Caminas.
En una sola dirección.
No sabes hacia dónde vas.
Pero sabes que estás muy lejos de llegar.
¿Quién te acompaña?
Nadie. Decides caminar sola. Perdida, en dirección contraria a todas las pisadas.
Todo el mundo te dijo "no puedes hacerlo", y eso te dio más fuerza aún para intentarlo. Quieres estar sola. Es lo que más deseas ahora. Sola, perdida, y olvidada.
No quieres nada de nadie.
Dios.
Qué bien te sientes sin nadie en tu vida que te llene y después te vacíe. Sin darle ese poder a nadie. Siendo tú, tú para ti y por ti. Dependiendo de ti misma. De no dejarte caer.
Y nadie te entiende. Nadie entiende por qué no eres capaz de seguir tu vida rodeada de aquellos a los que quieres. Tal vez porque así el daño es menos certero. Tal vez porque la caída dolerá menos.
Y no sentirás las balas.
Porque al fin y al cabo todo el mundo te meterá un balazo en la sien. Todo el mundo.
Unos más, otros menos.
Unos repletos de felicidad, otros buscándola.
Y yo,
yo de camino a mis orígenes.
A volver a ser quien era.
A recuperarme de mi casi-muerte.
A jugar con el diablo a ver quién cae primero, si él o yo.
Y por lo que veo yo me estoy recuperando.
De sus malditas garras.
Será hijo de puta, cuánto daño me ha hecho. No lo sabe bien.
Pero soy fuerte, muy fuerte.
Al fin y al cabo todo el poder lo tiene la mente. El daño físico es también mental. La mente es capaz de controlarlo todo. Todo. Lo malo y lo bueno.
Y yo no quiero nada bueno ni nada malo.
Me quiero a mí.
Quiero recuperar el amor propio. Recuperar la fe en mí.
Y puedo afirmar que no tengo miedo a morir. No tengo miedo a perder. A caerme. A llorar. A desahogarme. A necesitarme. No tengo miedo de absolutamente nada. Me da igual todo. Me dais igual todos. Lo siento mucho. No, qué va, no lo siento para nada.
Yo solo soy de mí.
No soy de nadie.
Así que pegadme los balazos que queráis, malditos bastardos. ¿Queréis verme arder en la hoguera? No sin antes veros arder yo.
Estoy preparada para las puñaladas traperas, para perder gente, para abrir los brazos a gente nueva, para llorar y sonreír, para hacer locuras y no perder nunca la ilusión por conseguir lo que me proponga. Estoy preparada para levantarme de las caídas al vacío, y subir hasta la montaña más alta.
Estoy jodidamente loca.
Jodidamente inestable.
Y me veo jodidamente bonita hoy, no bonita de ser guapa, sino brillante, me veo reluciente.
Ha nacido mi nueva yo.
Mi nueva vida.
Vuelve a la vida mi mirada perdida.
viernes, 9 de enero de 2015
miércoles, 7 de enero de 2015
Metas idealizadas.
Cuando fijas tu mirada en un objetivo,
y todo lo demás pasa a ser
extrañamente secundario en tu vida, y
no quieres tener más razones para estar vivo.
Cuando les haces ver a los demás
la belleza de todo lo que tienen alrededor
pero ellos siguen sin darse cuenta
de que no hace falta nada más.
Porque si hay una razón para ser feliz,
una única razón para sonreír,
es la que hace que arrugues la nariz.
La que a pesar de enfadarte, desesperarte,
y hacerle cosquillas a tu estómago...
consigue también definirte.
y todo lo demás pasa a ser
extrañamente secundario en tu vida, y
no quieres tener más razones para estar vivo.
Cuando les haces ver a los demás
la belleza de todo lo que tienen alrededor
pero ellos siguen sin darse cuenta
de que no hace falta nada más.
Porque si hay una razón para ser feliz,
una única razón para sonreír,
es la que hace que arrugues la nariz.
La que a pesar de enfadarte, desesperarte,
y hacerle cosquillas a tu estómago...
consigue también definirte.
domingo, 4 de enero de 2015
Despedidas amargas.
Estaban deshaciéndose,
como el vaho de aquel baño,
como si queriéndose
no pudieran nunca hacerse daño.
Como tener 97 razones para quererte,
y gritarte que por tener una herida de bala
no tengo la capacidad de mostrarte
que soy capaz de volar, sin un ala.
Me fui pensando que podría olvidarte.
