La cordura siempre ha sido lo que me ha vuelto loca.
Y los versos siempre han sido mi manera de escapar de las palabras, irónico, lo sé.
Sé que muchas veces me he mordido la lengua por miedo a dejar que me la muerdan, sé que muchas veces he caído por miedo a ver caer a otra persona, y muchas veces me he clavado yo misma los cuchillos con la esperanza de acostumbrarme al dolor si otra persona lo hacía. Pero no. Nada de esto dio resultado nunca. No conseguí crecer intelectualmente porque sin saberlo, dejé de aprender y aprendí muy rápido a la vez.
Nunca he logrado escuchar una canción entera sin aprender de ella una enseñanza, y tal vez es por eso por lo que intente ir adelantada en todo en la vida.
Pero estoy muy cansada.
Mentalmente.
Físicamente.
Estoy agotada.
En realidad no sé cómo expresar todo esto de una manera en la que logréis entenderlo. Tal vez es algo difícil entenderme, y por eso necesito a alguien a mi lado que intente comprender todo este desastre.
Porque soy un desastre. Y por eso necesito a otro desastre a mi lado que se llame perfección.
Se supone que si lo imperfecto se junta con lo perfecto, hay estabilidad, y es precisamente lo que yo necesito.
A ver, ya sé que es difícil, pero me gusta lo inexperto, y yo de esto no tengo ni idea. (Me refiero a vivir.)
No sé.
Alomejor estoy delirando una noche más y estoy algo perdida y mañana después de una noche sin dormir vea el mundo de otra forma. Si es que soy impredecible. Ya os he dicho mil veces que no hay quien me entienda, y sin embargo, (pocos) lo hacen.
No entiendo cómo me soportáis, cómo soportáis la inestabilidad de una persona como yo, que sabe lo que quiere pero no sabe cómo conseguirlo, no tiene ni idea. Si es que soy todo defectos.
Tengo para regalar.
Supongo que en un Universo paralelo todo esto sería diferente. Yo sería guapa, me vería bonita, a vosotros os encantaría la manera en la que me expreso, me entenderíais, sería famosa, habría escrito un libro, sería deshonesta con el mundo pero me irían bien las cosas, tendría estabilidad, dinero, ropa bonita, mi voz sería de un tono especial, sería alta,...
Pero de repente veo las cosas de otro modo.
Soy inestable.
No me gustaría un Universo paralelo porque todo el mundo leería el tipo de sandeces que estoy escribiendo ahora, y todos llegaríais al final de mis versos, y entonces todo el mundo se preocuparía por mí cuando no hay de qué preocuparse porque normalmente siempre soy así y me agobiaríais.
Así que, supongo que pasar desapercibida por el mundo es mucho mejor que toda esa mierda que os rodea a algunos. Y no me gustaría sentirme así porque no podría ser yo misma. Y si de algo estoy orgullosa es de ser como quiero ser y no mostrar dos caras al mundo. Y si de otra cosa también estoy orgullosa es de dejarme conocer poco a poco, y de sorprender, no sólo a los demás, sino también a mí misma con mis innovaciones personales.
Y de superarme.
Y de que todos piensen que no puedo y luego poder con todo.
Y así me siento ahora.
Hay una infinidad de sentimientos en mí que no puedo controlar y... si soy sincera, he pensado publicar esto únicamente en mi blog privado, pero estoy cansada de no dar la cara. Y aquí me tenéis en cuerpo y alma.
jueves, 29 de mayo de 2014
lunes, 19 de mayo de 2014
Sin título.
Mira que nunca he pensado que un miércoles pudiera ser bonito, pero aquellas cuerdas vocales sonaban como lluvia en el tejado, como un sinfín de hojas moviéndose con el aire y a la vez siendo escritas con la sangre de un poeta suicida con ganas de seguir viviendo.Inusuales.
Mis manos sostenían un libro que iba sobre cómo enamorarse (yo ilusa por poder encontrar el amor en unas páginas de autoayuda, porque nunca antes lo había encontrado), y entonces, lo escuché.
Mis piernas se movían en su dirección, y ahí estaba aquella voz de la que no tenía constancia hasta hacía un par de minutos. El dueño de aquella voz, estaba en la calle, y la hacía sonar con ritmo y concordancia de sonidos, estaba cantando junto con su guitarra acústica. Cantaba el estribillo de una canción que me sonaba, y yo estaba ahí, quieta, indecisa, y sin poder moverme.
Él me miraba de vez en cuando y sonreía, pero yo no me inmutaba, estaba loca y perdidamente enamorada de aquel sonido tan bello.
Los árboles soltaban pelusas con el viento porque era época de que la naturaleza se alterara, junto con mi sangre, que en esos momentos estaba hirviendo.
Era una escena tan maravillosa... (como sacada de un libro)
Tenía unos dedos que hacían absoluta poesía encima de las cuerdas de su guitarra, y la vibración de sus cuerdas vocales acompañaba tan sumamente bien a aquella instrumentación que... estaba atontada.
Únicamente pasaron dos cosas antes de que su mirada volviera a traspasarme.
Una, que volvió a sonreír. Y la segunda, que le salieron dos hoyuelos preciosos al sonreír en cada uno de sus mofletes.
Definitivamente no me hacía falta un libro de autoayuda para saber que estaba completa y absolutamente enamorada de aquel chico y de las dos únicas cualidades que había conocido esa tarde sobre él, así que procedí a tirarlo a la basura en cuanto una retahíla de canciones habían captado la atención de esas famosas "mariposas" en el estómago.
Ahora cada miércoles es especial.
jueves, 15 de mayo de 2014
Recorriéndome
Baño con sal y espuma.
Desde la punta de mis dedos de los pies, subí caminando con los dedos por mis gemelos, hasta llegar a la cima de mis rodillas y bajar por la montaña de mis muslos. Después, mis pulgares divisaron el abismo desde mi cintura, y se asustaron, y corrieron a encontrar refugio justo por debajo de mi estómago, en mi ombligo.
La tormenta se había terminado así que como un grupo de arañas mis dedos subieron hasta el pico con mayor altura de todo ese campo de piel: mis senos.
Suavemente se deslizaron hasta rozar mi cuello con la suavidad del agua resbalándose por él. Y fijándose en cada vena y arteria que se cruzaban por ahí. Más tarde, mi barbilla; y luego mis labios (desgastados), que entreabiertos, parecían una caverna en la que resguardarse del frío, pero para eso (pensé en que) necesitaba otros labios.
Mi nariz seguía el recorrido puntiagudamente, y mis ojos, que eran de un color entre un campo de cereales y un prado completamente verde, visualizaban ya la llegada de aquellos viandantes, cuyos nudillos estaban entumecidos y manchados por un negro abundante de las peleas psicológicas que había tenido últimamente y que provenían del consiguiente lugar establecido para reposar: mi mente.
Y esa pelea no sólo se trataba de mis pensamientos, sino de aquello que hacía que mi respiración se acelerase con tanta fuerza: de mi corazón.
