domingo, 25 de enero de 2015

Odisea. Canto I.

Philia encuentra a Phobos.

Era real el sentimiento de catarsis.
De que la tiemblen los huesos tan solo de pensar en un "nosotros".

Sentía el dolor en cada entresijo de su cuerpo.
Ella era sencilla a simple vista, muchos dicen que le gustaban las cosas prácticas.
Pero en su interior,
en su interior emanaba un lobo feroz.
Y su cabeza no era lo más alborotado del lugar.
Cuando Philia conoció a Phobos fue un encuentro sideral,
y a Philia no se le ocurrió otra cosa que susurrarle a Phobos:


En un viaje astral
sé que tú me guiarás,
y quizás con la ayuda del viento mistral,
encontrarme podrás.

Phobos le sonrió a Philia.
Y allí comenzó la historia sin fin de la cual todos querrán hablar.

Continuará...


lunes, 19 de enero de 2015

Pídeme que me quede.

Abatida.
Echa toda una fiera cuando llega a casa y tira sus cosas por la ventana y da golpes contra la pared, intentando recuperar todo aquello que se ha perdido. Todo aquello que antes la llenaba y ahora la debilita. Todo aquello que antes la hacía fuerte y ahora hace que se derrumbe.

Despistada.
Estas últimas horas ha estado haciendo cosas sin ningún tipo de lógica.

Desatada.
No.
Así no se sentía.
Porque se sentía atada a todo aquello que alguna vez la asustó.

¿Recomponerse?
¿Cómo lo hará?
Nunca tiene hambre.
No levanta cabeza.
Le duele el corazón pero los médicos dicen que no le ocurre nada grave, que será la tensión.
Tensión.
Qué sabrán ellos de tensión.
Del dolor que siente ella ahí dentro.
De pasar de ver la vida a color a verla en blanco y negro.
Qué sabrán si el racionalismo no soluciona las dudas de eso a lo que llaman sentimientos.
No.
No.
No.
Dime que no.
Y te prometo que me iré.
Me iré de aquí para siempre.
No volveré jamás a verte.

Te juro que,
si me dices que sí tan solo una vez más.
No puedo.
Pero quiero. Lo deseo.
Deseo abrazarte y lo que es peor, besarte.
Por qué no te vas de mi cabeza.
Por qué no cortas la cuerda y me ayudas y nos ayudamos a ser mejores sin tener que decir "nosotros y no otros".
Por favor.
Hazlo antes de que pase de doler a no notarlo,
porque entonces,
y solo entonces, será que
habré muerto.

domingo, 11 de enero de 2015

La chica de incógnito.

La llamaban álter ego,
barría las calles con su hermoso pelo,
por las noches se convertía en puro fuego,
y, muchas veces, con sus manos rozaba el cielo.

Otros dicen que está hecha de hielo,
que decir su nombre es algo tabú
que su tacto es de terciopelo,
y que está protegida por Belcebú.

Pero yo, yo te digo que
ella es magnética,
y siempre tienden a dibujarla con pintura acrílica,
de una manera algo caótica.

Que es una chica impermeable,
de esas a las que no les importa mojarse al hablar,
que es un misterio inexplicable.



viernes, 9 de enero de 2015

Orígenes.

Caminas.
En una sola dirección.
No sabes hacia dónde vas.
Pero sabes que estás muy lejos de llegar.

¿Quién te acompaña?
Nadie. Decides caminar sola. Perdida, en dirección contraria a todas las pisadas.

Todo el mundo te dijo "no puedes hacerlo", y eso te dio más fuerza aún para intentarlo. Quieres estar sola. Es lo que más deseas ahora. Sola, perdida, y olvidada.
No quieres nada de nadie.
Dios.
Qué bien te sientes sin nadie en tu vida que te llene y después te vacíe. Sin darle ese poder a nadie. Siendo tú, tú para ti y por ti. Dependiendo de ti misma. De no dejarte caer.

Y nadie te entiende. Nadie entiende por qué no eres capaz de seguir tu vida rodeada de aquellos a los que quieres. Tal vez porque así el daño es menos certero. Tal vez porque la caída dolerá menos.
Y no sentirás las balas.
Porque al fin y al cabo todo el mundo te meterá un balazo en la sien. Todo el mundo.
Unos más, otros menos.
Unos repletos de felicidad, otros buscándola.
Y yo,
yo de camino a mis orígenes.
A volver a ser quien era.
A recuperarme de mi casi-muerte.
A jugar con el diablo a ver quién cae primero, si él o yo.
Y por lo que veo yo me estoy recuperando.
De sus malditas garras.
Será hijo de puta, cuánto daño me ha hecho. No lo sabe bien.
Pero soy fuerte, muy fuerte.
Al fin y al cabo todo el poder lo tiene la mente. El daño físico es también mental. La mente es capaz de controlarlo todo. Todo. Lo malo y lo bueno.
Y yo no quiero nada bueno ni nada malo.
Me quiero a mí.
Quiero recuperar el amor propio. Recuperar la fe en mí.

Y puedo afirmar que no tengo miedo a morir. No tengo miedo a perder. A caerme. A llorar. A desahogarme. A necesitarme. No tengo miedo de absolutamente nada. Me da igual todo. Me dais igual todos. Lo siento mucho. No, qué va, no lo siento para nada.
Yo solo soy de mí.
No soy de nadie.

Así que pegadme los balazos que queráis, malditos bastardos. ¿Queréis verme arder en la hoguera? No sin antes veros arder yo.

Estoy preparada para las puñaladas traperas, para perder gente, para abrir los brazos a gente nueva, para llorar y sonreír, para hacer locuras y no perder nunca la ilusión por conseguir lo que me proponga. Estoy preparada para levantarme de las caídas al vacío, y subir hasta la montaña más alta.