Y el fuego no para de susurrarme:
"nunca dejaré de quemarte".
Así que sobrevivir a este ataque
es la única forma de que
este dolor no me machaque.
Adiós, amor.
martes, 30 de diciembre de 2014
Encendiéndose.
Estaba ardiendo. Temía que se le apagara la llama aquella noche. Temía que el Invierno llegara antes de lo esperado, que no pudiese disfrutar de aquella noche de meteoritos cayendo sobre el mar.
Tenía los ojos iluminados por la luz de la luna, estaba precioso, tenía los mofletes rojos y el iris de un color amarillento. Era demasiado bonito para ser real.
Aquella noche la esperaba a ella. No sabía cómo era, pero le daba igual, sabía que aunque fueran polos opuestos, podrían arder juntos, podrían encender las luces el uno del otro, porque de eso se trataba, de concordar, los dos querían llegar a sentir lo mismo, el calor de un amor interceptado por una chispa de homogeneidad entre ambos.
Ella era transparente como el agua (aunque olía diferente, olía bien, olía a ganas de quemarse, olía a adicción).
Ella a veces parecía peligrosa, parecía un incendio forestal si alguien le penetraba en su corazón como un rayo lo hace en el cielo.
Aunque dice que le atraían las cosas que quemaban, como una noche entre un montón de infiernos con ganas de jugar alrededor de una hoguera.
Cuando ambos se encontraron y se saludaron, supieron que aquello no iba a quedarse ahí, en tan solo un apretón de manos. A ambos les invadió la sensación de calor y nada más llegar a casa comenzaron por quitarse la ropa.
Estaban ardiendo en deseos de... digamos que de provocar un incendio. Eran los pirómanos perfectos para llevar a cabo esa misión.
Y así fue como el fuego, conoció a la gasolina.
Tenía los ojos iluminados por la luz de la luna, estaba precioso, tenía los mofletes rojos y el iris de un color amarillento. Era demasiado bonito para ser real.
Aquella noche la esperaba a ella. No sabía cómo era, pero le daba igual, sabía que aunque fueran polos opuestos, podrían arder juntos, podrían encender las luces el uno del otro, porque de eso se trataba, de concordar, los dos querían llegar a sentir lo mismo, el calor de un amor interceptado por una chispa de homogeneidad entre ambos.
Ella era transparente como el agua (aunque olía diferente, olía bien, olía a ganas de quemarse, olía a adicción).
Ella a veces parecía peligrosa, parecía un incendio forestal si alguien le penetraba en su corazón como un rayo lo hace en el cielo.
Aunque dice que le atraían las cosas que quemaban, como una noche entre un montón de infiernos con ganas de jugar alrededor de una hoguera.
Cuando ambos se encontraron y se saludaron, supieron que aquello no iba a quedarse ahí, en tan solo un apretón de manos. A ambos les invadió la sensación de calor y nada más llegar a casa comenzaron por quitarse la ropa.
Estaban ardiendo en deseos de... digamos que de provocar un incendio. Eran los pirómanos perfectos para llevar a cabo esa misión.
Y así fue como el fuego, conoció a la gasolina.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Intensamente fugaz.
No estás.
Yo quiero estar.
Tú puedes pero no quieres.
Yo quiero pero no puedo.
¿Nuestra solución?
Dejarlo estar.
Mantenernos fuertes,
no estar en ruinas.
Yo desaparezco
mientras intento olvidarte.
Y tú no te vas,
no quieres irte de mi mente.
Yo intento
romper las fotos,
los recuerdos,
no mirarte a los ojos.
Romperme los huesos,
por nuestros besos,
y morirme de ganas
por uno de esos.
Pero a lo único que
rompo, es a llorar.
Y no puedo hacer más
que lo que he hecho ya.
He rezado
aun sin ser creyente
a la muerte
para que no me lleve.
Mis demonios
cada vez
sonríen más y yo...
yo ya no estoy más.
Me he ido de
la vida de muchos
y no consigo entrar
en la vida de nadie.
No sé qué hacer,
es exasperante
estar así.
Fue tan intensamente fugaz
este amor, que ahora
la estrella se ha estampado
contra la realidad.
Maldito amor,
debiste ser bueno,
o soy yo, que quizás
he nacido para el odio.
Lo único que
se me da bien del todo
es la sensación
de echarte de menos...
todo el tiempo.
Yo quiero estar.