Y con el corazón en la mano y mi cerebro en la otra comenzó una disputa entre la locura y la cordura, y adivinad quién gana siempre cada pelea y por qué el cerebro me castiga cada noche por mi indebida elección con un insomnio aplastante.
Desde la punta de mis dedos de los pies, subí caminando con los dedos por mis gemelos, hasta llegar a la cima de mis rodillas y bajar por la montaña de mis muslos. Después, mis pulgares divisaron el abismo desde mi cintura, y se asustaron, y corrieron a encontrar refugio justo por debajo de mi estómago, en mi ombligo.
La tormenta se había terminado así que como un grupo de arañas mis dedos subieron hasta el pico con mayor altura de todo ese campo de piel: mis senos.
Suavemente se deslizaron hasta rozar mi cuello con la suavidad del agua resbalándose por él. Y fijándose en cada vena y arteria que se cruzaban por ahí. Más tarde, mi barbilla; y luego mis labios (desgastados), que entreabiertos, parecían una caverna en la que resguardarse del frío, pero para eso (pensé en que) necesitaba otros labios.
Mi nariz seguía el recorrido puntiagudamente, y mis ojos, que eran de un color entre un campo de cereales y un prado completamente verde, visualizaban ya la llegada de aquellos viandantes, cuyos nudillos estaban entumecidos y manchados por un negro abundante de las peleas psicológicas que había tenido últimamente y que provenían del consiguiente lugar establecido para reposar: mi mente.
Y esa pelea no sólo se trataba de mis pensamientos, sino de aquello que hacía que mi respiración se acelerase con tanta fuerza: de mi corazón.
Y con el corazón en la mano y mi cerebro en la otra comenzó una disputa entre la locura y la cordura, y adivinad quién gana siempre cada pelea y por qué el cerebro me castiga cada noche por mi indebida elección con un insomnio aplastante.
lunes, 12 de mayo de 2014
Esencial.
Comenzaba un domingo apático sin poder arroparme con tus caricias y tu cadera moviéndose al ritmo de mi respiración.
Encendí la última vela en aquel salón tan oscuro, y abrí la ventana con la esperanza de que mis suspiros se escondieran con el sonido del viento, pero no hubo manera. Así que lo que hice fue escuchar la canción que sonó el último día mientras nos desnudábamos con la mirada.
Dos noches atrás, tus dientes no paraban de secuestrar a tus labios indomables, y eso a mí me ponía cada vez más nerviosa, eso a mí me ponía cada vez más.
Mi corazón aprisionaba a mi mente y en un intento de sosegar mis llantos internos, tu voz susurró mi nombre.
Entonces me derretí.
Tú sonreíste.
Estábamos inquietos
(por saber qué pasaría)
y empezamos a querernos.
Y yo no pretendía más que esconderme entre los fríos labios de alguien dispuesto a arroparme esa noche.
Por alguna razón me había perdido hacía unos meses y no sabía cómo encontrarme.
Por alguna razón te había encontrado, supuse.
Tus pupilas negras,
dilatadas
por el humo
de la chimenea
de aquel tren.
Y tú y yo,
inhumanos,
abrazándonos
en la cornisa
de ese piso,
y mientras,
nos daba la risa.
Cometí un error y fue grabar tu geografía en mi mente, pero así los sueños son más placenteros, así las pesadillas desaparecen.
Y los monstruos que habitaban en mi interior.
Esos también desaparecen.
Y me resulta esencial la presencia de unas caricias en la madrugada del 1 de Enero, y de cada día después de ver tu iris de color marrón clavándose en mi nuca.
Encendí la última vela en aquel salón tan oscuro, y abrí la ventana con la esperanza de que mis suspiros se escondieran con el sonido del viento, pero no hubo manera. Así que lo que hice fue escuchar la canción que sonó el último día mientras nos desnudábamos con la mirada.
Dos noches atrás, tus dientes no paraban de secuestrar a tus labios indomables, y eso a mí me ponía cada vez más nerviosa, eso a mí me ponía cada vez más.
Mi corazón aprisionaba a mi mente y en un intento de sosegar mis llantos internos, tu voz susurró mi nombre.
Entonces me derretí.
Tú sonreíste.
Estábamos inquietos
(por saber qué pasaría)
y empezamos a querernos.
Y yo no pretendía más que esconderme entre los fríos labios de alguien dispuesto a arroparme esa noche.
Por alguna razón me había perdido hacía unos meses y no sabía cómo encontrarme.
Por alguna razón te había encontrado, supuse.
Tus pupilas negras,
dilatadas
por el humo
de la chimenea
de aquel tren.
Y tú y yo,
inhumanos,
abrazándonos
en la cornisa
de ese piso,
y mientras,
nos daba la risa.
Cometí un error y fue grabar tu geografía en mi mente, pero así los sueños son más placenteros, así las pesadillas desaparecen.
Y los monstruos que habitaban en mi interior.
Esos también desaparecen.
Y me resulta esencial la presencia de unas caricias en la madrugada del 1 de Enero, y de cada día después de ver tu iris de color marrón clavándose en mi nuca.
jueves, 1 de mayo de 2014
Utopía.
Indudablemente estaba soñando.
El filo de sus ojos apareció para clavarse en mi nuca una noche más en la oscuridad del portal número 23 de aquella calle tan mágica. Su imagen se fundía entre las escaleras. Contaba 16 escaleras y un rellano entre ellas por cada piso que subía. Las luces eran imposibles de encenderse, y su perfil se fundía cada vez más rápido, ¿hasta qué piso tendría que subir aquella noche?
Mis piernas temblaban porque me estaba haciendo subir las escaleras corriendo, me hacía perseguirle, algo me atraía de él y no sabía lo que era, qué extraño.
Había infinidad de pisos en aquel edificio, y cuando digo infinidad, es que probablemente, nadie había llegado nunca hasta el final... Era un edificio diferente a todos los demás, algo innovador, algo único.
Cuando mi cuerpo comenzaba a flaquear, un número gigante dibujado e iluminado con una luz verde de neón, cegó a mis ojos.
Me cegaba tanto que ni siquiera pude darme cuenta del número que era porque había perdido a esa silueta a la que estaba persiguiendo, y mi deber esa noche era encontrarla.
"¿Dónde estará?" mascullé.
Pasé por un lugar demasiado oscuro en el que había dos palabras escritas en la pared...
"NO PUEDO." Ponía.
¿Qué significaría eso? Qué raro.
Entré por una puerta de un color azul eléctrico que daba a una habitación de color amarillo chillón, algo realmente nuevo.
Allí, un montón de papeles caían de un techo que no existía, que estaba sin construir, como si se tratara del cielo en una noche estrellada y los papeles fueran meteoritos que andaban cayéndose de allí.
En los papeles claramente se veía escrito: "sonríe", "puedes hacerlo", "supéralo", "llorar es de cobardes", "ellos te quieren", "no abandones", "enfréntate a ellos", "sálvate", "ALGÚN DÍA". Y no pude leer más porque rápidamente tuve que seguir hacia otra habitación.
En la consiguiente un sonido venía de una máquina tocadiscos, pero, ¡esa canción la conozco!
