminando con los dedos por mis gemelos, hasta llegar a la cima de mis rodillas y bajar por la montaña de mis muslos. Después, mis pulgares divisaron el abismo desde mi cintura, y se asustaron, y corrieron a encontrar refugio justo por debajo de mi estómago, en mi ombligo.
La tormenta se había terminado así que como un grupo de arañas mis dedos subieron hasta el pico con mayor altura de todo ese campo de piel: mis senos.
Suavemente se deslizaron hasta rozar mi cuello con la suavidad del agua resbalándose por él. Y fijándose en cada vena y arteria que se cruzaban por ahí. Más tarde, mi barbilla; y luego mis labios (desgastados), que entreabiertos, parecían una caverna en la que resguardarse del frío, pero para eso (pensé en que) necesitaba otros labios.
Mi nariz seguía el recorrido puntiagudamente, y mis ojos, que eran de un color entre un campo de cereales y un prado completamente verde, visualizaban ya la llegada de aquellos viandantes, cuyos nudillos estaban entumecidos y manchados por un negro abundante de las peleas psicológicas que había tenido últimamente y que provenían del consiguiente lugar establecido para reposar: mi mente.
Y esa pelea no sólo se trataba de mis pensamientos, sino de aquello que hacía que mi respiración se acelerase con tanta fuerza: de mi corazón.
Y con el corazón en la mano y mi cerebro en la otra comenzó una disputa entre la locura y la cordura, y adivinad quién gana siempre cada pelea y por qué el cerebro me castiga cada noche por mi indebida elección con un insomnio aplastante.
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