Tú puedes pero no quieres.
Yo quiero pero no puedo.
¿Nuestra solución?
Dejarlo estar.
Mantenernos fuertes,
no estar en ruinas.
Yo desaparezco
mientras intento olvidarte.
Y tú no te vas,
no quieres irte de mi mente.
Yo intento
romper las fotos,
los recuerdos,
no mirarte a los ojos.
Romperme los huesos,
por nuestros besos,
y morirme de ganas
por uno de esos.
Pero a lo único que
rompo, es a llorar.
Y no puedo hacer más
que lo que he hecho ya.
He rezado
aun sin ser creyente
a la muerte
para que no me lleve.
Mis demonios
cada vez
sonríen más y yo...
yo ya no estoy más.
Me he ido de
la vida de muchos
y no consigo entrar
en la vida de nadie.
No sé qué hacer,
es exasperante
estar así.
Fue tan intensamente fugaz
este amor, que ahora
la estrella se ha estampado
contra la realidad.
Maldito amor,
debiste ser bueno,
o soy yo, que quizás
he nacido para el odio.
Lo único que
se me da bien del todo
es la sensación
de echarte de menos...
todo el tiempo.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Caótico desastre emocional.
Soy tan transparente
que puedes ver en mí
las lágrimas de cocodrilo
y las ojeras de insomnio.
Soy tan transparente
que me pondría ahora mismo
a gritar tu nombre
seguido de un «te quiero».
Soy tan tonta... perdón,
tan transparente
que podrías pedirme que
me bañase en el mar
con mis sentimientos al desnudo
y lo haría.
Soy tan victimista del amor,
que hasta el propio Cupido,
dejó de clavarme flechas
para empezar a hacerlo
con cuchillos.
Soy tan patética
que cuando tengo ganas de llorar
me escondo en la ducha
para que no se note.
Soy tan pasional...
pero tan, tan pasional...
que quise acabar este poema
con algo especial
y solo se me ocurrió
una simple y dichosa frase
caótica:
me haces falta.
que puedes ver en mí
las lágrimas de cocodrilo
y las ojeras de insomnio.
Soy tan transparente
que me pondría ahora mismo
a gritar tu nombre
seguido de un «te quiero».
Soy tan tonta... perdón,
tan transparente
que podrías pedirme que
me bañase en el mar
con mis sentimientos al desnudo
y lo haría.
Soy tan victimista del amor,
que hasta el propio Cupido,
dejó de clavarme flechas
para empezar a hacerlo
con cuchillos.
Soy tan patética
que cuando tengo ganas de llorar
me escondo en la ducha
para que no se note.
Soy tan pasional...
pero tan, tan pasional...
que quise acabar este poema
con algo especial
y solo se me ocurrió
una simple y dichosa frase
caótica:
me haces falta.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Imposible.
Ella era escéptica,
emanaba en su interior
un río de
desesperanzas.
Andaba siempre
en línea recta y decía
que no hablaba nunca
del amor.
Sonreía a ciencia cierta
cuando un gesto
de un bufón
le hacía gracia a su corazón.
Y dice
que conoció
el amor,
el día en que murió.
emanaba en su interior
un río de
desesperanzas.
Andaba siempre
en línea recta y decía
que no hablaba nunca
del amor.
Sonreía a ciencia cierta
cuando un gesto
de un bufón
le hacía gracia a su corazón.
Y dice
que conoció
el amor,
el día en que murió.
sábado, 22 de noviembre de 2014
Sábanas pasadas.
Ellas (me) dicen que
saben quererte mejor
ahora que yo
no estoy más
a tu lado, y que
sonríes
de forma diferente
desde que no nos vemos, y,
yo les dije que
nunca he visto
sonrisa
más sincera que
cuando te besaba
después de uno
de esos
que tanto nos gusta
en la cama.
Les dije que
nunca has sido
tan bonito como
cuando (yo) te miraba
de lado y
te dabas
media vuelta
en nuestra cama
porque
decías que
no te gustaba
cuando te miraba
fijamente.
Y solamente
vengo a recordarte,
que cuando agachabas
la cabeza
y decías
"te quiero"
y después
sutilmente
susurrabas al viento
mi nombre,
me invadía un
no sé qué,
que qué se yo,
que ni la galaxia
más cercana a
mi mundo
puede sentir
ese escalofrío
que tú provocas
las noches en las que
más frío
tengo.