Estoy jodidamente loca.
Jodidamente inestable.
Y me veo jodidamente bonita hoy, no bonita de ser guapa, sino brillante, me veo reluciente.

Ha nacido mi nueva yo.
Mi nueva vida.
Vuelve a la vida mi mirada perdida.

miércoles, 7 de enero de 2015

Metas idealizadas.

Cuando fijas tu mirada en un objetivo,
y todo lo demás pasa a ser
extrañamente secundario en tu vida, y
no quieres tener más razones para estar vivo.

Cuando les haces ver a los demás
la belleza de todo lo que tienen alrededor
pero ellos siguen sin darse cuenta
de que no hace falta nada más.

Porque si hay una razón para ser feliz,
una única razón para sonreír,
es la que hace que arrugues la nariz.

La que a pesar de enfadarte, desesperarte,
y hacerle cosquillas a tu estómago...
consigue también definirte.

domingo, 4 de enero de 2015

Despedidas amargas.

Estaban deshaciéndose,
como el vaho de aquel baño,
como si queriéndose
no pudieran nunca hacerse daño.

Como tener 97 razones para quererte,
y gritarte que por tener una herida de bala
no tengo la capacidad de mostrarte
que soy capaz de volar, sin un ala.

Me fui pensando que podría olvidarte.
Y el fuego no para de susurrarme:
"nunca dejaré de quemarte".

Así que sobrevivir a este ataque
es la única forma de que
este dolor no me machaque.

Adiós, amor.

martes, 30 de diciembre de 2014

Encendiéndose.

Estaba ardiendo. Temía que se le apagara la llama aquella noche. Temía que el Invierno llegara antes de lo esperado, que no pudiese disfrutar de aquella noche de meteoritos cayendo sobre el mar.
Tenía los ojos iluminados por la luz de la luna, estaba precioso, tenía los mofletes rojos y el iris de un color amarillento. Era demasiado bonito para ser real.

Aquella noche la esperaba a ella. No sabía cómo era, pero le daba igual, sabía que aunque fueran polos opuestos, podrían arder juntos, podrían encender las luces el uno del otro, porque de eso se trataba, de concordar, los dos querían llegar a sentir lo mismo, el calor de un amor interceptado por una chispa de homogeneidad entre ambos.

Ella era transparente como el agua (aunque olía diferente, olía bien, olía a ganas de quemarse, olía a adicción).
Ella a veces parecía peligrosa, parecía un incendio forestal si alguien le penetraba en su corazón como un rayo lo hace en el cielo.
Aunque dice que le atraían las cosas que quemaban, como una noche entre un montón de infiernos con ganas de jugar alrededor de una hoguera.

Cuando ambos se encontraron y se saludaron, supieron que aquello no iba a quedarse ahí, en tan solo un apretón de manos. A ambos les invadió la sensación de calor y nada más llegar a casa comenzaron por quitarse la ropa.
Estaban ardiendo en deseos de... digamos que de provocar un incendio. Eran los pirómanos perfectos para llevar a cabo esa misión.

Y así fue como el fuego, conoció a la gasolina.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Intensamente fugaz.

No estás.
Yo quiero estar.
Tú puedes pero no quieres.
Yo quiero pero no puedo.

¿Nuestra solución?
Dejarlo estar.
Mantenernos fuertes,
no estar en ruinas.

Yo desaparezco
mientras intento olvidarte.
Y tú no te vas,
no quieres irte de mi mente.

Yo intento
romper las fotos,
los recuerdos,
no mirarte a los ojos.

Romperme los huesos,
por nuestros besos,
y morirme de ganas
por uno de esos.

Pero a lo único que
rompo, es a llorar.
Y no puedo hacer más
que lo que he hecho ya.

He rezado
aun sin ser creyente
a la muerte
para que no me lleve.

Mis demonios
cada vez
sonríen más y yo...
yo ya no estoy más.

Me he ido de
la vida de muchos
y no consigo entrar
en la vida de nadie.

No sé qué hacer,
es exasperante
estar así.

Fue tan intensamente fugaz
este amor, que ahora
la estrella se ha estampado
contra la realidad.

Maldito amor,
debiste ser bueno,
o soy yo, que quizás
he nacido para el odio.

Lo único que
se me da bien del todo
es la sensación
de echarte de menos...
todo el tiempo.


domingo, 14 de diciembre de 2014

Caótico desastre emocional.

Soy tan transparente
que puedes ver en mí
las lágrimas de cocodrilo
y las ojeras de insomnio.

Soy tan transparente
que me pondría ahora mismo
a gritar tu nombre
seguido de un «te quiero».

Soy tan tonta... perdón,
tan transparente
que podrías pedirme que
me bañase en el mar
con mis sentimientos al desnudo
y lo haría.

Soy tan victimista del amor,
que hasta el propio Cupido,
dejó de clavarme flechas
para empezar a hacerlo
con cuchillos.

Soy tan patética
que cuando tengo ganas de llorar
me escondo en la ducha
para que no se note.

Soy tan pasional...
pero tan, tan pasional...
que quise acabar este poema
con algo especial
y solo se me ocurrió
una simple y dichosa frase
caótica:
me haces falta.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Imposible.

Ella era escéptica,
emanaba en su interior
un río de
desesperanzas.

Andaba siempre
en línea recta y decía
que no hablaba nunca
del amor.

Sonreía a ciencia cierta
cuando un gesto
de un bufón
le hacía gracia a su corazón.

Y dice
que conoció
el amor,
el día en que murió.