Me asombró mucho porque era mi canción favorita, de mi álbum favorito, a la hora exacta de reloj en la que supe que esa canción iba a ser la banda sonora de mi vida... ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué el rastro de ese personaje me estaba llevando a un momento tan importante de mi vida? ¿Por qué yo?
La canción sonaba en bucle y no paraba de sonar, me estaba agobiando porque un millón de preguntas estaban apareciendo en mi mente y no sabía qué hacer, así que seguí andando a pesar de todo.
Un túnel apareció tras la puerta siguiente y me quedé anonadada. En las paredes aparecían fotos de personas que me resultaban totalmente conocidas...
Mi padre, mi madre, mi hermana mayor, mi hermana mediana, mis abuelos, mis tíos y mis tías, mis primos... También mis amigos y amigas de la infancia, mis actuales mejores amigos y mejores amigas, mis conocidos, mis vecinos, incluso gente que había compartido una única sonrisa conmigo, una lista interminable. Y al final de todas aquellas imágenes... estaba yo.
Yo con meses, con un año, con dos, tres, cuatro, cinco... Y actualmente con diecisiete años. Cada una de las fotos representaba un momento emotivo para mí. Mi cumpleaños, el día de mi comunión, el día en el que me regalaron mi primera mascota, mi primer viaje, el día en el que supe lo que era de verdad la amistad, mi primer beso, mi primera emoción... Son fotos que yo creía inexistentes, pero que sin duda alguna, en algún recoveco de mi mente tenían demasiada importancia.
¿Por qué esto ahora? ¿Qué me estaba pasando?
El suelo empezaba a cambiar de colores y parecía que se movía. Un humo abrumador salía de las paredes y yo no conseguía ver nada...
"¡¿Qué está ocurriendo?! ¡Estoy volando! Estoy en el cielo. ¡Bajadme de aquí, por favor!" Estaba atacada de los nervios. Sobrevolaba el cielo en un aeroplano que se tambaleaba, y yo tenía que llevar los mandos en aquella situación. Sentí miedo. Mucho miedo. Pero cuando conseguí llevar la situación a una fuera de peligro me sentí exhausta de felicidad. Anímicamente descansada. La adrenalina seguía en mí pero la calma comenzaba a llegar.
Bajo mis pies estaba el mundo, y nunca mejor dicho.
Bajo mis pies pude ver a las personas viviendo sus vidas. En este tramo de la noche me di cuenta de cosas en las que nunca antes me había fijado. Aquí y ahora estaba fijando mis sentimientos, y precisamente me hacía falta recomponerme.
En las afueras de la ciudad gente sin nada que comer conversaba felizmente alrededor de una hoguera que ellos mismos habían hecho. Había un niño pequeño, el cual estaba arropado con un harapo roto y a la vez acurrucado bajo los brazos de sus padres, que hábilmente leían un cuento (sucio y con las páginas medio rotas) para él a la luz de la lumbre mientras intentaba quedarse dormido. Difícilmente lo conseguirían con el ruido de los trenes de carga que pasaban prácticamente al lado suyo. Yo sólo deseaba que tuvieran suerte. Yo sólo deseaba que la vida no les absorbiera.
La siguiente imagen que divise con el aeroplano (que ya estaba totalmente controlado) fue una pareja cenando en un restaurante céntrico de la ciudad.
Ella parecía realmente molesta por algo. Mis ojos se fijaron ahora en su acompañante, un chico moreno, bien arreglado, y hablando por su teléfono móvil. Parece que lleva bastante tiempo hablando y riéndose a la vez. Ella está descontenta con su actitud y él no parece darse cuenta. Finalmente, ella se levanta, pone un billete de gran cantidad de dinero en la mesa, y sale por la puerta del restaurante. El chico trata de seguirla pero ella no quiere saber nada más de él. Simplemente el tiempo había pasado y no a favor de ese chico.
Me gustaría saber si la chica estará llorando o por el contrario, dejará de pensar en aquel imbécil que le ha arruinado la noche. Ella iba tan bonita para él con su vestido rojo... Ha sido un desperdicio que él no se haya dado cuenta. ¿Serían pareja? Seguro... Por culpa de aquel incompetente ahora ella estará pasando la peor noche de su vida.
Una nube demasiado gris me tapa la vista y pierdo el control del aeroplano. No sé qué hacer ni cómo recobrar el control de los mandos. El motor se ha parado y estoy cayendo en picado. Encima llueve.
Para mi suerte ha sido otra fantasía más y el susto que me he pegado ha terminado llevándome al agua de una piscina. Estoy mojada y está lloviéndome en la cara. Pero me encanta.
El cielo está apagado y debido a las nubes torrenciosas no se pueden ver hoy las estrellas, así que decido hundirme en la piscina y bucear. Lo que me sorprende ahí abajo es que estoy viendo otra vez aquella luz de neón del principio. Está borrosa y ya no me duelen tanto los ojos de mirarla, así que veo el número de, supuestamente, el piso al que había llegado antes.
17.
Qué cosa tan extraña. ¿He subido hasta el piso número 17?
El viaje que he recorrido esta noche ha sido muy raro. Pero me ha recordado a muchas cosas de las que no tenía constancia.
Ahora que me paso a pensar.
17 son mis años.
Ese "NO PUEDO" que apareció en la primera sala me suena de haberlo repetido millones de veces en mi cabeza y de nunca poder quitármelo de en medio, aunque he querido otras millones de veces que desapareciera.
Todas las palabras de la segunda habitación me las han dicho mil veces las personas que me quieren (y también me lo he dicho yo). Quizás, en vez de dejarlas ahí apartadas, debería hacerlas más caso, y vestirme con más azul eléctrico y amarillo chillón.
La música ha demostrado ser un papel muy importante en mi vida. Me ha enseñado a respetar, a escuchar las letras de las canciones (como a escuchar a las personas), a culturizarme sobre los temas de los que hablan muchas de las canciones, a informarme sobre los integrantes de los grupos, a tener ídolos, a superarme... Sin la música no podría permanecer viva. Sin la música estaría hundida.
Las imágenes de las personas han logrado hacer de mi vida un álbum de fotos que no voy a poder borrar, aunque quiera. Y sé que cada persona que ha aparecido en mi vida, (ya sea sólo por un segundo, por una sonrisa, por un apretón de manos, por un beso, o por hacer que llore por primera vez) es muy importante. Y se ha llevado un trocito de mí. Se han llevado un cachito de mi mente, y muchos sentimientos compartidos. Así que tal vez debería acordarme un poquito más de los momentos importantes (aunque pequeños), que de los menos importantes (aunque grandes).
El aeroplano me ha hecho darme cuenta de que, no es importante el lugar, sino las personas con las que compartes el momento, las sonrisas que te sacan, y que nunca (ni en el peor de los momentos) vas a estar solo. Siempre hay alguien. Una persona, dos, tres, incluso uno mismo se hace compañía si tiene fe en que las cosas saldrán bien. En que la vida no le va a absorber, como muchas veces me ha pasado a mí, como en muchos sitios me he derrumbado por pensar estar sola en todo esto.