Y ya no sé
si recordarte
con la luz apagada,
porque el corazón
se me acelera,
cuando doy
la última calada,
y al cerrar los ojos
pienso
en que existimos
-de forma pasada-
por un tiempo
tú y yo
juntos, y que,
sonábamos
más bonitos que
Sabina cantando
bajo la Torre Eiffel
o que
nos admiraban más
que a un
cuadro de Botticelli,
porque no había quien
pintara nuestro desnudo
más que nosotros
cuando nos
pintábamos
a oscuras.
Y bueno,
qué voy a decirte
yo de arte, si tienes el
récord del mundo
en ser
la geografía
con más ganas
de ser visitada.
Porque yo ya
te digo que
me es imposible
pensarte
sin decirte que
ese lunar que tienes
en el lado
izquierdo de
tu cadera,
aparece cada noche
en mi
mapa de sueños.
¿Y qué más
puedo escribir
que no te haya
(d)escrito ya?
Creo que
-a veces-
al suspirar
recuerdo
cómo, cuánto, y
en qué lugar,
complacías
a mis oídos
con tus
susurros
entrecortados por
tu risa
y acariciabas
mi nuca con tu
dedo pulgar, y
yo me sentía
absurda y
completamente
atraída
por tus roces.
Y dicen también
mis huesos
que están congelados
desde que
dejaste
que el Invierno
penetrara en ellos.
Pero
no pasa nada,
solo pasan
días
y doce noches
en las que
el insomnio tiene
nombre
y apellidos.
saben quererte mejor
ahora que yo
no estoy más
a tu lado, y que
sonríes
de forma diferente
desde que no nos vemos, y,
yo les dije que
nunca he visto
sonrisa
más sincera que
cuando te besaba
después de uno
de esos
que tanto nos gusta
en la cama.
Les dije que
nunca has sido
tan bonito como
cuando (yo) te miraba
de lado y
te dabas
media vuelta
en nuestra cama
porque
decías que
no te gustaba
cuando te miraba
fijamente.
Y solamente
vengo a recordarte,
que cuando agachabas
la cabeza
y decías
"te quiero"
y después
sutilmente
susurrabas al viento
mi nombre,
me invadía un
no sé qué,
que qué se yo,
que ni la galaxia
más cercana a
mi mundo
puede sentir
ese escalofrío
que tú provocas
las noches en las que
más frío
tengo.
Y ya no sé
si recordarte
con la luz apagada,
porque el corazón
se me acelera,
cuando doy
la última calada,
y al cerrar los ojos
pienso
en que existimos
-de forma pasada-
por un tiempo
tú y yo
juntos, y que,
sonábamos
más bonitos que
Sabina cantando
bajo la Torre Eiffel
o que
nos admiraban más
que a un
cuadro de Botticelli,
porque no había quien
pintara nuestro desnudo
más que nosotros
cuando nos
pintábamos
a oscuras.
Y bueno,
qué voy a decirte
yo de arte, si tienes el
récord del mundo
en ser
la geografía
con más ganas
de ser visitada.
Porque yo ya
te digo que
me es imposible
pensarte
sin decirte que
ese lunar que tienes
en el lado
izquierdo de
tu cadera,
aparece cada noche
en mi
mapa de sueños.
¿Y qué más
puedo escribir
que no te haya
(d)escrito ya?
Creo que
-a veces-
al suspirar
recuerdo
cómo, cuánto, y
en qué lugar,
complacías
a mis oídos
con tus
susurros
entrecortados por
tu risa
y acariciabas
mi nuca con tu
dedo pulgar, y
yo me sentía
absurda y
completamente
atraída
por tus roces.
Y dicen también
mis huesos
que están congelados
desde que
dejaste
que el Invierno
penetrara en ellos.
Pero
no pasa nada,
solo pasan
días
y doce noches
en las que
el insomnio tiene
nombre
y apellidos.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Bosques y lobos.
Corre. -me susurraba la voz de mi cabeza- Escapa de ellos.
Ellos me perseguían como quien es pobre y persigue a un trozo de pan. No sabía por qué. Tampoco me hacía a la idea de qué buscaban que pudiese poseer yo y no otra persona.
Así que me adentré en el bosque.
Había millones de pájaros revoloteando solo porque yo no hacía más que correr asustándoles. Ellos me seguían de cerca y yo tenía que distraerlos. ¿Cómo? No tenía ni idea.
Andaba entre árbol y árbol, en zigzag, de modo que así ellos pudieran perder mi rastro.
Yo corría deprisa pero sabía que ellos algún día me alcanzarían. No podía sobrevivir con vida más de dos días dentro de ese bosque. Quizás no resistiría una noche allí sola. Sin nadie. Sin ayuda humana.
El Sol ya no salía de entre las nubes y eso estaba cada vez más oscuro, yo estaba cansada de correr.
Parecía que aquella monstruosidad había dejado de seguirme. Así que me calmé y me recosté oculta entre ramas para que nadie lograra verme.
Hacía frío así que me puse la capucha para resguardarme un poco más.
No podía evitar estar más asustada de lo que ya lo estaba, así que traté de calmar mi respiración.
De pronto, escuché un ruido. Y salí corriendo. Ellos me seguían de nuevo.
Pero algo malo ocurrió en aquella tarde.
Tropecé con una rama. Y me caí. La sangre me helaba los huesos. Y ellos me alcanzaron. Me rodearon. Y empezaron a aullar. Tanto, que cada vez que lo hacían, un escalofrío recorría mi cuerpo.
Me olisquearon entera. Y uno de ellos empezó a gruñir...
Lo último que recuerdo fue que me desmayé...
Y después, desperté en un sitio que no conocía. ¿Dónde estaba?
No lo sabía pero estaba ilesa... Aquellos lobos no me habían herido. Me temía lo peor. Algún cazador los había matado y ahora me tenían aquí retenida... pero de repente, algo, me sorprendió.
Una camada de lobos apareció por la entrada de aquella... cueva, estaba en una cueva.
Venían con un animal en su boca, un aguilucho que carecía de vida, lo habían matado... ¿y yo estaba ilesa? Seguramente sería su banquete de despedida y eso era un entrante...
Uno de los lobos vino hacia mí y lamió mi herida.
Entendí entonces que lo que querían no era herirme, sino cuidar de mí.
La energía proveniente de sus ojos era una energía positiva, ¿es así como aman los lobos?
¿Es así como la naturaleza te trata? ¿Con amor?
Supuse entonces que de lo que yo huía no era del miedo, ni de la cobardía ante una situación de peligro... yo huía del amor.
No dejaba que nada ni nadie me cuidara.
Tenía tanto miedo al amor que cuando de verdad alguien logró demostrármelo, lo rechacé...
Y me estaba dando cuenta ahora.
Me di cuenta de que el amor no lo elegimos nosotros, sucede y ya está, de pronto caes y no paras de ponerte nervioso, de agarrarle las manos al otro, de mirarle a los ojos y retirar la mirada de ellos cuando penetraban en los tuyos, de imaginarte mil momentos y que la imaginación jamás logre superar a la realidad, de tener miedo de perder, de arriesgarlo todo para luchar por ello, y aprendí que el amor no era cuestión de uno solo, que tenía que ser de dos, y si esto no salía bien, una de las dos personas iba a sufrir, a pasarlo mal, a pensar en el otro de una forma solitaria y dura... y que era esa la razón de mi temeridad.
Entonces aquel lobo dejó de aullar. Supo que me daba miedo que lo hiciera.
Y comenzó acurrucándose a mi lado. Lo hizo por mí. Nunca me habían tenido tanto en consideración como aquel ser vivo me tenía en su vida.
Yo, por muy raro que me pareciera, acepté su amor, que provenía de naturaleza pura... y lo acaricié. Le devolví el cariño que me estaba dando. Hacía mucho tiempo que un amor no era correspondido. Aunque no fuese amor real, amor de los que duelen, amor de los que se terminan acabando, amor entre dos personas...
Desde entonces ya no me ando por las ramas, ya no gritaba silencios, ahora susurraba al viento un único nombre... el de la única persona que había logrado intensificarlo todo en mi vida. Y me di cuenta de que si no lo amaba ya, no iba a hacerlo nunca...
Finalmente... logré enamorarme de él... y él de mí. El bosque era mi tesoro, y yo su inquilina.
Ellos me perseguían como quien es pobre y persigue a un trozo de pan. No sabía por qué. Tampoco me hacía a la idea de qué buscaban que pudiese poseer yo y no otra persona.
Así que me adentré en el bosque.
Había millones de pájaros revoloteando solo porque yo no hacía más que correr asustándoles. Ellos me seguían de cerca y yo tenía que distraerlos. ¿Cómo? No tenía ni idea.