También (en este viaje) me he dado cuenta de que, si una persona no te valora, échala de tu vida. Por mucho que duela. Que los días pasan y tu vida también, y perder el tiempo no es algo que sea realmente productivo, que no puedes estar bien y al segundo darte cuenta de que todo a tu alrededor era una mentira. Que tienes que darte cuenta de lo real y lo imaginario, de lo importante y lo que no merece la pena. No hay que tirar tu vida por la vida.
Finalmente, la lluvia es la solución a todo, porque es como una descarga a tiempo, justo antes de que la tormenta llegue, justo antes de dejar que explotes, simplemente un desahogo mental y físico que se apodera de tu mente y que al final, lo cambia todo.
El filo de sus ojos apareció para clavarse en mi nuca una noche más en la oscuridad del portal número 23 de aquella calle tan mágica. Su imagen se fundía entre las escaleras. Contaba 16 escaleras y un rellano entre ellas por cada piso que subía. Las luces eran imposibles de encenderse, y su perfil se fundía cada vez más rápido, ¿hasta qué piso tendría que subir aquella noche?
Mis piernas temblaban porque me estaba haciendo subir las escaleras corriendo, me hacía perseguirle, algo me atraía de él y no sabía lo que era, qué extraño.
Había infinidad de pisos en aquel edificio, y cuando digo infinidad, es que probablemente, nadie había llegado nunca hasta el final... Era un edificio diferente a todos los demás, algo innovador, algo único.
Cuando mi cuerpo comenzaba a flaquear, un número gigante dibujado e iluminado con una luz verde de neón, cegó a mis ojos.
Me cegaba tanto que ni siquiera pude darme cuenta del número que era porque había perdido a esa silueta a la que estaba persiguiendo, y mi deber esa noche era encontrarla.
"¿Dónde estará?" mascullé.
Pasé por un lugar demasiado oscuro en el que había dos palabras escritas en la pared...
"NO PUEDO." Ponía.
¿Qué significaría eso? Qué raro.
Entré por una puerta de un color azul eléctrico que daba a una habitación de color amarillo chillón, algo realmente nuevo.
Allí, un montón de papeles caían de un techo que no existía, que estaba sin construir, como si se tratara del cielo en una noche estrellada y los papeles fueran meteoritos que andaban cayéndose de allí.
En los papeles claramente se veía escrito: "sonríe", "puedes hacerlo", "supéralo", "llorar es de cobardes", "ellos te quieren", "no abandones", "enfréntate a ellos", "sálvate", "ALGÚN DÍA". Y no pude leer más porque rápidamente tuve que seguir hacia otra habitación.
En la consiguiente un sonido venía de una máquina tocadiscos, pero, ¡esa canción la conozco!
Me asombró mucho porque era mi canción favorita, de mi álbum favorito, a la hora exacta de reloj en la que supe que esa canción iba a ser la banda sonora de mi vida... ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué el rastro de ese personaje me estaba llevando a un momento tan importante de mi vida? ¿Por qué yo?
La canción sonaba en bucle y no paraba de sonar, me estaba agobiando porque un millón de preguntas estaban apareciendo en mi mente y no sabía qué hacer, así que seguí andando a pesar de todo.
Un túnel apareció tras la puerta siguiente y me quedé anonadada. En las paredes aparecían fotos de personas que me resultaban totalmente conocidas...
Mi padre, mi madre, mi hermana mayor, mi hermana mediana, mis abuelos, mis tíos y mis tías, mis primos... También mis amigos y amigas de la infancia, mis actuales mejores amigos y mejores amigas, mis conocidos, mis vecinos, incluso gente que había compartido una única sonrisa conmigo, una lista interminable. Y al final de todas aquellas imágenes... estaba yo.
Yo con meses, con un año, con dos, tres, cuatro, cinco... Y actualmente con diecisiete años. Cada una de las fotos representaba un momento emotivo para mí. Mi cumpleaños, el día de mi comunión, el día en el que me regalaron mi primera mascota, mi primer viaje, el día en el que supe lo que era de verdad la amistad, mi primer beso, mi primera emoción... Son fotos que yo creía inexistentes, pero que sin duda alguna, en algún recoveco de mi mente tenían demasiada importancia.
¿Por qué esto ahora? ¿Qué me estaba pasando?
El suelo empezaba a cambiar de colores y parecía que se movía. Un humo abrumador salía de las paredes y yo no conseguía ver nada...
"¡¿Qué está ocurriendo?! ¡Estoy volando! Estoy en el cielo. ¡Bajadme de aquí, por favor!" Estaba atacada de los nervios. Sobrevolaba el cielo en un aeroplano que se tambaleaba, y yo tenía que llevar los mandos en aquella situación. Sentí miedo. Mucho miedo. Pero cuando conseguí llevar la situación a una fuera de peligro me sentí exhausta de felicidad. Anímicamente descansada. La adrenalina seguía en mí pero la calma comenzaba a llegar.
Bajo mis pies estaba el mundo, y nunca mejor dicho.
Bajo mis pies pude ver a las personas viviendo sus vidas. En este tramo de la noche me di cuenta de cosas en las que nunca antes me había fijado. Aquí y ahora estaba fijando mis sentimientos, y precisamente me hacía falta recomponerme.
En las afueras de la ciudad gente sin nada que comer conversaba felizmente alrededor de una hoguera que ellos mismos habían hecho. Había un niño pequeño, el cual estaba arropado con un harapo roto y a la vez acurrucado bajo los brazos de sus padres, que hábilmente leían un cuento (sucio y con las páginas medio rotas) para él a la luz de la lumbre mientras intentaba quedarse dormido. Difícilmente lo conseguirían con el ruido de los trenes de carga que pasaban prácticamente al lado suyo. Yo sólo deseaba que tuvieran suerte. Yo sólo deseaba que la vida no les absorbiera.
La siguiente imagen que divise con el aeroplano (que ya estaba totalmente controlado) fue una pareja cenando en un restaurante céntrico de la ciudad.
Ella parecía realmente molesta por algo. Mis ojos se fijaron ahora en su acompañante, un chico moreno, bien arreglado, y hablando por su teléfono móvil. Parece que lleva bastante tiempo hablando y riéndose a la vez. Ella está descontenta con su actitud y él no parece darse cuenta. Finalmente, ella se levanta, pone un billete de gran cantidad de dinero en la mesa, y sale por la puerta del restaurante. El chico trata de seguirla pero ella no quiere saber nada más de él. Simplemente el tiempo había pasado y no a favor de ese chico.
Me gustaría saber si la chica estará llorando o por el contrario, dejará de pensar en aquel imbécil que le ha arruinado la noche. Ella iba tan bonita para él con su vestido rojo... Ha sido un desperdicio que él no se haya dado cuenta. ¿Serían pareja? Seguro... Por culpa de aquel incompetente ahora ella estará pasando la peor noche de su vida.
Una nube demasiado gris me tapa la vista y pierdo el control del aeroplano. No sé qué hacer ni cómo recobrar el control de los mandos. El motor se ha parado y estoy cayendo en picado. Encima llueve.