Andaba entre árbol y árbol, en zigzag, de modo que así ellos pudieran perder mi rastro.
Yo corría deprisa pero sabía que ellos algún día me alcanzarían. No podía sobrevivir con vida más de dos días dentro de ese bosque. Quizás no resistiría una noche allí sola. Sin nadie. Sin ayuda humana.
El Sol ya no salía de entre las nubes y eso estaba cada vez más oscuro, yo estaba cansada de correr.
Parecía que aquella monstruosidad había dejado de seguirme. Así que me calmé y me recosté oculta entre ramas para que nadie lograra verme.
Hacía frío así que me puse la capucha para resguardarme un poco más.
No podía evitar estar más asustada de lo que ya lo estaba, así que traté de calmar mi respiración.
De pronto, escuché un ruido. Y salí corriendo. Ellos me seguían de nuevo.
Pero algo malo ocurrió en aquella tarde.
Tropecé con una rama. Y me caí. La sangre me helaba los huesos. Y ellos me alcanzaron. Me rodearon. Y empezaron a aullar. Tanto, que cada vez que lo hacían, un escalofrío recorría mi cuerpo.
Me olisquearon entera. Y uno de ellos empezó a gruñir...
Lo último que recuerdo fue que me desmayé...
Y después, desperté en un sitio que no conocía. ¿Dónde estaba?
No lo sabía pero estaba ilesa... Aquellos lobos no me habían herido. Me temía lo peor. Algún cazador los había matado y ahora me tenían aquí retenida... pero de repente, algo, me sorprendió.
Una camada de lobos apareció por la entrada de aquella... cueva, estaba en una cueva.
Venían con un animal en su boca, un aguilucho que carecía de vida, lo habían matado... ¿y yo estaba ilesa? Seguramente sería su banquete de despedida y eso era un entrante...
Uno de los lobos vino hacia mí y lamió mi herida.
Entendí entonces que lo que querían no era herirme, sino cuidar de mí.
La energía proveniente de sus ojos era una energía positiva, ¿es así como aman los lobos?
¿Es así como la naturaleza te trata? ¿Con amor?
Supuse entonces que de lo que yo huía no era del miedo, ni de la cobardía ante una situación de peligro... yo huía del amor.
No dejaba que nada ni nadie me cuidara.
Tenía tanto miedo al amor que cuando de verdad alguien logró demostrármelo, lo rechacé...
Y me estaba dando cuenta ahora.
Me di cuenta de que el amor no lo elegimos nosotros, sucede y ya está, de pronto caes y no paras de ponerte nervioso, de agarrarle las manos al otro, de mirarle a los ojos y retirar la mirada de ellos cuando penetraban en los tuyos, de imaginarte mil momentos y que la imaginación jamás logre superar a la realidad, de tener miedo de perder, de arriesgarlo todo para luchar por ello, y aprendí que el amor no era cuestión de uno solo, que tenía que ser de dos, y si esto no salía bien, una de las dos personas iba a sufrir, a pasarlo mal, a pensar en el otro de una forma solitaria y dura... y que era esa la razón de mi temeridad.
Entonces aquel lobo dejó de aullar. Supo que me daba miedo que lo hiciera.
Y comenzó acurrucándose a mi lado. Lo hizo por mí. Nunca me habían tenido tanto en consideración como aquel ser vivo me tenía en su vida.
Yo, por muy raro que me pareciera, acepté su amor, que provenía de naturaleza pura... y lo acaricié. Le devolví el cariño que me estaba dando. Hacía mucho tiempo que un amor no era correspondido. Aunque no fuese amor real, amor de los que duelen, amor de los que se terminan acabando, amor entre dos personas...
Desde entonces ya no me ando por las ramas, ya no gritaba silencios, ahora susurraba al viento un único nombre... el de la única persona que había logrado intensificarlo todo en mi vida. Y me di cuenta de que si no lo amaba ya, no iba a hacerlo nunca...
Finalmente... logré enamorarme de él... y él de mí. El bosque era mi tesoro, y yo su inquilina.
lunes, 3 de noviembre de 2014
b12
Quizás tu nombre empatizó bien con mis oídos cuando te escuché pronunciarlo y por eso ahora al pronunciarlo me hiere en el pecho.
Por eso ahora me dicen que al suspirar se me colorean las mejillas de ese color rojizo del que hablan, que pega bien con el color que tienen tus labios después de uno de mis fríos besos.
Quizás por eso me cueste más reconocer que me haces feliz (porque antes no lo era).
Por eso me desnudo en versos, por eso te dejo que conozcas lo que siento, por eso al acariciarme me estremezco entre tus brazos, por eso te dejo que me robes los besos, que me robes el tiempo, que me consumas la mirada, por eso solucionamos los poemas con versos largos.
Y por eso me levanto en la madrugada cada noche.
Porque me faltas.
Y me haces falta.
Y me pitas falta en
nuestros reencuentros
y entonces,
hasta el amarillo me parece bonito.
Pero ya no te cuento cuando
me expulsas del campo.
Y mis ojos empiezan a
arder.
Y tus labios empiezan a
quemar.
Y yo soy el único
ser congelado en la nada
que puede, y es capaz
de salvarte de todo.
Y la vida
se ve desde otra
perspectiva
solo cuando tú
me miras.
Cuando dices que
no hay otra
persona que
te apetezca ver.
En ese instante,
entonces, es cuando
mi alma
sonríe.
Y se quejan
los ángeles
-les he oído-
de que no existe
un Cielo más bonito
que cuando tú
y yo
estamos en el
mismo
sintagma nominal.
Es entonces cuando
el azul,
se convierte en
cristalino,
como tus ojos.
Te juro que
en mi lista de
Maravillas del Mundo
tú estás
en la cima, porque
me enseñaron que
las mejores cosas
no hay que olvidarlas
nunca.
Y yo tan siquiera
me he
planteado olvidarte.
Y dicen que
cuando te digo
te quiero,
el mundo entero
pega un vuelco.
Porque no hay palabras más
sinceras
que las que
salen de mi boca
cuando pienso en ti.
A veces pienso
en que
cometería cualquier
crimen habido y por haber
por sacar de recompensa
una de tus
sonrisas.
Pero me han dicho
que es ilegal,
y que
tendría que dejar
de verte.
Pero dime entonces,
¿es legal
echarte de menos cada
segundo de cada
dichoso día?
Así que lo único
legal que se me ocurre
es una cosa,
escaparnos.
¿Qué me dices?
Por eso ahora me dicen que al suspirar se me colorean las mejillas de ese color rojizo del que hablan, que pega bien con el color que tienen tus labios después de uno de mis fríos besos.
Quizás por eso me cueste más reconocer que me haces feliz (porque antes no lo era).
Por eso me desnudo en versos, por eso te dejo que conozcas lo que siento, por eso al acariciarme me estremezco entre tus brazos, por eso te dejo que me robes los besos, que me robes el tiempo, que me consumas la mirada, por eso solucionamos los poemas con versos largos.
Y por eso me levanto en la madrugada cada noche.
Porque me faltas.
Y me haces falta.
Y me pitas falta en
nuestros reencuentros
y entonces,
hasta el amarillo me parece bonito.
Pero ya no te cuento cuando
me expulsas del campo.
Y mis ojos empiezan a
arder.
Y tus labios empiezan a
quemar.
Y yo soy el único
ser congelado en la nada
que puede, y es capaz
de salvarte de todo.
Y la vida
se ve desde otra
perspectiva
solo cuando tú
me miras.
Cuando dices que
no hay otra
persona que
te apetezca ver.
En ese instante,
entonces, es cuando
mi alma
sonríe.
Y se quejan
los ángeles
-les he oído-
de que no existe
un Cielo más bonito
que cuando tú
y yo
estamos en el
mismo
sintagma nominal.
Es entonces cuando
el azul,
se convierte en
cristalino,
como tus ojos.
Te juro que
en mi lista de
Maravillas del Mundo
tú estás
en la cima, porque
me enseñaron que
las mejores cosas
no hay que olvidarlas
nunca.
Y yo tan siquiera
me he
planteado olvidarte.
Y dicen que
cuando te digo
te quiero,
el mundo entero
pega un vuelco.
Porque no hay palabras más
sinceras
que las que
salen de mi boca
cuando pienso en ti.
A veces pienso
en que
cometería cualquier
crimen habido y por haber
por sacar de recompensa
una de tus
sonrisas.
Pero me han dicho
que es ilegal,
y que
tendría que dejar
de verte.
Pero dime entonces,
¿es legal
echarte de menos cada
segundo de cada
dichoso día?
Así que lo único
legal que se me ocurre
es una cosa,
escaparnos.
¿Qué me dices?
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