Para mi suerte ha sido otra fantasía más y el susto que me he pegado ha terminado llevándome al agua de una piscina. Estoy mojada y está lloviéndome en la cara. Pero me encanta.
El cielo está apagado y debido a las nubes torrenciosas no se pueden ver hoy las estrellas, así que decido hundirme en la piscina y bucear. Lo que me sorprende ahí abajo es que estoy viendo otra vez aquella luz de neón del principio. Está borrosa y ya no me duelen tanto los ojos de mirarla, así que veo el número de, supuestamente, el piso al que había llegado antes.
17.
Qué cosa tan extraña. ¿He subido hasta el piso número 17?
El viaje que he recorrido esta noche ha sido muy raro. Pero me ha recordado a muchas cosas de las que no tenía constancia.
Ahora que me paso a pensar.
17 son mis años.
Ese "NO PUEDO" que apareció en la primera sala me suena de haberlo repetido millones de veces en mi cabeza y de nunca poder quitármelo de en medio, aunque he querido otras millones de veces que desapareciera.
Todas las palabras de la segunda habitación me las han dicho mil veces las personas que me quieren (y también me lo he dicho yo). Quizás, en vez de dejarlas ahí apartadas, debería hacerlas más caso, y vestirme con más azul eléctrico y amarillo chillón.
La música ha demostrado ser un papel muy importante en mi vida. Me ha enseñado a respetar, a escuchar las letras de las canciones (como a escuchar a las personas), a culturizarme sobre los temas de los que hablan muchas de las canciones, a informarme sobre los integrantes de los grupos, a tener ídolos, a superarme... Sin la música no podría permanecer viva. Sin la música estaría hundida.
Las imágenes de las personas han logrado hacer de mi vida un álbum de fotos que no voy a poder borrar, aunque quiera. Y sé que cada persona que ha aparecido en mi vida, (ya sea sólo por un segundo, por una sonrisa, por un apretón de manos, por un beso, o por hacer que llore por primera vez) es muy importante. Y se ha llevado un trocito de mí. Se han llevado un cachito de mi mente, y muchos sentimientos compartidos. Así que tal vez debería acordarme un poquito más de los momentos importantes (aunque pequeños), que de los menos importantes (aunque grandes).
El aeroplano me ha hecho darme cuenta de que, no es importante el lugar, sino las personas con las que compartes el momento, las sonrisas que te sacan, y que nunca (ni en el peor de los momentos) vas a estar solo. Siempre hay alguien. Una persona, dos, tres, incluso uno mismo se hace compañía si tiene fe en que las cosas saldrán bien. En que la vida no le va a absorber, como muchas veces me ha pasado a mí, como en muchos sitios me he derrumbado por pensar estar sola en todo esto.
También (en este viaje) me he dado cuenta de que, si una persona no te valora, échala de tu vida. Por mucho que duela. Que los días pasan y tu vida también, y perder el tiempo no es algo que sea realmente productivo, que no puedes estar bien y al segundo darte cuenta de que todo a tu alrededor era una mentira. Que tienes que darte cuenta de lo real y lo imaginario, de lo importante y lo que no merece la pena. No hay que tirar tu vida por la vida.
Finalmente, la lluvia es la solución a todo, porque es como una descarga a tiempo, justo antes de que la tormenta llegue, justo antes de dejar que explotes, simplemente un desahogo mental y físico que se apodera de tu mente y que al final, lo cambia todo.
(Me percaté de inmediato de que, la silueta a la que estaba siguiendo, era la vida en sí, era mi vida. Irónicamente, estaba persiguiendo lo que quería cumplir: mis sueños.)
martes, 22 de abril de 2014
Haciéndote el amor con la mirada.
Ha encendido su último cigarrillo y sobrevuela con sus manos el cielo recorriendo el perfil de cada estrella. Se ha parado en la Luna para susurrar un "joder" como sinónimo de lo hermosa que yace esta noche, y yo permanezco sentada detrás suyo mirando cómo desliza sus caderas como si estuviese incómodo, como si le faltara algo, como si necesitase algo.
Me encanta mirarle, me encanta visualizar su geografía porque (su cuerpo) es el mejor lugar en el que he vivido nunca y fotografiar mentalmente su culo ha sido el mejor paisaje que me ha entrado nunca por los ojos.
El humo sale de su boca como si llevase días enterrado en sus pulmones, y me derrito al ver cómo sus labios se pegan al filtro del cigarrillo y luego se separan suavemente mientras su lengua roza el contorno de ellos para evitar que se sequen, o para saborear la noche tan calmada que hace hoy.
Me encanta que sus manos se deslicen al ras de la ventana, porque me hace pensar en cuando sus dedos se desplazan en la silueta de mi cuerpo y me hace cosquillas al hacerlo tan lento.
La Valse d'Amelie suena en mi subconsciente y recorre su perfil en cosa de un minuto, pasando por su cabello negro, sus ojeras, sus pecas, su nariz respingona, sus labios incandescentes, su cuello largo... Y justamente me paro en el lugar que más me gusta, en el sitio donde más lunares he encontrado, en el área de su cuerpo donde más veces me he parado y más veces, de hecho, he querido besar. Su espalda.
Su espalda es tan sumamente irresistible que me he perdido más de una vez en ella y no he querido encontrarme nunca. Las horas mirando su esqueleto se me pasaban volando y se me erizaba la piel si se daba la vuelta y me besaba.
Su mirada se fija ahora en la mía. Su cigarro ya casi se ha consumido entero. No vuelve a darse la vuelta para mirar el cielo. Ahora me observa a mí con cuidado de no hacerme daño con la mirada. Yo le sonrío. Él me guiña un ojo. No puedo parar de mirarle y él comienza a sentirse incómodo, así que me pregunta "¿qué miras?". No contesto. Sigo mirándole.
En la inmensidad de sus ojos me pierdo. Son como un Universo que nadie más aparte de mí ha descubierto por completo, y me gusta pensar eso. Su color es igual que el de Neptuno y para mí, es la novena maravilla del mundo, y digo la novena, porque la octava todavía no ha salido a la luz.
Su cigarro se ha terminado por completo y por fin decide sentarse a mi lado.
Qué bien.
Comienza a acariciarme el pelo. Sabe que me encanta. No nos decimos nada pero a la vez nos lo estamos diciendo todo. Me gusta esta forma de comunicación, me encanta que juntos hayamos inventado un idioma que sólo nosotros entendemos, y que seguirá siendo nuestro aunque los años pasen, aunque las palabras se agoten, aunque los sueños se acaben, aunque no estemos al lado el uno del otro.
"Adoro observarte." De repente es la única frase que sale de mi boca.
Sonríe.
Me besa intensamente y me vuelvo a perder en su saliva.
"Te quiero." Susurra.
"Es que... No puede ser." Me quejo.
"¿Qué pasa? ¿Qué no puede ser?" Me pregunta temeroso de saber la respuesta.
"¿Que qué pasa? Pasa que tienes la voz más bonita del Universo, que si me preguntan por la Octava Maravilla del mundo, responderé que lo son tus cuerdas vocales. Que me encanta cuando me susurras que siga, que no pare, que me alimente a base de besos, adoro la forma en la que me cantas al oído la balada que lleva mi nombre, me encantas tú y tu jodida sonrisa, te quiero, y no soportaría un día sin poder mirar tu cuerpo y admirarte. Admirarte por la fuerza y el valor que te llenan, admirarte porque nunca permitirías que yo me cayese, aunque eso significara que tuvieras que caer tú por mí. Me encanta que me pongas mi canción favorita por las mañanas y que aparezcas a mi lado. Que pases las noches de insomnio conmigo, y otras tantas agarrado a mi culo. Y amo que me dejes pasear por tu casa con tus sudaderas y tus camisetas, porque tu cama es la mejor pasarela en la que jamás podría desfilar, y tú eres el único público que quiero tener." Mi boca no podía parar de hablar y describir sus virtudes y todo lo que me enamoraba de él.
"Eres impresionante."
Fue lo único que salió de su boca.
Y lo único que me apetecía oír en ese momento.
Y lo suficiente para tener fuerzas para lo que vendría minutos después.
lunes, 31 de marzo de 2014
¿Sociedad? ¿Qué es eso?
Te levantas un día con el cielo más azul que nunca, y sin embargo, no sonríes. Te limitas a dar los "buenos días" a tu familia sabiendo que detrás de esa sonrisa que acabas de ponerles no hay más que mentiras.
Subes la persiana de tu habitación y te duele, te duele sólo ver la luz que entra junto con los rayos de Sol, te duele ver cómo pasa el tiempo, te duele ver cómo pasan las personas por la calle tan felices e ignorantes a la vez. Y entonces, te preguntas: "¿cómo (en una sociedad como esta) puede la gente ignorar todos los detalles horribles de la vida y sonreír, sin apenas darse cuenta de que el mundo se va a pique?"
Tratas de reflexionar.
¿Qué hay de bueno en tu país? ¿Qué?
Pensando recuerdas que lo que más te gusta en el mundo tiene ahora mismo un IVA del 21%, vamos, que si te gusta leer y escuchar música, o tienes dinero, o estás jodido. ¿Así es como quieren que vaya bien la educación? Si un libro cuesta más que una botella de alcohol.
¿Así es como pretenden que la gente no se descargue canciones, porque es ilegal? Entendednos, no podemos vivir sin música, sin un estilo o un grupo o artista que predominen en nuestras vidas, no podemos y no debemos, porque la música es el aprendizaje de los oídos, es tan importante saber hablar como saber escuchar, y decidme, ¿ahora seguís pensando que la música no enseña educación? Estáis tan equivocados... La música muchas veces enseña más que un libro.
¿Y qué me decís de los e-books? ¿Dónde perdimos el sentido de la lectura? Eso de estremecerse con el tacto de una hoja nueva, recién impresa, con letras y versos que provienen de la mente de algún ser sabio como todos, de los pensamientos de alguien que ha llegado un poquito más allá de donde algunos no podemos llegar. A mí ese sentimiento me da la vida, es como si te abriesen la mente de alguien para saber lo que piensa, lo que siente en el momento en el que está escribiendo esas palabras, la riqueza de su vocabulario, cómo habla y cómo se expresa... ¡es una sintonía tan bonita entre la mente y la escritura! Quién pudiese.
Nuestro país ha decaído tanto que los programas 'telebasura' se han extendido hasta llegar el punto en el que todas las cadenas de televisión tienen (al menos) un programa de estas características. ¿Pero es que no os dais cuenta de que intentan entretenernos como si fuéramos tontos?
Habláis de la gente que ve documentales como 'frikis', y sin embargo, ser friki es algo más que bueno, es ceñirte en un aspecto de la vida que es muy importante para ti, y, amigos y lectores, la cultura es lo más importante que puede existir en un mundo como este, o sino estarás perdido. Os perdéis Historia, conocimientos científicos, conocimientos básicos de la supervivencia de una persona... os perdéis el vivir.
No pretendo que os metáis trescientos documentales en una tarde, ni un mes, ni siquiera en toda vuestra vida, sólo comento que sería mucho mejor culturizarse sobre algún tema importante (económico, social, cultural...), mejor que ver cómo la tía del abuelo de Bob Esponja ha demandado al primo del padre de Patricio, ¿vale? ¿Qué tiene de interesante aprender sobre la vida de unas personas que sólo dan juego al remordimiento, al dinero, y al número de personas que se están tragando sus (poco) interesantes vidas? No es por nada, pero nosotros ya tenemos nuestras vidas, y creo que es suficiente con que resolvamos nuestros problemas en vez de quedarnos ahí parados para ver cómo resuelven los demás los suyos, ¿no creéis?
Hablemos de la poca inteligencia que gastan algunos proporcionando un lenguaje deshonesto hacia el físico de las personas. Vamos a ver, ¿cómo queréis que os respeten si vosotros no respetáis? Creo que no es un tema difícil de entender, creo que una persona que tiene un mal físico (a vuestra forma de ver) no os ha hecho nada, es más, se está mostrando tal y como es, sin operaciones quirúrgicas que puedan hacer cambios en su aspecto como la cirugía estética, que también conlleva riesgos, pero ese es otro tema, somos personas y cada cual muestra su naturaleza de una forma diferente a los demás.
Con temas como estos (que bien creo que existen en la mayoría de los países) me planteo si somos en realidad seres humanos o monstruos, ¿cómo podemos actuar de esta manera?
Luego existen las disputas entre distintas ideologías, pero vamos a ver, ¿sois personas o animales? Por cómo os peleáis a veces pienso en si es normal, o soy yo la que no lo ve lógico. ¿No podéis vivir respetando los ideales de cada uno? Qué más da si piensas de una manera o de otra si al final todos vamos a acabar de la misma forma, si nacemos, vivimos y morimos igual que cualquiera, ¿y todavía nos atrevemos a decir que no somos iguales? Qué importará si somos de una religión o creencia o de otra, de una raza o de otra, de un partido político o de ninguno, tenga la sexualidad que tenga, si nos gustan las historias de miedo o las de amor, ¿os molestan los ideales de los demás o cómo va esto? Porque no lo entiendo.
Eso sí, una cosa que me irrita mucho es la desigualdad entre políticos y los que estamos aquí abajo. A mí por robar un pan para poder comer me llevarían a la cárcel y a ellos por lo mismo les darían las gracias, ¿o qué? ¿No se supone que las leyes se imponen de la misma forma para todo el mundo? ¿Me están vacilando? Desde luego con una política corrupta no pretendáis que el sistema vaya bien, y menos pidáis que nos siente bien que a un político le reduzcáis la condena y las multas y a una persona de un Status Social más bajo le arruinéis la vida.
Eso sí, una cosa que me irrita mucho es la desigualdad entre políticos y los que estamos aquí abajo. A mí por robar un pan para poder comer me llevarían a la cárcel y a ellos por lo mismo les darían las gracias, ¿o qué? ¿No se supone que las leyes se imponen de la misma forma para todo el mundo? ¿Me están vacilando? Desde luego con una política corrupta no pretendáis que el sistema vaya bien, y menos pidáis que nos siente bien que a un político le reduzcáis la condena y las multas y a una persona de un Status Social más bajo le arruinéis la vida.
Y, por último (perdón por generalizar, ya sé que no sois todos así, pero la gran mayoría lo son), el tema de: "mírala qué cerda, se ha tirado a tres". ¿Perdonad? O sea, vosotros os tiráis a tres chicas y no sois unos cerdos, sois unos machotes, ¿verdad? ¿Qué pasa, que después de tanta guerra que hemos dado con los movimientos feministas, nos seguís tratando como un sexo inferior? Pues no, bonitos. Es un tema que me revienta mucho, pedimos igualdad, y de hecho nos la concedéis, y aquí nadie respeta a nadie. Qué bonito, ¿a que sí?
Cuando cambiéis el significado de la palabra "sociedad" a uno que no sea igual que el de "suciedad", me avisáis, porque de momento vamos por mal camino y esto no para de crecer. Y ahí arriba os he expuesto algunos de los temas que más odio, pero, obviamente, no son todos, hay muchísimos más que me molestan y que deberíamos tratar de cambiar, pero lo dejo a la idea de cada uno.
Allá vosotros, pero yo no me pienso quedar parada para que esto siga así, yo no.
sábado, 15 de marzo de 2014
Elígeme.
Hoy la noche está manchada de tus suspiros, que a la vez son míos y humedecen el cristal en el que formamos las letras de nuestro adjetivo favorito: "transparente".
Transparente como la nieve que se quema entre nuestras manos.
Transparente como nuestras miradas cuando se entrelazan.
Transparente, como aquella vez en que miré a través de tu sonrisa.
Y mientras morimos de miedo en la inmensidad del Universo, inmersos en nuestros deseos de acariciarnos la vida, lentamente recorres mi espalda aclamando uno de mis cosquilleos.
Así que me hago eterna a tu lado.
Así que la luz de tus ojos me pide a gritos que te desnude y que recorra tus vértices, similares a un pañuelo de seda por su textura inexplicable entre suave y áspera.
Y tus lunares sobresalen como los picos (en el mapa) del Everest, o como una fotografía vieja en un álbum roto de una época que parecía casi inexistente, no sé.
Y qué me dices de las líneas que recorren la palma de tu mano, y que forman surcos como la arena en el desierto, como las calles de París con viandantes, como Venecia repleta de agua, como las olas del mar bailando al ritmo del poema de un suicida.
Y ahora no sé cómo describir tu boca, si como un sendero de claveles rojos o un campo de amapolas a punto de florecer o qué. Tal vez un campo de cereales. Quizás una mezcla de ambos.
Sólo sé que su comisura me vuelve loca, que cada vez que mojas tus labios con tu saliva se me cae el mundo, que las murallas de Berlín se derrumban una y otra vez cada vez que te muerdes el labio inferior y que construiría la torre de Pisa con tal de sentirlos, tocarlos, o besarlos. Ay de mí.
Y bueno, qué me dices de tu pelo surcando cada borrasca.
Hablemos de que soy adicta a tu olor mediterráneo. A ese olor costero que tienes tan predominante. A esa dulzura que se queda impregnada en mi cuello cuando me abrazas y que si la comparo con algún sentimiento sólo se me aparece el de lujuria. Porque, ay, lo que te haría.
Te haría sentir el hombre más bonito del planeta Tierra.
Haría que mi cama te pareciese más romántica que Roma.
Haría que nuestra vida fuese mejor que la película "El diario de Noa".
Mejor que un libro de John Green.
Mejor que pelear por defender a Pearl Harbor.
Tú James Dean y yo Audrey Hepburn.
Yo Bonnie y tú Clyde.
Tú decides, porque yo me quedo con esto.
sábado, 8 de marzo de 2014
Hoy me dueles, amor.
Así que (cómo no) le dije "hola" con mis labios temblorosos. Agaché la mirada como si fuese una reclusa que no debía haber saludado a su ex-compañero de celda (o en este caso de vida) y me fui.
Tal fue el sentimiento tan abrumador que se apoderó de mí, que me quedé parada justo en medio de la calle, treinta segundos después de lo sucedido y, sin quererlo ni poder controlarlo, comencé a llorar como si tuviese tres años y mi madre me hubiese quitado el juguete de las manos. Y ahí, en medio de esa calle vacía, permanecí minutos, horas y me perdí aún más de lo que ya lo estaba.
¿Cómo? Decidme, queridos ingenuos y gente feliz del planeta Tierra, ¿cómo pude recaer de tal forma con sólo escuchar su voz, una vez más? ¿Es tan grande el sentimiento que me está comiendo por dentro? ¿Cuándo se marcharán los monstruos que hay dentro de mi cabeza?
Tantas preguntas atormentaban mi mente que no me dejaban visualizar que había salido la luna llena en esta noche de Invierno vacía y mi quebradizo corazón palpitaba muy fuerte en mis oídos.
"¿Soy digna de merecer un poco de música?" - me pregunté a mí misma.
Claro que soy digna, ¡conchos! ¿Quién no se merece un poco de música? Tal vez yo no me la merecía, pero sí que la necesitaba, y en la nocturna vida que estaba llevando aquel día, la canción más triste del mundo se apoderó de mis oídos, y seguidamente, de mi cabeza, más tarde, de mi alma entera... Esa canción se había convertido en la dueña de mi cuerpo y yo regía sus normas... y así lo hice. En el acústico del sonar de una guitarra, mis manos atraparon mi cara por completo para limpiar las lágrimas que salían solas, que no necesitaban de pensamientos horribles para salir... eso ya no hacía falta.
La música jugaba con mis sentimientos al igual que tu maravillosa y vengativa mirada, al igual que tú conmigo, al igual que un gato con un ovillo de lana.
Podía sentir dentro de mí la nostalgia de los días que (no) nos quedaban por vivir. Podía notar la sensación de alivio al machacar mis piernas con mis uñas arropándolas, y arañándolas. Podía sentir la rabia acumulada de los días de lluvia y de los días en color negro que últimamente, no paraban de transcurrir.
Y en un intento de notar el amor que sentí por ti... se había esfumado. Hoy ya no te quería.
Hoy tan sólo me dolías.
"Hoy me dueles, amor." - susurré.
"Hoy me dueles. Me dueles. Me dueles." - repetía una y otra vez.
Esa noche encontré refugio en la canción más triste del mundo, y me arropó con su abrigo de notas musicales... Regresé a casa más perdida que nunca, y musité muy bajito:
"Nadie más te hará daño. Mira cómo has acabado. Y lo sabías. Puedes recomponerte, saldrás de esta."
Y entonces me dormí.
Soñé.
Y aún no he despertado.
martes, 4 de marzo de 2014
¿Y ese suspiro?
Hoy me encuentro frente a la pantalla del ordenador y no paro de imaginar tus manos balanceándose al mismo tiempo que el viento azota la persiana de mi habitación con fuerza. Al unísono también de la canción más sentimental que podía estar escuchando en esos momentos, al ritmo de ese bajo estremecedor, esa batería sonando lejos pero fuerte, esa guitarra eléctrica sonando con ganas y esa voz rota que susurraba que debíamos parar los relojes...
Ayer me entraron unas ganas increíbles de echarme a llorar. Pero algo me detuvo. Te visualicé allí tan feliz... Y es que tu felicidad me da la vida, no me preguntes por qué porque yo tampoco le encuentro una respuesta.
No sé. Ayer no era yo. Ayer estaba en trance con tu mirada, que, sin darlo a conocer al resto del mundo, me estaba sonriendo, y que, aunque yo no lo notara, me proporcionaba energía.
Así que en uno de estos momentos, entré en contacto con mi mente y me perdí en mis pensamientos mientras de fondo sonaba una canción inédita...
Mi clavícula. Tus besos. Mi comisura. Tus labios en ella. Mi cintura. Tus manos pegadas. Mi sonrisa. La tuya. Millones de cosas que compenetraban a la perfección, y millones de momentos que vagabundeaban por mi mente en esos momentos. Todo pasaba demasiado rápido, y yo sólo quería darle al 'pause'.
Tus manos de repente desabrochando botón a botón mi blusa blanca... ¿Mis manos? Debajo de tu jersey. Creo que en esas circunstancias me encontraba perdida en una perfección demasiado irreal. Creo que en esos momentos me encontraste, pero perdida en ti.
Mi falda se levantaba lento al ver volar tus manos debajo de ella. Tus pantalones se caían al ritmo de un bailoteo de tus piernas, que, temblaban al mismo tiempo que mi cuerpo. Todo comenzaba a cobrar sentido. Tú y yo teníamos algo en común. Lo notaba. Lo notabas. Lo notábamos ambos. Y nuestra respiración no se quedaba al margen. Respirábamos agitados, con ganas, como si hubiésemos recorrido la maratón más larga del mundo. (Y de hecho lo estábamos haciendo, estábamos recorriendo el camino más largo de nuestra relación. Habíamos definido esto como algo más. Habíamos progresado y estábamos a gusto con el cambio.)
No podía contarle al mundo en ese momento todo lo que estaba sintiendo, porque, me estaba muriendo por dentro, no sé si de amor, de alegría, de felicidad, o de esas tres últimas cosas fusionadas.
Me estaba fundiendo en ti, te estabas estremeciendo conmigo, ambos nos bailábamos al compás, como dos locos, como dos cuerdos que quieren establecer un vínculo entre lo físico y lo psicológico. Se me incendiaba el alma cada vez que me besabas. Suplicaba la calma a mi corazón, pero no podía, latía cada vez más rápido y el tuyo se ponía de acuerdo conmigo.
Subes navegando por mi espalda, y. Me quiero largar del mundo contigo, todo es perfecto.
Siete caricias.
Tres gemidos.
Dos "te quiero"; y uno de cada uno.
Y en efecto, lo hiciste. Me hiciste tuya esa noche.
Mi cuerpo era un testamento en el que tú escribiste tus palabras más profundas, y me dejaste escucharlas.
Me diste a conocer tu lado más tierno, tu lado más bonito (y mira que a estas alturas ya era imposible encontrar algo más hermoso en ti), y tu lado más imprevisible (y este último me dejó anonadada).
Y yo te di a conocer mi lado más natural, mis ganas de comerte a besos, mis ganas de susurrarte cosas (que sólo tú y yo podemos saber) al oído, y mis pulmones y su fuerza para gritar tu nombre y posteriormente lo mucho que te quería.
Y entonces, en aquel instante supe que no tendría que esforzarme en quererte más, sino en quererte mejor.
Ayer me entraron unas ganas increíbles de echarme a llorar. Pero algo me detuvo. Te visualicé allí tan feliz... Y es que tu felicidad me da la vida, no me preguntes por qué porque yo tampoco le encuentro una respuesta.
No sé. Ayer no era yo. Ayer estaba en trance con tu mirada, que, sin darlo a conocer al resto del mundo, me estaba sonriendo, y que, aunque yo no lo notara, me proporcionaba energía.
Así que en uno de estos momentos, entré en contacto con mi mente y me perdí en mis pensamientos mientras de fondo sonaba una canción inédita...
Mi clavícula. Tus besos. Mi comisura. Tus labios en ella. Mi cintura. Tus manos pegadas. Mi sonrisa. La tuya. Millones de cosas que compenetraban a la perfección, y millones de momentos que vagabundeaban por mi mente en esos momentos. Todo pasaba demasiado rápido, y yo sólo quería darle al 'pause'.
Tus manos de repente desabrochando botón a botón mi blusa blanca... ¿Mis manos? Debajo de tu jersey. Creo que en esas circunstancias me encontraba perdida en una perfección demasiado irreal. Creo que en esos momentos me encontraste, pero perdida en ti.
Mi falda se levantaba lento al ver volar tus manos debajo de ella. Tus pantalones se caían al ritmo de un bailoteo de tus piernas, que, temblaban al mismo tiempo que mi cuerpo. Todo comenzaba a cobrar sentido. Tú y yo teníamos algo en común. Lo notaba. Lo notabas. Lo notábamos ambos. Y nuestra respiración no se quedaba al margen. Respirábamos agitados, con ganas, como si hubiésemos recorrido la maratón más larga del mundo. (Y de hecho lo estábamos haciendo, estábamos recorriendo el camino más largo de nuestra relación. Habíamos definido esto como algo más. Habíamos progresado y estábamos a gusto con el cambio.)
No podía contarle al mundo en ese momento todo lo que estaba sintiendo, porque, me estaba muriendo por dentro, no sé si de amor, de alegría, de felicidad, o de esas tres últimas cosas fusionadas.
Me estaba fundiendo en ti, te estabas estremeciendo conmigo, ambos nos bailábamos al compás, como dos locos, como dos cuerdos que quieren establecer un vínculo entre lo físico y lo psicológico. Se me incendiaba el alma cada vez que me besabas. Suplicaba la calma a mi corazón, pero no podía, latía cada vez más rápido y el tuyo se ponía de acuerdo conmigo.
Subes navegando por mi espalda, y. Me quiero largar del mundo contigo, todo es perfecto.
Siete caricias.
Tres gemidos.
Dos "te quiero"; y uno de cada uno.
"Escúchame", dijiste con la mirada más brillante.
"Vamos a escaparnos", respondí, sin querer saber la pregunta.
Y en efecto, lo hiciste. Me hiciste tuya esa noche.
Mi cuerpo era un testamento en el que tú escribiste tus palabras más profundas, y me dejaste escucharlas.
Me diste a conocer tu lado más tierno, tu lado más bonito (y mira que a estas alturas ya era imposible encontrar algo más hermoso en ti), y tu lado más imprevisible (y este último me dejó anonadada).
Y yo te di a conocer mi lado más natural, mis ganas de comerte a besos, mis ganas de susurrarte cosas (que sólo tú y yo podemos saber) al oído, y mis pulmones y su fuerza para gritar tu nombre y posteriormente lo mucho que te quería.
Y entonces, en aquel instante supe que no tendría que esforzarme en quererte más, sino en quererte mejor.
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